En Artes > estudio del arte
En cuanto al estudio del arte en general, y en las letras en particular, debemos tener en cuenta que podemos observar que la vanguardia como movimiento surge en América Latina durante los primeros años del siglo XX (1920-30). Dicho término es evitado, conflictivo y negado en varios países de dicho continente; y si no es negado, aparece ligado al Modernismo (o en forma francesa, como ‘avant-garde’), surgido a fines del siglo XIX como un movimiento hispánico de ruptura romántica. Teniendo en cuenta las relaciones existentes entre vanguardia y modernidad y -su vinculación- notamos que el término vanguardia se torna poderoso y evidencia la existencia de otros movimientos de campos disímiles (artístico, musical, pictórico). Asimismo, las primeras décadas del siglo XX conforman un momento de “revolucionalización”, donde tienen lugar guerras y revoluciones de índole local e internacional, con diversas repercusiones (primera guerra mundial, revolución rusa [1917], revolución mexicana [1910]). Por ende, con respecto al estudio del arte, se conforma un momento de “internacionalización”, donde preexiste una confluencia de vanguardia política (en relación con las revoluciones) y de vanguardia artística (donde se comienzan a percibir cambios en el sistema literario). Y en relación con ellas, aparece una necesidad de afirmar la identidad –por parte de los vanguardistas- a través de manifiestos, documentos, etc., propios de la vanguardia. Así pues, en relación con el estudio del arte, las vanguardias entran en un torbellino, un vértigo, que instala la necesidad de expresión y cambio (visible en sus terminaciones “-ismos” como elemento que sugiere la relación con la idea de movimiento que se extiende y tiene particularidades propias en cada país). Al mismo tiempo, -dentro del estudio del arte- se ve una asincronía de América Latina respecto de Europa en esos años; entonces, existe en América la posibilidad de recibir una lectura de lo nuevo que ingresa en el circuito de la discusión (el manifiesto del Futurismo de Marinetti, es un ejemplo de esa retórica provocativa que caracteriza a la vanguardia, que más adelante se especificará). No obstante, las vanguardias latinoamericanas no dependen de las vanguardias europeas, sino que tienen una influencia indirecta con éstas (se ve dicha asincronía como un criterio que fija las fechas de los movimientos de Europa que generan una relación de atraso respecto de lo nuevo, lo distinto en América). También, en este estudio del arte, aparece –a la vez- la idea de cronología en relación con una condensación en torno al año 1922, que proporciona una idea de multiplicidad, desarrollo de América Latina en la revolucionarización. Se va conformando así una práctica y también una crítica de la vanguardia en relación con la idea de constitución de la tradición desde distintos lugares y espacios culturales y desde la modificación que la tradición tiene de anquilosado. Así pues, y respecto del estudio del arte, se ve en la vanguardia el carácter de expansión de la experiencia como la certeza de los individuos de que América Latina había entrado en la modernidad, a la vez que coloca la utopía, el espacio del deseo e inquietud y la idea de que la revolución es posible. Existe, simultáneamente, una circulación en conjunto de revistas entre los países, visto como un espacio donde se inscribe, confluye e integra la experimentación del artista de vanguardia (en su aspecto, tipografía, tipo de lector al que se dirige). De este modo, en cuanto al estudio del arte, la vanguardia como producto de la modernidad se orienta hacia la exaltación, la novedad, el cambio, el juvenilismo, la revolución. En los documentos más adelante explicitados, se observa un lenguaje que lleva hacia sí mismo, un juego con la lengua que rompe con los criterios anquilosados de representación, un quiebre de los límites que alude a la provocación (en la etimología del término vanguardia existe una relación entre dicha palabra y la terminología militar, primeramente, que luego alude a la acepción relacionada con la política y la revolución, para –más adelante- referirse al arte). Asimismo, con respecto al estudio del arte, y como particularidad de los textos de vanguardia, aparece una renovación dada en el campo de la poesía y las antologías poéticas –en relación con la compenetración de nuevas modalidades de percepción de la realidad-; también son textos vanguardistas –en prosa- los manifiestos y proclamas, las crónicas, ensayos, cuentos y novelas. Coexiste –en el estudio del arte- entonces una red de vanguardias latinoamericanas, no sólo una relación de ellas con Europa, que ponen de manifiesto elementos de la premodernidad, modernidad y posmodernidad, cruces que dan cuenta de la complejidad de los procesos y fenómenos en la propia América Latina de manera no estática, sino con movimientos de ida y vuelta de América a Europa y viceversa y de los países americanos entre sí. Dicho movimiento es denominado vanguardismo, y equivale a este movimiento de vanguardias. Asimismo, en cuanto al estudio del arte, los manifiestos poseen una estructura autónoma, es decir, no son parte de otro discurso; poseen una identidad y espacio propio; se advierte también una localización por parte de los escritores de manifiestos, como un claro mensaje de conocimiento del lugar geográfico, político, social, etc. desde el que se escribe, opone y propone. Así, los manifiestos son pensados como géneros literarios, vistos como enunciados con voluntad e intencionalidad