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Desde lo externo y aparente es un argumento trillado, conocido. Una historia clásica de perdidas de memoria ante momentos de shoock y traumáticos. Una mujer que manejando por la ruta, atropella a algo o alguien y entra en ese estado de consciente inconsciencia con una culpabilidad que la acecha y la acosa físicamente...
Afortunadamente el cine tiene ese don de transformar historias y subsumir tramas adyacentes y convertir esa trama clásica en la historia más cruda y real de la cual todos los hombres que habitamos esta tierra somos protagonistas. Lo bueno es poder descubrirla o quedarse con esa trama oficial archiconocida y salir de la sala cinematográfica diciendo: “Fue otra película más…”
La historia que se despliega de la anterior es de un peso inigualable. Logra decir con estilo único las tajantes y crudas diferencias de clase. Las marcadas ausencias que se establecen a nivel afectivo y emocional ante los hechos terribles y aberrantes y los graves atropellos humanos, en todo sentido en que este último término pueda considerarse. Los abandonos, las faltas terribles que sólo las grandes clases poderosas pueden llegar a ocultar.
La mujer sin cabeza es la gran historia del encubrimiento humano. Los manejos y tramas que generan. Esto es imperceptible pero subyacente. Ante la vista espectatorial sólo es una mujer desmemoriada, obligada por el curso de su vida a continuar su rutinaria vida social. Vida que, ante el hecho principal, se ve fragmentada pero simultáneamente marcada por una obligatoriedad en las responsabilidades diarias que esa vida representa. Vida sin vida, vida en donde nada parece haber ocurrido. Escasez de afectos, falta de consentimiento y a otra cosa.
Muchos personajes atraviesan la trama que a la vista se vuelve lenta e instrascurrible. Cada cual representa un sesgo de esa historia. Un personaje de corta edad atraviesa escenas y representa una culpabilidad indescriptible y acosadora. Muchos sirvientes en primeros y segundos planos asedian el film y hasta aparecen fuera de foco. El contraste de personajes y de clases es increíble y constante. Nada es arbitrario, todo está en su lugar y obedece una causa.
El momento del sobresalto nunca llega. Todo el film es un sobresalto, es arte puro per se, pero sólo los más entendidos en cine llegan a percibirlo.
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