La historia de la arquitectura marplatense, comienza en el puerto de esta ciudad, ubicada al sur de la provincia de Buenos Aires.

Este puerto de gran importancia internacional, es una unidad autónoma que depende del medio de producción que aún se desarrolla en la época actual.

Los historiadores dicen que al llegar a la altura en donde se levanta hoy la ciudad de Mar del Plata, la caravana dirigida por Meyrelles, continúa en dirección oeste, hacia la zona serrana. Hizo un alto después de recorrer los alrededores de Laguna Brava, en la punta este de la popular Sierra del Volcán sobre la Puerta del Abra, límite fronterizo de los Partidos de General Pueyrredón y Balcarce.

Este paraje no era el más adecuado para la instalación del saladero, por la lejanía al mar. Luego de otro intento de habilitación del saladero en la margen derecha del arroyo Vivoratá, se trasladó hasta la desembocadura del arroyo San Ignacio o Las Chacras, y allí se mandó construir, en el paraje denominado más tarde Punta Iglesias, un muelle de hierro, ubicando al saladero en la manzana que da sobre la actual Avenida Luro.

El hombre se asienta en aquellas comarcas propicias para acrecentar su progreso y bienestar.

Las actividades portuarias se iniciaron antes de ser fundada la ciudad oficialmente, la historia de la arquitectura marplatense se empezaba a escribir.

Por ese entonces se llamaba Puerto de Laguna de los Padres. Esta actividad estuvo impulsada por una mayoría de inmigrantes de la Baja Italia, quienes tenían ese oficio.

Hubo diversos intentos de construir puertos adecuados, hasta se había formado una sociedad por iniciativa de varios vecinos para construirlo frente a la playa Bristol.

En 1896 Alfredo Francesconi inicia nuevas tratativas y siempre se elegía el lugar que ya utilizaban los primeros veraneantes.

En 1900 el arribo de veraneantes aumenta considerablemente. Ya la colina del sur donde luego se construirá la colina de Stella Maris presenta signos del progreso, comienzan a levantar su elegante arquitectura los chalets y palacetes. Esto influye en el desplazamiento de los pescadores. Las casitas rodantes ubicadas en la arena para que los veraneantes cambien sus ropas, han formado la nueva rambla. A partir de esto se generan dos problemas: el primero es que esta rambla exigía más espacio, el que estaba ocupado por el caserío de tabernas y galpones de los pescadores.

El segundo problema se da en los testimonios documentales que dan prueba suficiente de una situación deplorable, la de peores condiciones de vida en toda el área local.

Se habla de una zona muy trágica donde se va la miseria de los pescadores y obreros del puerto. 2500 obreros que viven en sórdidos tugurios de zinc y casuchas de madera, que carecen totalmente de servicios sanitarios, situados a veces en terrenos de propiedad particular.

De esta manera en la historia de la arquitectura marplatense se plantea el contraste entre la vida de los elegantes porteños veraneantes y la realidad de los humildes trabajadores.

También se habla de un choque entre los excesos, derroches y frivolidades de unos y la estrechez, miseria y clamor de otros. Porque aunque la vista de las casuchas de madera improvisadas y precarias ofrecía tema a los pinceles de los artistas, ello no disminuía las lamentables condiciones de vida de sus moradores.

Entonces comienza el peregrinar de los hombres de mar, naciendo el barrio “Tierra del Fuego”, ubicado entonces en la zona de Olavaria y Alberti, un lugar en aquel momento muy distante al centro.

La presencia en los veranos de las familias porteñas adineradas va originando fuentes de ingreso.

La pesca, por si sola no era muy redituable, y además se ahorra escasamente para soportar los meses de invierno. Ayuda un poco la fabricación de hielo para remitir a Buenos Aires partidas de pejerreyes, corvinas, besugos, palometas o la especie que ofrece la estación. Junto a camarones, langostinos y cangrejos son enviados por remesas a la capital por tren.

Así y todo hay quienes siguieron fieles al oficio heredado. En 1911 aparecen las barcas con una revolucionaria novedad: el motor.

