En Artes > filosofía
Luego de haber leído Buenos Aires, vida cotidiana y alineación, de Juan José Sebreli, y El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, de Karl Marx, no es difícil retener la filosofía básica, común en ambos autores: la lucha de clases como elemento inmanente a cualquier sociedad y la fuerza del proletariado como única clase capaz de rebelarse; en cualquier sociedad porque Sebreli, con influencia de la filosofía de Marx, escribió su obra un siglo después y es innegable -o poco discutible-, que lo que Marx describió de la sociedad francesa como una continua lucha de clases se dio con características similares, un siglo más tarde, en la sociedad en la que vivió Sebreli, argentino nacido en el barrio de Constitución. Cabe mencionar que ninguno de los dos textos citados puede considerarse de sociología o estrictamente de filosofía, siendo el de Marx de estilo periodístico y el de Sebreli netamente anti-sociológico, en el sentido de que ataca férreamente a la sociología de su época, citando permanentemente sociólogos argentinos para luego refutarlos y criticarlos."Mallea, por su parte, no vacila en comparar a nuestra burguesía con la siniestra oligarquía racista del sur de los Estados Unidos, creadora del Ku-Klux-Klan:'esa cosa no racial, sino espiritualmente aristocrática, señorial, criolla, que apenas perdura en algunos estados del sur norteamericano, se mantiene viva en los estratos profundos de casi todas las regiones netamente argentinas de nuestro país'" .
El análisis descriptivo de Sebreli de la vida cotidiana en Buenos Aires apunta más bien a la clase media y a la alta burguesía o aristocracia, a las que critica haciendo uso de descripciones que bastan para elaborar una imagen de ambas clases y sacar conclusiones propias; el autor argentino no emite casi ningún juicio de valor de manera directa, utilizando en algunos casos la ironía. Por su lado, Marx se vale más de hechos históricos para pintarnos la situación que se vivía entre los años 1848 y 1852, con la sociedad francesa en vilo por las decisiones de Luis Bonaparte, la Asamblea Nacional, etc. Quizás sea esta una de las diferencias más marcadas entre un autor y el otro; mientras Marx critica a la estructura social de Francia y ridiculiza a la persona de Luis Bonaparte a través de su accionar en la historia,"(...) El primer presidente de la República Francesa, L. N. Bonaparte, no sólo había perdido la ciudadanía francesa, no sólo había sido agente especial de la policía inglesa, sino que era incluso un suizo naturalizado"; Sebreli lo hace describiendo puntillosamente y sin perder detalle la sociedad cerrada de las clases altas, "cualquier cosa salvo por supuesto trabajar puede suponerse que suceda (...)" , sus relaciones -en realidad no-relaciones-, con el resto de la gente, sus caprichos de alcurnia con la vestimenta, comidas, etc.; así como el deseo de la clase media de ser lo que no es y lo que jamás podrá ser; "La enorme desproporción entre lo que la clase media imagina o quiere ser y lo que efectivamente es, la obliga a vivir en el disimulo y la ocultación, cerrándose a toda comunicación abierta y franca, conservando siempre una fría distancia con el prójimo. (...) la clase media está condenada a emplear todo lo que tiene en aparentar lo que no tiene (...)." . Marx, en su filosofía de la historia, caracteriza las clases por lo que hacen en la historia; Sebreli por lo que son o parecen ser.
Retomando las ideales iniciales, cabría preguntarse si el proletariado francés, tal como lo describe Marx, es similar en su filosofía o no al proletariado de Buenos Aires, si comparten filosofías de vida, y si la influencia que cada uno ejerció en su sociedad tuvo la misma fuerza o no; realizar una acertada comparación para entender la estructura de dicha clase y su posición con respecto a las demás.
