En Artes > estudio del arte
Lo imposible verosímil se ha de preferir a lo posible inverosímil. El estudio del arte.
Para los antiguos todo aquello que tuviese apariencia de verdadero, de creíble, de verosímil, era considerado como necesario para acceder a lo maravilloso, al mundo exótico de las sensasiones; al universo de las imposibilidades.
Este principio de lo inexplicable, entendido como teorema para el estudio del arte, era inmanente a los estados sagrados del éxtasis, a la capacidad innata de imitar y de gozar con lo ilimitado; algo muy similar al planteamiento poético de Horacio referente a lo dulce y a lo útil. Por tales razones "el fin supremo de las artes es la catarsis o purificación de los afectos, que no ha de entenderse como una liberación o descarga, como la supresión de las turbaciones del ánimo, sino como una elvación sobre lo subjetivo que permite alcanzar la esfera de lo universal-humano." 1 No obstante, la tesis aristotélica sobre la concepción poética y estética para el estudio del arte y sus especies, prefiere alejarse de las situaciones pretéritas y del hecho común, en un intento por vincularse con las estructuras profundas de las cosas y con la esencia divina de los seres en un encuentro -además- filosófico-universal con lo que no ha sucedido, con lo insólito y con lo que en apariencia es irreal.
En estos descubrimientos, la naturaleza humana reconoce por azar y no por arte, la omnipotencia de los dioses, de los mitos...fuentes de las que se van a nutrir los poetas griegos y romanos de la antigüedad. El mito es la relación de conocido con lo trascendente, es el origen del arte.
"Reconocer por azar" es más una actitud o un estado de ánimo, que una suerte de birlibirloque; es aquello que supuestamente ha favorecido a la creación artística y que ha sido nominalizada como inspiración. Esta inspiración funcionaba de la misma manera tanto para poetas y prosistas, como para músicos, pintores y danzarines.
Hablar hoy de arte no sería referirse al sentido que se le daba cuando Platón. Para nosotros, el arte, de manera general, es una virtud que nos permite transformar la materia, la imagen o el sonido según una interpretación particular o canónica de lo visible e invisible; mientras que para Aristóteles y sus seguidores y preceptores, el arte carecía de clasificación y de distingo entre todas sus diversas manifestaciones, de este modo, por ejemplo, la arquitectura, la escultura y la pintura se concebían como un todo integrado.
Para Aristóteles, lo bello, lo estético en el estudio del arte, transita en primera instancia por categorías de lo bien logrado, lo equilibrado, lo organizado, lo proporcionado; lo intermedio. Sin embargo, cuando la imperfección se justifica sobre sí misma, la finalidad del arte queda establecida y todos los procesos que fueron necesarios para su concepción son efectivos. No se trata de lo que es mejor, o de lo que está bien logrado, sino de lo que se hace efectivo en el espectador.
Al elucubrar sobre el pensamiento de Aristóteles, sobre cómo significa un texto, en relación con la posibilidad semánticas del lenguaje y, específicamente en el apartado referido a la metáfora, encontramos un interés espontáneo, natural hacia la investigación de la multiplicidad de sentidos que puede tener un texto, de manera que aquí tenemos un indicio de la exploración simbólica donde el paradigma, según Aristóteles, debe superar a la realidad, porque "puede ser verosímil que lo inverosímil acontezca"
1 Romero, Francisco. (1997) Estudio preliminar en: Los clásicos. México. Cumbre. pp xxxiii. (Los clásicos. Obras filosóficas. Aristóteles) Traducción: Lilia Segura.
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