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Una mirada épica de la historia es la que nos ofrece Guillermo del Toro en El laberinto del fauno. Nos encontramos en 1944, cinco años después de la derrota del gobierno republicano y sus aliados circunstanciales por parte de los fascistas, ayudados por Hitler y Mussolini. El franquismo se encuentra consolidado y los republicanos se organizan mediante guerrillas para desestabilizar el régimen, reuniendo hombres que ingresan a España desde Francia. Fiel al estilo épico, los malos son bien malos, y los buenos son heroicos y jóvenes. Resulta en vano ver una mirada maniqueísta en el heroísmo de los guerrilleros, ya que justamente esa visión pertenece al género de cine al que suscribe esta película. Paralelo a este desarrollo histórico se desenvuelve la historia de una niña, cuya madre está embarazada de un militar franquista sin corazón, que no hace ningún esfuerzo por desempeñar el rol de padre adoptivo. Recluida en su imaginación, Ofelia comienza un camino de aprendizaje a partir de una serie de pruebas que le pone por delante el fauno, un ser mitológico maravillosamente llevado a la pantalla por el equipo de efectos especiales. Al igual que en un gran exponente del cine japonés de animación, Mononoke-hime, o el mismísimo El señor de los anillos, se construye una dicotomía entre un mundo natural, más ligado a la inocencia y a la pureza, y un mundo horroroso que avanza de manera implacable destruyéndolo. Es la vieja dicotomía que ya planteaba Goethe y varios escritores alemanes en el siglo XIX, entre el mundo pre-industrial, agrario, y el mundo industrial y filisteo. En El laberinto del fauno el mundo horroroso está representado por los franquistas y, especialmente, su líder, que casi parece una máquina de matar sin sentimientos, encerrado en un campamento rodeado por el bosque. Y es justamente en el bosque donde se esconden los republicanos, protegidos por la naturaleza. El camino de aprendizaje comenzado por Ofelia la va llevando a fusionarse también con el mundo natural, que aquí está completamente emparentado con el mito y lo fantástico. Es cuestión de ver cómo comienza la película, con la voz del narrador que dice:
"Cuentan que hace mucho, mucho tiempo, en el mundo subterráneo, donde no existe la mentira ni el dolor, vivía una princesa que soñaba con el mundo de los humanos. Soñaba con el cielo azul, la brisa suave y el brillante sol.
Un día, burlando toda vigilancia, la princesa escapó. Una vez en el exterior, la luz del sol la cegó y borró de su memoria cualquier indicio del pasado. La princesa olvidó quién era, de dónde venía. Su cuerpo sufrió frío, enfermedad y dolor. Y al correr de los años murió.
Sin embargo, su padre, el Rey, sabía que el alma de la princesa regresaría, quizá en otro cuerpo, en otro tiempo y en otro lugar. Y él la esperaría hasta su último aliento, hasta que el mundo dejara de girar”.
Entonces, desde que Ofelia sigue a un insecto, empezará a encontrarse con seres mitológicos, entre ellos el fauno, hadas muy particulares, y criaturas diseñadas con una técnica exquisita, y cierta estética oscura que, esperamos, le dé un toque sutil a la descripción, por ejemplo, del Bosque negro del Hobbit, película que será dirigida por el mismo director. El final de ese camino llega, por supuesto, en el final de la película, y es dirigido de forma dramática, conmovedora y definitivamente épica.
Repasando las actuaciones, nadie desentona. Ivana Baquero, a quien viéramos en una de las Historias para no dormir, desempeña el papel del Ofelia a la perfección, mezclando inocencia con dureza de carácter. Todas las emociones se pueden leer en su cara. Sergi López, el malvado Capitán Vidal, no podría estar mejor. La maldad se le escapa por todos los poros. La postura y el tono castrenses, y la mirada vacía de sentimiento. Maribel Verdú se aleja de los papeles en los que exhibía toda su belleza y sensualidad e interpreta a una sirvienta rebelde que aconseja a Ofelia. Desde el principio hasta el fin está tapada de pies a cabeza. Es que, en definitiva, no es el objetivo de la película que le miremos las curvas. Álex Angulo interpreta uno de los personajes más interesantes, el del doctor. Obligado por las circunstancias lleva una continua lucha con su conciencia. Algunos quizá recuerden a este actor protagonizando una joya del cine: El día de la bestia, dirigida por Alex de la Iglesia.
En definitiva, sin pensarlo dos veces, podemos calificar a esta película como un nuevo clásico del cine. Catalogarla es difícil. Además, usar a los géneros como inútiles catalogadores, es uno de los males del posmodernismo. El laberinto del fauno tiene elementos fantásticos y elementos históricos. Está actuada brillantemente. Sus efectos especiales están a la altura de las grandes producciones de Hollywood. Aporta una nueva mirada a la Guerra Civil Española, que ofrece y seguirá ofreciendo, mil y un historias para contar. ¿Qué más se puede decir? Mírenla con la luz apagada y el volumen alto de los parlantes, y ábranle pasa a un mundo de fantasía que dejará una huella en todos los amantes del buen cine.
Datos curiosos:
Recibió aplausos durante 22 minutos en el festival de cine de Cannes.
Hizo que México entrara en los Oscars, a partir de la nominación como Mejor Película en un Idioma Extranjero, en 2006.
Después de la primera semana de exhibición en México, los productores tuvieron que advertir sobre el grado importante de violencia mostrado en la película.
Le tomó cinco horas a Doug Jones -que era el único actor estadounidense y el único que no sabía hablar español- ponerse el traje de Pale Man, esa impresionante criatura que devora niños y persigue a Ofelia, mirando con ojos en las manos. Luego de que el actor logró ponerse el traje, tuve que mirar por los agujeros de la nariz de la criatura para saber por dónde caminar.
Justamente Doug Jones, que también interpretó al fauno, que sí tenía líneas de diálogo, no sólo tuvo que memorizar lo que iba a decir él, sino también las líneas del personaje de Ofelia, para saber cuándo debía intervenir.
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Comentarios
Comentario de DULKKE
ES UN BUEN ARTICULO, Y SOBRE TODO UNA BUENA ELECCION LA CINTA, EL LABERINTO DEL FAUNO ME PARECIO EXCELENTE