discursiva orientada a la comunicación, con cierta entonación característica (demandante, “levantada”), con una cohesión de grupo, y fines de proclamación de su identidad en conjunto, realizados a través de determinadas estrategias textuales, como oposición, con un segundo movimiento de promoción (como idea propia de cambio, con una estética novedosa, reaccionando contra la tradición). Así, con respecto al estudio del arte, pueden verse rasgos propios que definen o caracterizan a un manifiesto, tales como el antagonismo (se actúa contra algo o alguien), nihilismo (entendido como el hecho de derribar tradiciones), el culto a la juventud, el ludismo (arte como juego, por ejemplo juego con significantes), predominio de la poética sobre la obra. Asimismo, puede observarse al escritor de manifiestos vanguardistas como constructor de una nueva sensibilidad, el intelectual que piensa y reflexiona sobre los problemas que conmueven a la sociedad en la que vive y trata de dar una salida. Pueden verse así zonas de encuentro en la vanguardia entre los manifiestos artísticos y los manifiestos políticos, donde aparece una suerte de síntesis de programas literarios que asumen el discurso combativo y proponen cambios con una mayor participación del artista en la sociedad. De esta manera, en la “Advertencia”, puede leerse en relación con esto: manifiestos, proclamas y otros escritos que documentan la presencia de los vanguardismos literarios en Hispanoamérica”. Y –por ejemplo- se señala: Su voluntad de crear un Perú nuevo dentro del mundo nuevo, con la voz –en la revista- de un movimiento y una generación. Se observa particularmente en esta revista, pero que funciona en forma generalizada y extensiva a las demás, un fuerte rechazo a ideologías contrarias, que alude a una síntesis de convicción de caracteres y pensamientos del conjunto del grupo. Se incluyen también ideas como la siguiente: la técnica nueva debe corresponder a una espíritu nuevo también. Si no, lo único que cambia es el decorado. Se advierte lo mencionado también en el manifiesto “Martín Fierro”, relacionado con el “Ultraísmo” de España, en cuanto a movimiento de ruptura, en donde se trabaja con la teoría poética con la base de intencionalidad para actualizar la literatura española respecto de las europeas, y donde se propone una nueva utilización de la imagen y la metáfora (la primera asociada a la segunda), tales que, en relación con el “Ultraísmo”, se advierte la
convivencia de ideas acerca de una adjetivación precisa, la fundición de dos imágenes para producir una nueva, que ensancha de ese modo su facultad de sugerencia”, y que colme así al lector. Se observa pues, que el manifiesto “Martín Fierro” contiene un primer movimiento de oposición (marcado con la palabra “Frente”[a]), pasando al desafío de la proposición (con movimiento y juego de inclusión y exclusión), y que se sustenta en una retórica persuasiva. Puede advertirse –además- mucho contenido relacionado con el humor, lo lúdico, en prevalencia a una exposición de lo programático (como puede indicarse entonces, los rasgos de los manifiestos van rotándose, mostrando prevalencia de unos o de otros). Respecto –también, dentro del estudio del arte- de los nombres utilizados en las revistas de vanguardia, prevalece un juego con elementos relacionados con el cambio, la movilidad, el movimiento “desde y hacia”, la modernidad, el progreso (en relación –también- con los avances tecnológicos); visibles en los nombres –entonces-, tales como “Revista de Avance”, “Proa”, que confirman estas nociones en conjunto trasladadas a la ideología misma de sus textos. Y también –y para terminar- respecto del “Prólogo” al Índice de la nueva poesía americana, de 1926, puede advertirse ese afán provocador (mostrando el juvenilismo y la vitalidad), que lleva al disfrute o malestar, por observarse el tono de oposición y proposición, manifestando en las oposiciones ese tono de desafío y provocación propio de la vanguardia (se aprecia también en el uso de mayúsculas para fijar la idea de oposición y proposición). A la vez, se postula esa idea de que el escritor en tanto poeta es constructor de una nueva sensibilidad, con una tendencia a reflexionar sobre los problemas que atañen a la sociedad: es visible –entonces- dichos o proclamas como los siguientes: Representamos el ala que está del lado del corazón. ¿Es que hay mejor manera de ser poetas?. Puede agregarse más adelante: nada de poemas tirados a la suerte. Haced la poesía, pero no la pongáis en torno de las cosas. Inventadla. El poeta no debe ser el instrumento de la Naturaleza, sino convertir a la Naturaleza en su instrumento. He aquí toda la diferencia con las viejas escuelas. Encontraréis aquí lo que no habéis encontrado en ninguna parte: el Poema. Una creación del hombre (se advierte en esta cita expuesta por V.Huidobro, el postulado del Creacionismo, y su proyecto de escritura, más adelante explicitado). Asimismo, se observa la coexistencia de los rasgos de la vanguardia sumados a otros como el ensanchamiento de la lengua (con incorporación de nuevas terminologías) para asegurar la construcción de un idioma propio y argentino (fuerte propuesta vanguardista), a la vez que se evidencian marcas de innovación, aunque prevalece el respeto a la tradición: No hemos nacido por generación espontánea. Finalmente, aparece la existencia de una firma clara, al punto de existir la firma de cada autor por cada prólogo en lugar de una firma conjunta, como una manera de fortalecer la identidad y espacio propio.