En primer lugar, el origen del primer proletariado argentino se da en la década del 1880, por el fenómeno inmigratorio, con sus consecuencias posteriores: escasez de vivienda, aumento de alquileres, etc. El problema de esta nueva clase residía justamente en que, al estar formada mayoritariamente por inmigrantes, no tenía una conciencia de la realidad de la Argentina ni una filosofía capaz de analizar los problemas subyacentes de la estructura social. Además, traían esquemas de capitalismo avanzado a un país precapitalista, donde estos eran evidentemente inadecuados. La historia de la primera etapa del proletariado estuvo caracterizada por una lucha entre criollos y "gringos", que según aquéllos venían a sacar el trabajo; asimismo, la lucha gremial era también considerada cosa de gringos. De esta manera, el proletariado quedaba dividido en criollos y "gringos", los unos pugnaban por el cambio, los otros por la mayor acumulación posible de fortunas para luego volverse (los famosos trabajadores golondrina). En Francia, puede establecerse un cierto paralelo. Los campesinos estaban divididos en parcelarios y revolucionarios. La figura de Luis Bonaparte, alrededor de la cual gira toda la obra de Marx, no podría haber surgido de otra clase que la de los campesinos parcelarios. Éstos forman una masa en la cual no existen muchas relaciones entre sus integrantes. Son pobres y su único modo de producción es la parcela. Estos campesinos parcelarios, no forman una clase; la identidad de sus intereses no engendra una comunidad. "Son incapaces de hacer valer su interés de clase en su propio nombre." (pág 130). No representan, deben ser representados. Su influencia política se cristaliza en el sometimiento del Poder Ejecutivo a la sociedad. Los campesinos creían que con la vuelta de un Napoleón recuperarían magnificencia, y no dudaron en venerar a Luis Bonaparte; "encontró un individuo que se hace pasar por tal hombre, por ostentar el nombre de Napoleón" (pág 131). Del otro lado está el campesino revolucionario, diametralmente opuesto a la dinastía de Bonaparte; pugna por salir de su parcela, de su actual condición social de vida; lucha con su propia energía contra el viejo orden, unida a las ciudades; representa la ilustración. Los campesinos parcelarios se ven envueltos por el espectro del imperio. Los revolucionarios miran el porvenir, los conservadores el pasado. Y es precisamente el espectro de Napoleón lo que lleva a la ruina a los conservadores, la forma de propiedad por él consolidada: la parcela. "La propiedad parcelaria ha convertido a la masa de la nación francesa en trogloditas. Diez y seis millones de campesinos (...) viven en cuevas." . Sumado a esto, el aparato del Poder Ejecutivo explota la parcela con los impuestos, que son su fuente de vida. En Argentina se dio algo similar con el fenómeno de las villas miseria o barrios de emergencia, "campamentos de ranchos de lata y madera instalados en distintas zonas de Buenos Aires" . En este nuevo ambiente ecológico residirían los nuevos obreros, cabecitas negras, que conseguían trabajo en la ciudad pero no vivienda. Y de manera similar con lo ocurrido con Napoleón, que utilizó a los campesinos para enriquecerse, las Villas Miserias fueron utilizadas en la época peronista por la oligarquía para despotricar contra la despoblación del agro y contra la industrialización del país; similar no por las características del proceso sino por la idea del mismo: explotar a quien menos tiene, a quien ni siquiera tiene conciencia de clase, a quien no representa y debe ser representado, a quien en definitiva está fuera del marco de lucha de clases por no constituir una.
Un nuevo paralelo en ambos análisis es posible encontrar en lo que se refiere al lumpenproletariado, "vástagos degenerados y aventureros de la burguesía, vagabundos, licenciados de tropa, (...) timadores, saltimbanquis, (...) carteristas y rateros, jugadores (...)." (Marx). En la sociedad francesa de París, el lumpen sólo vale a través de la Sociedad del 10 de diciembre, "sociedad de beneficencia a costa de las demás clases", que agrupa personajes del lumpenproletariado, erigida bajo la figura de su jefe: Luis Bonaparte. Una supuesta Sociedad de beneficencia En esta clase, "hez, deshecho y escoria de todas las clases" (pág 75), puede apoyarse Bonaparte sin reservas, sin disfraz, pues él pertenecería a ese lumpen por su personalidad. En Buenos Aires, "mozos de café, mensajeros, corredores, vendedores ambulantes, actores de ínfima categoría, (...) y todo tipo de trabajos ocasionales, de 'changas', (...) ladrones, prostitutas, rufianes, cuenteros." (Sebreli). Esos hombres no configuran una clase, son objetos; no tienen partido, educación, prestigio social, protección jurídica ni conciencia de sí. Ni siquiera tienen motivos para rebelarse, pues no tienen razones ni filosofíapara dejar de considerarse culpables de lo que hacen y rebelarse contra sus opresores, como lo haría cualquier explotado o reprimido de otra clase. "La sociedad burguesa y la revolución los rechazan por igual. Constituyen por esas razones, el chivo expiatorio ideal para que los bienpensantes de todo tipo, identifiquen con el Mal.".
