La historia del cine en la Argentina, comienza con la primera exhibición cinematográfica que tuvo lugar en 1896, meses después de que los hermanos Lumiére dieran a conocer su invento en Francia. Al año siguiente el francés Eugenio Py, radicado en Buenos Aires, realiza el primer cortometraje documental, registrando la imagen de la bandera argentina flameando sobre la plaza de mayo. En 1900 se inaugura el salón nacional, primera sala dedicada a la proyección de películas, ubicada en la calle Maipú, entre Lavalle y corrientes, una zona de la capital que desde entonces concentra buena de la istoria del cine transcurre alli, o “biógrafos”, como se los llamo en su tiempo.

El belga Enrique Lepage y el austriaco Max Glücksmann se incluyen en la historia del cine nacional. La casa fundada por Lepage filmará los primeros documentales de actualidad. Glücksmann, que luego seria uno de los pioneros de la industria de la cinematografía argentina, inicio la importación de cámaras, proyectores y películas.

El primer film con esbozo argumental fue “escenas callejeras” del aficionado Eugenia Cardini, en 1901.

Hasta comienzo de la década del 30 se extiende el periodo del cine mudo, si bien después hubo intentos de sonorización fonográfica, combinando un disco grabado con las proyecciones de imágenes.

Entre los realizadores de esta etapa de la historia del cine nacional se destacaban Mario Gallo (El fusilamiento de Borrego, primera película de tema histórico nacional, estrenada en 1910), Federico Valle (cuyo film Revista Valle introduciendo el género del noticiario cinematográfico semanal, y que desde 1917 intento los primeros dibujos animados) y José Agustín “el negro” Ferryra, que a partir de 1912 desarrollo los temas costumbrista y sociales del arrabal porteño ( El tango de la muerte, El organito de la tarde, La costurera que dio el mal paso entre otras) y del ámbito rural (Campo ajuera, La gaucha, Etc.)

En 1919 se proyecto la primera película que trataba de los conflictos obreros en el país: Juan sin ropa protagonizada por Camila Quiroga, una de las primeras grandes actrices del cine nacional.

La obre se inspiraba en la “semana trágica” ocurrida en enero de ese mismo año. Para esa misma época se inauguraron las primeras salas cinematográficas en el interior del país.

En la historia del cine nacional, los intentos de sonorizar comenzaron en 1928, con el registro simultaneo de la voz del presidente Hipolito Yrigoyen al asumir su segundo mandato. El primer largometraje proyectado con sonido, agregado mediante discos sincronizados, fue Muñequita porteña (1931) del “negro” Ferreyra.

Pero los primeros film con el sonido incorporado a la cinta fueron los 10 cortos promociónales realizados en 1930, que difundieron tangos de Carlos Gardel, anticipación de los video clip de la actualidad.

En 1933 se estrenaron dos largometrajes sonoros: Tango de Luis Moglia Barth, y Los tres berretines, dirigidos por Enrique T. Susini.

Ambos marcaron nuevos rumbos, en más de un sentido. Fueron producidas respectivamente, por Argentina sono film y Lumiton, empresas iniciadoras de la industria del cine en el país. Tango inauguro el género de los musicales, y contaba con la participación de Azucena Maizani, Tita Merello, Mercedes Simone y Libertad Lamarque (todas destacadas cantantes) y la actuación de Pepe Arias.

Los tres berretines, adaptación de una comedia costumbrista de gran éxito en el teatro; contó con la actuación de Luis Arata, Luisa Vehil y Luis Sandrini.

Ya para entonces comenzaba el auge de las estrellas cinematográficas, y el éxito de ambas películas fomento la actividad de la naciente industria.

La década del treinta es considerada la época de oro del cine argentino.

Se llegaron a estrenar casi setenta film por año, que tenia, además, amplia circulación por el mundo del habla hispana.

Comedias costumbristas o de tono cosmopolita, film humorísticos y musicales, dramas psicológicos y sociales, películas de reconstrucción histórica, policiales y de acción cubrían ampliamente los gustos del público. Una nutrida generación de directores y técnicos, y una larga lista de actores hallaron posibilidad de realizar su trayectoria esos años.

Estrellas como Enrique Muiño, Luis Sandrini, Francisco Petrone, José Cola, Libertad Lamarque entre muchos otros marcaron su pagina en la historia del cine argentino..