Para comenzar, y teniendo en cuenta al poeta chileno inserto en el tema de las vanguardias en América Latina, podemos observar que Vicente Huidobro se conforma como un escritor de manifiestos unipersonales, pues pretende fundar un nuevo tipo de poética que lo designa como el escritor vanguardista con una marca diferencial. Prevalece una retroalimentación entre la práctica poética y la reflexión sobre la teoría estética, con una declaración de principios dentro de la composición poética, fuerte y constante. Huidobro, en su Non serviam (“no serviré, no obedeceré”): “(...) el poeta se levanta y grita a la madre Natura: Non serviam”. (Conferencia dictada en el Ateneo de Santiago de Chile, en 1914. reproducida en V.Huidobro, en Antología poética, Bs.As., Corregidor, 1993); proyecta y declara principios relacionados con la voluntad de que el poeta no se someta a la naturaleza, ni la imite, sino que lo debe hacer en tanto poeta creador es reafirmar su capacidad creadora, genésica; se trata de no obedecer a las leyes de la naturaleza, no reproducirlas, sino crear con las propias leyes del poeta. Esto implica una ruptura con los códigos realistas, y así el poema se configura como la construcción de un objeto nuevo que antes no existía. Vicente Huidobro propone –por ejemplo- el poema “La capilla aldeana” como un caligrama, donde se juega con la disposición del espacio en blanco del poema y una representación del objeto al cual se refiere el texto. Así, se advierte en Huidobro una concepción de lo poético no tanto en términos sonoros o rítmicos (puesto que la poesía no es para ser oída), sino para ser mirada (a la manera de un cuadro, como es el caso de “Horizonte cuadrado”, entre otros), y proponiendo así una confluencia de lo poético con lo pictórico. Así pues, la idea de la absoluta libertad creadora del poeta y la concreción de poemas como el objeto concreto para ser mirado, se puede emparentar con alcance de la poesía o poética de devolver a la palabra ‘poesía’ su sentido etimológico, que es el de ‘hacer, realizar concretamente’. Esto equivale a la idea de hacer cosas con el lenguaje, pues el valor del lenguaje radica en su capacidad preformativa y no representativa. Y así, en relación con su proyecto de escritura de la poesía que debe plasmar el poeta creador, se observan estos postulados en el “Arte poética” (en la breve antología poética El espejo de agua), que expresa la mirada creativa del poeta, no automatizada. Así pues, focaliza sobre la tarea de no describir, no redundar en lo que ya es “poético” de por sí, sino sugerir, con la incorporación de nuevos procedimientos, teniendo en cuenta que el verso sea como una llave que abra mil puertas el adjetivo, cuando no da vida, mata. Por qué cantáis la rosa, ¡oh, Poetas! Hacedla florecer en el poema; el Poeta es un pequeño Dios. Hacia 1916, Huidobro da una conferencia donde surge el “Creacionismo”, con la idea de pensar la teoría del arte en términos de una evolución que va desde el hombre-espejo (imitador de la naturaleza) hacia el poeta creador (hombre-dios). El lenguaje poético entonces debe romper con la tradición poética y debe desmembrarse del uso instrumental del lenguaje, ya que el lenguaje referencial (cotidiano) se asimila a una cárcel, a la imitación. Al mismo tiempo, en “Manifiesto tal vez” se refiere al trabajo que implica hacer poesía, que se aleja del azar y –en cambio- denota una actividad controlada por parte de ese poeta creador: desde el
