Vivimos en un mundo acelerado. El avance electrónico fue más vertiginoso y masivo en las tres últimas décadas que en las siete anteriores del siglo veinte. La mayoría de las cosas creadas por el ser humano utilizan la energía eléctrica para activarse, y una mínima cuota de libros impresos publicados también en la red virtual, así como toda la información que ella contiene, es leída gracias a la dependencia de la energía hidroeléctrica, termoeléctrica, nuclear, solar o eólica. Las bibliotecas de todo el mundo conservan el pensamiento impreso de más de cuatro mil años de antigüedad y sólo el tres por ciento de mil doscientos kilómetros de libros consecutivos se encuentran en internet. El desmedido progreso de la civilización y la contaminación que trae consigo, agotan los recursos naturales no renovables, sin percatarse de la inexistencia de un plan contingente y global que sustituya la alternativa petrolera considerada como el gran adalid de la economía mundial. Todo lo que ocurre en la Tierra indica que el gran crash energético se avecina. Cuanto esto suceda, el noventa por ciento de la población mundial retrocederá al tiempo de los abuelos para reencontrarse con la carreta, la estufa, la vela y con el idílico encanto de una noche estrellada. Los libros serán una luz en la oscuridad y habrá tiempo suficiente para aprender de la observación de nosotros mismos, del entorno y de los demás, tal y como ocurrió en la era antigua. Los computadores, los radiotransmisores, la internet y los libros electrónicos serán casi imposibles de activar, sólo una minoría tendrá acceso al poder de la electricidad; es como si retrocediéramos en el tiempo para retornar al oscurantismo barroco donde sólo los poderosos tuvieron el conocimiento a su alcance. Por ello la humanidad debe atesorar los libros como la única memoria independiente de los progresos científico-electrónicos del siglo veinte y veintiuno, muchos más resistentes a la polilla, la humedad y el que fuego, que el pendrive, diskette, disco compacto, mini disk y dvd al virus, la manipulación y al calor. (Escrito en el dos mil cinco)