Aunque esto no parezca tener mucha relación con la historia de la arquitectura marplatense, sí la tiene, ya que la inmigración europea de 1913 aporta nuevos pescadores que estarán poco tiempo más en las cercanías de la Playa Bristol. Este sector ya tiene paseos, chalets, rambla de material y se ha convertido en una auténtica estación de baños. Además el imponente puerto que se construye mas al sur, ofrecerá una dársena de la cual ya la colonia de pescadores iniciará los pilares de una industria que habrá de crecer a límites de importancia nacional e internacional.

El 11 de octubre de 1909 el congreso sanciona una ley que autoriza al poder ejecutivo de la nación a contratar la construcción del puerto de ultramar de Mar del Plata con empresas particulares de reconocida capacidad financiera mediante un concurso. Se ponía así término a la práctica anterior de otorgar conseciones que muchas veces debieron ser canceladas por incumplimiento de los adjudicatarios.

Las obras se inician en octubre de 1911.

Entre 1913 y 1919 se inaugura el puerto y se levanta la escollera Sur, por ser esta la principal obra de abrigo del puerto, erigiéndose la Dársena de los Pescadores con un muelle de mampostería de 5mts de profundidad utilizado a partir de 1917.

El primer grupo pesquero que llegó a la ciudad de Mar del Plata, lo hizo debido a la apertura producida durante el gobierno del General Perón. Hasta ese entonces, hablamos de 1946, nuestro país tenía a la Flota Argentina de Pesca. Dicho ente estatal, era propietario de las naves que operaban en Buenos Aires.

Las embarcaciones recalaban en nuestra cuidad solo cuando las distancias eran muy grandes. En esos casos, el pescado se desembarcaba aquí y era enviado hasta Buenos Aires, donde se comercializaba, por medio del ferrocarril.

La historia de la arquitectura marplatense comienza a cambiar recién al finalizar la segunda guerra mundial, cuando comienzan a llegar al país los primeros capitales y barcos privados radicándose en Mar del Plata.

Por aquellos años, llegó un grupo de pescadores belgas con ocho barcos. Habían conseguido permisos de pesca y se les facilitó uno de los galpones del Epigón 1 para su funcionamiento en tierra. Eran pescadores artesanales que llegaron con sus familias a bordo de estas embarcaciones. Ellos se dedicaron a la pesca de altura y paralelamente comenzó el armado de barcos en nuestro país.

Mar del Plata es el principal centro pesquero de la República Argentina. Iniciada a comienzos de siglo, esta actividad se ha desarrollado al impulso del sector privado. El núcleo del puerto presenta características especiales en el uso del suelo, dado que en él se combinan las áreas destinadas a la construcción de viviendas de jerarquía variada, los establecimientos industriales relacionados fundamentalmente a la actividad pesquera, los sectores destinados al depósito de mercancías, combustibles, granos etc. y el área comercial. En dicho sector, sobre la costa, se halla la estación portuaria con todas sus instalaciones.

Esta historia del puerto y la historia de la arquitectura local, nos ha llevado a su situación actual. Al puerto se ingresa por un canal entre las escolleras Norte y Sur. Su fondo es de arena, y es necesario que al canal de acceso se le efectúen periódicamente trabajos de mantenimiento y dragado, a fin de evitar los desmoronamientos de arena existentes en sus veriles, principalmente en el veril Norte.

Desde que se terminó de construir la infraestructura básica del puerto, sus actividades específicas crecieron y se desarrollaron paulatinamente. Paralelamente aunque a un ritmo mas lento que el inicial se siguieron incorporando obras y servicios.

En la actualidad, la totalidad de los muelles está posee energía eléctrica y agua para proveer al usuario del puerto gracias a la Administración General del Puerto.

Otra es la situación derivada de la multiplicidad de sus funciones, el congestionamiento de buques de pesca, la falta de longitud útil de muelle y la permanencia ociosa en los muelles de embarcaciones por alistamiento.

Este relato sobre el comienzo del puerto y de la historia de la arquitectura marplatense, es sólo el principio donde se muestra a la industria pesquera como un motor que ha propulsado y acompañado el crecimiento económico de la ciudad.