instante en que el escritor se sienta ante la mesa lápiz en mano, existe una voluntad de producir y el automatismo desaparece. Alude –más adelante- al ensamble de palabras, al juego conciente por parte del poeta en su creación del poema, constituyéndose la imagen como una revelación. Instala así la idea de “imagen creacionista” como propuesta de nuevas imágenes, de y en la que logra unir en un objeto nuevo dos elementos distantes entre sí, disímiles por su significación y hasta incompatibles en nuestro imaginario. Esta idea se hace evidente en Altazor, donde reúne hortensias (propias del ámbito de la naturaleza) con aeroplanos (ámbito artificial). Así, propone una ‘dimensión de universalidad’, por estar en juego una imagen nueva. Muestra postulados estéticos que se relacionan con la intervención del lenguaje en lo real, y una creencia en la capacidad de acción e intervención de los intelectuales. En Altazor vemos la existencia de un poema largo, con un prefacio (en prosa) y siete cantos, donde estos distintos cantos admiten ser leídos en forma independiente, con relativa autonomía. Prevalece un movimiento de caída, que implica una progresión hacia abajo culminando con la destrucción del lenguaje. Se aprecia así la idea de un camino hacia el conocimiento pero en sentido inverso, pues se enfatiza esta ruptura del lenguaje, que es paulatina (en sintaxis, luego en palabras, hasta llegar al balbuceo). Ya en el prefacio aparece la idea de una propuesta de descripción sin describir, y teniendo en cuenta lo precedentemente señalado. Respecto de la idea acerca de el deber de escribir en una lengua que no sea materna, aparece la noción de que existan palabras desconocidas, de otro idioma, que proponen una nueva mirada, una desautomatización, y que el poeta así se encuentre en condiciones de crear. Y se va observando hacia el Canto V esta propuesta de romper con la mirada automatizada respecto de las palabras, provocando una innovación en el lenguaje con la incorporación de la idea de objetos e imágenes nuevos, y jugando con cierta forma de estructuración de la palabras. Así pues, si en el Canto IV existe una ruptura en el plano morfológico, en el Canto V avanza con la ruptura en el plano gramatical en relación con el género, poniendo en evidencia la automatización existente en las convenciones de la lengua: “(...) el luno, el montaño (...)”, mostrando –además- el ánimo lúdico del poeta, como una suerte de goce en la creación, puesto que se evidencian los juegos lingüísticos: “(...) Molino de viento, intento, aliento (...)”, y más adelante: “Así eres molino de viento, Molino de asiento, Molino de asiento del viento (...)”, “Molino volador, Molino charlador, Molino cantador (...)”; (...)El horimento bajo el firmazonte (...)”; y plasmando así las ideas antes expuestas en “Arte poética”e incluso en Non serviam, acerca de no imitar sino crear, y no describir sino sugerir, como nuevos procedimientos, ya que los extensos versos acerca del molino se corresponden con la contemplación dicho objeto ‘molino’ en la realidad, y esa larga lista de nociones que lo siguen sugieren ese giro adormecedor y repetitivo que sus aspas provocan al contemplarlo. Y así pues, si en “Arte poética” propone la idea de una mirada creadora del poeta en cuanto a los objetos y las nociones preexistentes de los mismos, en Altazor realiza el mismo movimiento, apostando además al mismo postulado, pero en términos –también- del lenguaje mismo, de las palabras. Se observa así Altazor como metapoesía que reflexiona sobre el poema y sobre la propia escritura del poema; en sus obras, se ve como trasfondo un contacto de este poeta llamado Vicente Huidobro que se acerca a la capacidad de acción e intervención en relación con el aspecto político en términos también de reflexión sobre la sociedad. En Altazor –en relación con la idea de la existencia de un poeta creador- puede advertirse la composición del poema en siete cantos, aludiendo a la idea de los siete días del Génesis que ocuparon el lugar de la Creación respecto del Cristianismo. A la vez, y para terminar, se observa en ella la idea de una poesía preformativa, activa, desautomatizada de la mirada para producir extrañeza, postulando que el objeto visual sea una acuñación de imágenes nuevas para el lector, y que la superposición de imágenes conlleve a pensar en la idea de que el poeta escribe dibujando. Al mismo tiempo, en Non serviam el poeta creador humaniza los objetos, hace una precisión de lo vago, postulando los elementos de la naturaleza con otra mirada, evitando usar las viejas imágenes cristalizadas, creando unas nuevas.
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