La segunda guerra mundial y las restricciones impuestas por EE.UU. a la exportación de películas vírgenes, a partir de la década del cuarenta restringieron la actividad cinematográfica en la argentina, que comenzó a perder mercado en Hispanoamérica. Sin embargo, La Guerra Gaucha, marco el auge de un cine épico, con gran despliegue de producción.

Los dramas sentimentales protagonizados por Zully Moreno, como Dios se lo pague, y el testimonio social de las aguas bajan turbias, gozaban de un gran éxito, al igual que las comedias rosadas, a partir de Los martes orquídeas (1941).

Por otra parte aparecieron en el país los llamados cinéfilos, amantes del cine como expresión artística e interesados en preservar el patrimonio cultural que representaban las viejas películas, tanto nacionales como extrajeras. Entidades como el Cine Club Núcleo y el Cine Club proyección y, luego, la Cinemateca Argentina tienen sus orígenes en este entonces.

Desde los años 50 los jóvenes productores buscaban renovar el lenguaje cinematográfico, hasta entonces dominado por el realismo y el costumbrismo.

Leopoldo Torres, con obras como La casa del ángel y La caída, abre un estilo donde el drama psicológico es expresión de la crítica social. Su larga filmografía incluirán, posteriormente, intento de cine épico (Martín Fierro y El santo de la espada), malogrados por la censura en los guiones, y la construcción de las grandes pinturas sociales mediante la adaptación de destacados narradores argentinos.

Los años sesenta traen una marcada influencia da la filmografía europea de posguerra, en particular la tendencia del neorrealismo italiano y francés.

Fernando Ayala se mete en la historia del cine nacional con un film testimonial como El jefe, una línea seguida de Shunko y Alias gardelito por lautaro Murúa, actor y director chileno radicado en Argentina. Rodolfo Kuhn, David José Kohon y Maule Antin, intentaron un cine mas intelectual; en particular se destaco este ultimo realizador con su adaptaciones de los cuentos de Cortázar. Fernando Birri organizo los cursos de cine en la Universidad Nacional del Litoral, en Santa fe. Como director, en Los inundados empleo matices neorrealistas para documentar la marginación social, y la imagen cruda testimonian en cortos como Tire dié.

Esta temática, encarada con gran sobriedad en los textos, tuvo en Leonardo Favio (Crónica de un niño solo, El romance del Aniceto y La Francisca, el dependiente) a un notable realizador.

La competencia con la televisión y la de la filmografía extranjera, la falta de un mercado exterior y la censura establecida a través del ente calificador produjeron reiteradas crisis en la industria cinematográfica argentina, con el periodo de recuperación a partir de algunas películas exitosa.

Gran parte de las películas nacionales, a partir de los años 50, dependen de los creditos y subsidios oficiales otorgados por el Instituto Nacional de Cinematografía.

En general, las películas mas taquilleras has sido las protagonizadas por actores popularizados por la televisión, En su mayoría en comedias de entretenimiento.

Enrique Carreras, con comedias familiares y dramas sobre el alcoholismo, consumo de drogas, la vida en las cárceles, entre los que dirigieron la mayor cantidad de películas.

Desde la década del 70, las comedias protagonizadas por Alberto Olmedo y Jorge Porcel, unas de tono picaresco y otras destinadas al público infantil, estuvieron entre las de mayor éxito.

A fines de la década de 1960 surgió un cine político con el grupo cine Liberación, que produjo “La hora de los hornos”, alegato a favor del Peronismo y en contra del mandato de Ongania.

A principio de los setenta dos películas sobre los conflictos obreros de comienzo de siglo – Quebracho de Ricardo Wullicher y La Patagonia rebelde de Héctor Olivera- junto con Juan Mereiras de favio un resurgir del cine nacional.

Buena parte de las películas extranjera se vieron impedida de su proyección en el país, o sufrió varios recortes por los censores, y el cine artístico se refugio en gran cantidad de cine clubes.

A través de ellos muchos jóvenes realizadores generaron un circuito no comercial para difundir su producción, generalmente cortos de bajo costo, en películas sonoras de 8 mm. (el llamado “súper 8”).

A pesar de los inconvenientes, la historia del cine nacional salio adelante con nuevos directores y nuevos realizadores , nuevos actores y espectaculares puestas en escenas