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Cuando el movimiento arquitectónico de la Bauhaus comenzó a dar sus primeros pasos en Alemania, tuvo numerosos adeptos que defendieron y promocionaron sus conceptos. El principio rector de la Bauhaus se apoyó primeramente en una cuestión económica: todo aquello que fuera ornamental, redundante, y que no cumpliera ninguna función en la estructura de la edificación debía evitarse. Adolf Loos, uno de los promotores de este movimiento, declaraba claramente que cualquier ornamento, cualquier elemento decorativo que pretendiera instalarse en una estructura arquitectónica estaba falto de sentido, ya que constituía un elemento “antieconómico” en arquitectura. Bajo esta concepción de lo antieconómico, aparecieron las conocidas construcciones blancas, cuadradas y estandarizadas. ¿Por qué defender los méritos de lo económico? Porque eso permitiría construir en forma seriada cualquier tipo de estructura, tanto viviendas, como edificios u oficinas. En este sentido, Loos fue muy claro: el objetivo de toda empresa es obtener beneficios, sacar réditos económicos por lo que produce y vende; luego, si se propone realizar inversiones se estaría conspirando contra ese ideal, ya que se estaría gastando más dinero del esencialmente necesario. Bajando los costos, la ganancia siempre puede tender a ser mayor, sobre todo si no se precisan materiales costosos.
¿A qué precio defendió la Bauhaus dichos principios? ¿Cuánto eco tuvo a lo largo de la historia de la arquitectura? ¿En qué otros movimientos se apoyó, que funcionaron como influencias?
En principio, vale decir que el movimiento arquitectónico alemán estuvo sustentado principalmente en los ecos del Romanticismo, que como respuesta al movimiento Barroco propuso eliminar justamente todo aquello que primaba en lo barroco y que le daba luz, para seguir los principios romanticistas del individualismo, la oscuridad, lo tétrico. Precisamente, el movimiento de la Bauhaus surgió cronológicamente coincidiendo con el movimiento Romántico: Walter Gropius, en Weimar, Alemania, fundó el movimiento en 1919. lamentablemente, la escuela de la Bauhaus fue clausurada en 1933 por el movimiento prusiano, en manos del partido nazi en ese momento.
Indudablemente, la Bauhaus fundó un principio estético fundamental: la combinación entre diseño gráfico y diseño industrial, combinando como hemos dicho cuestiones de estética con normas vinculadas con lo económico. Escuela racionalista por excelencia, sacrificó de esta manera toda belleza que pudiera provenir de elementos “secundarios” y “disfuncionales”. La Bauhaus inauguró la metodología del diseño: primero, realizar un árbol, un plan de la obra, y luego en base a ese plan adecuar una forma arquitectónica, racional, y económica. Debe remarcarse que en esta metodología, criticada por muchos teóricos del diseño, estaba implícita la cuestión de que pensando en una función podría diseñarse una forma determinada, es decir que a través de la razón podría llegarse a un producto diseñado, a una estructura finalizada como consecuencia de dicho razonamiento previo. Este racionalismo gobernó el movimiento en todos los aspectos, desde su surgimiento hasta su clausura.
EL movimiento tuvo exponentes muy importantes como Paul Klee, Wassilli Kandinsky, Schlemmer, Marcel Breuer y Joost Schmidt. En todos los casos se pregonó el racionalismo por sobre todas las cosas y la economía de las formas, inclusive yendo más allá de la arquitectura, como los casos de Klee y Kandinsky.
Indudablemente, el movimiento de la Bauhaus permitió ciertas potencialidades como la producción de planes previos al diseño de las formas, e instaló la posibilidad de intentar prefigurar una forma a través del pensamiento. El error, quizás excesivamente influido por la época, fue creer que dicho racionalismo previo en el cual se intentaba configurar la forma final antes de su concreción, implicaría una causalidad que dejaría como efecto la forma pensada. Los resultados son claros: nunca uno puede concretar lo que piensa. Siempre interviene lo indeterminado, algo imprevisto e imprevisible que termina cambiando el curso de los acontecimientos.
La influencia de la Bauhaus en otros movimientos posteriores permitió influir en ellos en el formato crítico: se buscó justamente evitar esa ortodoxia, salir del acartonamiento que exhibían las construcciones chatas y sin relieves, sin ornamentos ni motivos decorativos. De esa manera pudieron surgir arquitecturas posteriores que propusieron volver a aquello que habíamos visto en el Barroco: columnas dóricas, adornos en relieve, capiteles.
Las impresionantes estructuras que hoy podemos ver en los edificios que se encuentran en construcción, los deseos de inversión de numerosas empresas que han copado el mercado inmobiliario –sobre todo en Puerto Madero, pero también en zonas de buen poder adquisitivo como Recoleta, Caballito, Villa del Parque; y saliendo de Argentina, en otros lugares del mundo, como Nueva York, o Amsterdam, las construcciones que se están llevando a cabo y que se están planificando están bien alejadas de aquel principio rector de los inicios de la Bauhaus: la idea de lo “antieconómico” ha sido desplazada, y lo que se busca hoy es todo lo contrario, lo estético, la belleza, lo superficial, que puede ser mucho más atractivo para futuros dueños e inversores.
En definitiva, si tuviéramos que hacer un balance de lo que ha dejado la Bauhaus en la historia de la arquitectura e inclusive en otras artes, como literatura, pintura, música, podemos decir que en un principio sembró una impronta en la cual la razón ganó lugar como rectora de las obras. Posteriormente, la tendencia fue virando hacia otras posturas en las cuales si bien la razón no dejó de valorarse, se optó por elegir otros caminos, dejando el arte mucho más abierto a la imaginación. Con esto no queremos decir, de ninguna manera, que haya que desdeñar la cuestión del pensamiento, o que haya que aceptar que la razón no puede operar como un principio posible a la hora de esbozar un pensamiento o una práctica artística. Pero sí debemos dejar claro que muchas veces, por creer que siempre está antes el pensamiento que la acción, podemos dubitar mucho, estimulando el estancamiento por sobre la actuación concreta.
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