Hemos encontrado hasta aquí, dentro de los marcos teóricos de los autores considerados, notables similitudes entre dos clases sociales: el lumpenproletariado (según Marx, una clase, según Sebreli, no), y el proletariado argentino y campesinado francés. En cuanto a las demás clases (oligarquía, clase alta y clase media), no se puede comparar el espacio que cada autor le dedica, ya que Marx se centra más en el análisis histórico del lumpenproletariado y su filosofía, y los campesinos parcelarios; Sebreli por su lado nos brinda una exhaustiva descripción general de toda la estructura social de la ciudad de Buenos Aires. Lo que podría destacarse es el odio que ambos autores profesan hacia la clase alta. En palabras de Sebreli, "Ni Mallea ni ningún panegirista de la oligarquía nos ha aclarado jamás por qué razón le es otorgada a unos pocos y negada a otros, esa cualidad inmanente que caracteriza a los elegidos, esa gracia divina que los eleva por encima del resto de la sociedad, de los no iniciados, de la masa indiferenciada, del 'rebaño'." ; Sebreli aprovecha también para criticar a la sociología adoradora de la oligarquía. Mucho más directo, Marx afirmaba sin escrúpulos: "La única masa estúpida, ignorante y vil no fue nadie más que la propia masa burguesa." . "El burgués de Francia, cuyo 'ingenio, conocimientos, penetración espiritual y recursos intelectuales' no llegan más allá de su nariz (...)" . Interesante aporte, propido de la filosofía de Marx.
Podríamos seguir ilustrando las notorias similitudes entre Marx y Sebreli, la influencia de aquél en éste, pero la extensión del trabajo sería enorme. A lo que pretendemos llegar es a la siguiente conclusión: tanto Marx como Sebreli escriben sus obras de manera que sus personajes aparecen como meros actores, cada uno juega su papel dentro de la historia; con estilos de escritura diferentes, nos hacen llegar la misma idea, la misma concepción de la historia y de la sociedad. Las exhaustivas descripciones de Sebreli son pinceladas de artista que nos retratan la vida de Buenos Aires, en un período que podría ir desde el 1880 hasta la década del '60; el incesante (y a veces quizás un poco desordenado), bagaje de acontecimientos históricos, llevados a cabo en París, por los personajes de su historia, son las vigas que sostienen la estructura del pensamiento de Marx, crítica con sabor a angustia de la sociedad y su nuevo mandatario, Luis Bonaparte. Sin embargo, a pesar de las divergencias de estilo, hemos notado que las ideas y concepciones son similares, concluyendo pues, como escribió alguna vez Sarmiento, "las ideas no se matan". Perduran con el paso del tiempo.
Si eres un usuario registrado, puedes hacer comentarios sobre este artículo.
|
![]() |
||||||
|
![]() |
BúsquedaInformación de este artículo
Vínculo Más artículos sobre filosofíaApuntes sobre una filosofía del mundo Economía del mundo vs Economía divina Antroposofía: ¿Cómo obtener bienestar gracias al conocimieto interior? Breve Historia de la Filosofía- Introducción Más artículos de este autorParece que algo sucede con el tiempo Situación de Pequeñas y medianas empresas Vínculos sobre filosofíaFacultad de filosofía y letras de la UBA (Argentina) |