Si hay algo que disfrutamos los latinos es de los días soleados, nos invitan a reír, disfrutar en familia y compartir entre amigos, pero algunas veces, caminar bajo la lluvia puede ser una experiencia fascinante en especial cuando no debes preocuparte por tu ropa, por tu peinado, por tus zapatos, pareciera que entraras en comunión con tu entorno, pero más allá del contacto de tu rostro y el agua que cae, la lluvia te deja ver lo que comienza a hacer falta y que es tan normal a nuestros ojos en los días de calor.

Hay lugares que constantemente están llenos por cientos de personas, como la plaza o el parque central de tu ciudad y cuando sientes las primeras goteras, te das cuenta de que el parque no es el mismo, dwe un momento a otro ya no están los vendedores de helados, ni los niños corriendo, ni los que juegan ajedrez, los que lustran sus zapatos o los que estaban compartiendo una amena charla. Todos comienzan a dispersarse y ciertos espacios van quedando vacíos, sin color, sin música, sin artistas.

Uno de ellos corre con su guitarra y otro recoge rápidamente su utilería, pero contrario a lo que esperaba, no van para su casa, para ellos se aplica el dicho de "llueva, truene o relampaguee”, ese es su trabajo, asi se ganan la vida y forjan su destino.

Si estás tan desocupado como yo, seguramente también los sigues, a pocos metros está Angel, el hombre de la guitarra… ha tenido suerte y encuentra un lugar en la entrada de un centro comercial cercano, es un joven cantautor que sueña con grabar a nivel profesional y vivir de eso pero por ahora, lo que recoge le ayuda a pagar la renta y a alimentarse, aunque muchas veces solo alcanza para un tinto en la mañana y un mediano almuerzo. Muchos artistas se cansan de tocar puertas, Angel a veces cree no aguantar, pero mientras su garganta se lo permita, el estuche de la melodiosa compañera de Angel seguirá recibiendo las monedas y, algunas veces, los billetes que deposita la gente que valora su esfuerzo y desde luego, su gran talento, por eso no desfallece en su intento de ganar algo más para ahorrar y encontrar la forma de grabar un demo y ponerlo a sonar en la radio.

Muy cerca, en otra acera, está Fernando, también huye del agua pero encuentra un lugar apropiado para continuar el día y lograr lo que muchos catalogan como el homenaje a “hacer nada” y “gánarsela fácil”, y muchos ignoran que su rutina es quizás más exigente que la de otros artistas. Su día comienza con un café o chocolate a las seis de la mañana, rápidamente alista todo lo necesario para su trabajo: el traje que no esté sucio, que no tenga el dobladillo suelto, que no se vea muy arrugado, bañarse y antes de vestirse con sus habituales jeans, hacer un poco de yoga con el fin de preparar la mente y el cuerpo para la jornada, porque después de vestirse y maquillar su rostro, deberá permanecer inmóvil sobre su banca, sin ir al baño, sin beber agua, soportando el sol, el frío, los calambres ¡y sin hacer muecas! Pues ese es el éxito de su trabajo, aunque desde luego, hace excepciones cuando la ocasión lo requiere, ya que son muchos los niños y turistas que desean tomarse una foto con la estatua humana, la que porta con orgullo la bandera de su patria, y a la cual ha aprendido a darle un uso artístico, ya sea sobre su espalda, en su cabeza, o la que más gusta, la que pareciera arrullar entre sus brazos a Colombia recién nacida. Solo al caer la tarde regresará a su casa, a contar las monedas. Aunque Fernando hace parte de otro grupo de artistas, sueña con no solo cruzar las fronteras en fotos y videos, quiere ser imagen de su país, en el extranjero.

Pero los que no llevan a cuestas nada más que su alma y sus deseos, encuentran otra forma de resguardarse y trabajar al mismo tiempo: El serivico de transporte público, mejor dicho, la buseta. Paola y Natalia aprovecharán que solo se necesitan la una a la otra para su rutina de trabajo, solo se debe esperar a que todos los conductores les den el chance de entretener al público por un momento. Mientras Paola rapea, Natalia a punta de garganta y con ayuda de sus manos hace las veces de DJ y viceversa, su intervención es bastante amena y según ellas, además de dar a conocer sus cualidades y recoger “la Money” para pagar la universidad, demuestran que ni cantar en los buses, ni hacer hip-hop es exclusivo de los hombres y esperan que las reconozcan como artistas y poder estar en un concierto, el nombre ya lo tienen: Zona Cero.

Definitivamente ha sido una de las mejores caminatas que he tenido bajo la lluvia, y es que esto se puede encontrar casi de manera exclusiva en el pueblo latino, más allá de la chispa y el carisma, está la forma recursiva y creativa con que se asume la vida, posiblemente solos pero aferrados a sus sueños, como Angel, Natalia y Paola, a quienes ojalá pueda ver algún día en un concierto.

Te has preguntando cuántas veces la rutina, los afanes diarios, el estrés, los problemas, la indiferencia, te han aislado de la posibilidad de tener en frente a una Ilona, un Juanes o un Daddy Yankee?

Seguramente te topes con muchos de ellos en la buseta, en el parque, en el centro comercial, en el bar o en cualquier esquina, solo basta con dejar de ser simples transeúntes y comenzar a vivir un poco nuestra ciudad, será la mejor forma de hacer visibles a tantos hombres y mujeres que buscan un espacio y un reconocimiento en nuestra sociedad, artistas que buscan solo una oportunidad, rostros y rastros que cobran vida entre la lluvia y el asfalto.

Si conoces historias similares o este sea posiblemente tu caso, me encantaría conocerla, te estaré esperando con una deliciosa taza de café colombiano.