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Marco Denevi es un escritor que la tradicional academia literaria de la Argentina ha olvidado y al cual no le ha dedicado prácticamente ninguna línea crítica sobre su obra. En el sesgado recorte de algunos teóricos como Jitrik en su obra Historia crítica de la literatura argentina, o Prieto en su Historia de la literatura, Denevi ni siquiera es una sombra: lo han spultado bajo las preferencias academicistas de los catedráticos. Peor su obra y sus libros han dejado marcas en la literatura, y hoy no podemos dejar de dedicarles un artículo, por breve que sea.
Denevi cultivó un estilo muy particular: defendió siempre, a rajatabla, el uso de un lenguaje apropiado en literatura. Fue un afanoso promotor de la utilización de correctos sinónimos, y del pulido de las frases. Su obra maestra, Rosaura a las diez, es un perfecto ejemplo que demuestra que la cuestión del lenguaje no era para él algo secundario. La obra mencionada, que obtuvo el premio de la antigua Editorial Kraft, tuvo un éxito impensado, fue luego trasladada a la televisión y al cine, en una gran película protagonizada por Juan Verdaguer. Más adelante, apareció Ceremonia secreta, una novela corta que también obtuvo un premio: el premio de la revista LIFE, que después adquirió los derechos para realizar la serie televisiva inglesa de Ceremonia secreta. También aquí, en Argentina, tuvo gran repercusión.
Los libros de Denevi suelen ser recurrentes en un tema: la cuestión de la doble personalidad, o de los personajes que albergan en su ser, a lo largo de la historia, una doble tendencia. Camilo Canegato, protagonista de Rosaura a las diez, es uno de ellos, igual que la solterona Leonides Arrufat de Ceremonia secreta.
En el primer caso, la historia que narra Denevi está estructurada en forma epistolar, cartas de distintos personajes de la historia, que brindan su punto de vista. Para quien no haya leído el libro: Rosaura a las diez es una narración que comienza con la llegada de Camilo Canegato, un pintor introvertido y tímido, a un hospedaje que tiene forma de conventillo, y está colmado de fisgones. La evolución del personaje, a través de su propio testimonio, es lo más interesante de la historia, ya que nos muestra cómo cambia esa introspección a medida que se van sucediendo los hechos. En el momento en que Rosaura entra en escena, la historia cambiar por completo: Camilo les cuenta a todos su relación con Rosaura, recibe numerosas cartas perfumadas y con lápiz de labio, lo que genera en la dueña del conventillo y sus hijos cierto recelo, en principio por celos, pero también porque Camilo Canegato se resiste a contarles de qué se trata.
Por supuesto, no vamos a contar el final, lo que sí podemos decir es que, como acostumbra Denevi, la resolución es extraordinaria, y el personaje de Rosaura puede ser comprendido en toda su dimensión.
En cuanto a Ceremonia secreta, Leonides Arrufat, una vieja solterona, de repente se encuentra con una casa que no le pertenece, entra a ella y luego allí sufre una transformación, por la cual su persona cambiar por completo. Su vida, aparentemente monótona y sin mucha acción, de repente adquiere significación, y ella se propone hacer todo por poner a salvo a su supuesta nieta (que en realidad la ha confundido y la adoptado como tal, situación bien aprovechada por Leonides). Las metáforas y la forma de estructurar los diálogos son una verdadera delicia, y permiten que en esta narración de Denevi las situaciones se desarrollen con total naturalidad.
Las otras novelas de Marco Denevi no alcanzaron el nivel que sí tuvieron las anteriormente mencionadas. Podemos citar Nuestra señora de la noche, Música de amor perdido y Manuel de historia, parecen más bien textos aparecidos como decantación de las otras cosas buenas y no tanto como libros autónomos producto de una trayectoria ascendente. Antes de ellos, también tenemos que nombrar a Los asesinos de los días de fiesta, libro prohibido en la dictadura militar, una historia impecable donde cinco hermanos , luego de acudir a un sepelio, se hacen pasar por herederos de una fortuna que terminan robando con argucias muy interesantes.
Denevi también tuvo incursiones en la escritura ensayística, con numerosos artículos en diarios y periódicos. Apareció entrevistado en revistas como Proa y Pájaro de fuego, e inclusive incursionó con un ensayo sobre la Argentina que percibía en los primeros años de la década de 1990: La República de Trapalanda.
Pero indudablemente lo más destacable de la escritura deneviana, más allá de las dos primeras novelas, son sus cuentos. “Charlie” es un clásico en el cual aparece nuevamente la cuestión de los personajes dobles, y reaparece la circularidad que ya se había evidenciado en la circularidad de Rosaura a las diez y su formato epistolar. De la misma manera, “La revolución francesa” cuenta con una trama interesante donde los personajes se roban y prestan pensamientos.
Por último, una breve referencia a la faceta menos conocida y menos defendida por él mismo: la obra teatral. Los libros escritos por Denevi en este formato, “El emperador de la china”, “Los expedientes”, entre otros, por lo general muestran argumentos no demasiado desarrollados, historias simples sin demasiados ribetes, como si se habían advertido en los libros de ficción narrativa.
Recordar la obra de Denevi, retomar sus temáticas, es un justo homenaje para un escritor que ha escrito muchos libros, pero que no ha sido debidamente reconocido. Amigo de María Angélica Bosco, Siria Poletti, Juan Carlos Pellanda; reconocido hosco y malhumorado, hombre frío y pródigo, ha sido un gran escritor de libros, y un verdadero exponente de la literatura nacional que, ante las figuras de Borges, Sabato y Cortázar, perdió lugar en la Academia.
Su muerte, como muchas veces sucede, lo dejó olvidado, salvo por sus allegados que intentaron mantener vivo su recuerdo a través de notas, entrevistas en diversos medios y reseñas de su obra en distintas revistas especializadas. La grandeza de su juego, las construcciones de su lenguaje, la gran utilización de las palabras marcaron a fuego su escritura, la obra de Marco Denevi, un olvidado.
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