En Artes > libros antiguos
Existen muchas leyendas e historias milenarias sobre el surgimiento del llamado "juego-ciencia" en la historia de la humanidad. Historias hay cientos y opiniones seguramente muchas más. Lo cierto es que fueron los árabes, en el siglo IX, quienes comenzaron a desarrollar un juego que con el correr del tiempo daría las reglas del ajedrez actual. ¿Pero cómo es que podemos documentar semejante historia, que tiene tantos siglos? Gracias a la persistencia de los libros antiguos, que hoy permanecen atesorados en bibliotecas de todo el mundo, a salvo de catástrofes y robos. Tanto en Latinoamérica como en todos los países del mundo existen coleccionistas que cuentan con mucho material de este tipo, libros antiguos que datan, algunos, del siglo V, y que estrictamente no podríamos llamar "libros" sino manuscritos, ya que debemos recordar que la imprenta de Gutenberg y la concepción del libro como tal recién comenzó a difundirse a partir del 1.500.
Podríamos escribir hojas y hojas sobre la evolución del ajedrez y el cambio que fueron teniendo sus reglas, pero no es el objetivo de este breve artículo. Lo que sí nos gustaría reflejar es la importancia que han tenido, para el avance de este apasionante arte-juego-deporte (tambén podríamos discutir mucho tiempo sobre si el ajedrez es o no un deporte, un juego, un arte), los manuscritos y libros antiguos. Por ejemplo, tenemos el manuscrito Arab.Add 7515, del Museo Británico, que data del año 1257, y que muestra una de las primeras composiciones ajedrecísticas de la historia: ¿sería posible construir una historia, explicar el desarrollo de un juego tan apasionante, sin ese material? Al ser la única forma que existía de dejar documentados partidos o problemas artísticos, los califas árabes de los siglos XII y XIII debían recurrir necesariamente a manuscritos, a dejar por escrito, en alguna parte, sus composiciones. Inclusive muchos de estos libros antiguos se han ido deteriorando con el tiempo, dejando algunos huecos temporales vacíos.
Actualmente, podemos encontrar ejemplares auténticos en la Biblioteca Abd al-Hamid, de Estambul, la Biblioteca Atiq Efendi, el Museo Británico de Londres, la Biblioteca del Escorial de Madrid, la Biblioteca John Rylands de Manchester, la Biblioteca Nuri Osmaniye, de Estambul, la Biblioteca Bodleian, de Oxford.
Pero no sólo en los libros de ajedrez podemos encontrar referencias a este “juego-ciencia”. El conocidísimo Las mil y una noches, ese libro anónimo que cuenta con un sinfín de narraciones en las cuales conviven la poesía, las bellas historias, inclusive fábulas y cuentos de amor, incluye también un cuento en el cual se cuenta una historia, en un libro antiguo, vinculada con el ajedrez. Es el cuento “La historia del comerciante Masrur y de su amada Zayn al-Mawasif”. En él, se narra la vida de una joven que se casa con un mercader judío y que en su ausencia se enamora de otro hombre, con el cual se casa luego de angustiantes situaciones. En esta bella historia, que dura diecinueve noches, Masrur y Zayn se la pasan jugando al ajedrez, juegan infinitas partidas hasta que ella lo vence en todas ellas, en las cuales Masrur se juega todas sus pertenencias. Convencida de su amor, Zayn lo acepta en la intimidad.
Como vemos, los árabes eran grandes seguidores de este interesantísimo juego. Podríamos nombrar cientos de miles de historias, relatos orales de la antigüedad, anécdotas incluidas en manuscritos y libros antiguos, todas ellas expresiones vinculadas con la actividad artística del ajedrez. Acompañadas a ellas, también es posible encontrar en museos y en manos de coleccionistas obras de arte plástico, también de esos siglos, en las cuales se solían retratar las situaciones en las cuales los individuos se encontraban jugando ajedrez.
De allí en adelante, el ajedrez tomó forma y empezó a difundirse por todo el mundo, primeramente en España, donde estaba el rey Alfonso el Sabio, y en Italia, donde tuvieron gran preponderancia los clérigos. Será motivo tal vez, de otro artículo, intentar una breve historia del ajedrez, pero lo que nos ocupaba aquí era la cuestión de los libros antiguos, y su importancia para comprender los orígenes del ajedrez. Como hemos visto, son vitales para comprender el desarrollo completo de su historia, sus avatares, su avance y los ribetes artísticos de toda la obra de sus supuestos creadores, los árabes.
Hoy por hoy, los más grandes campeones mundiales no podrían jugar ni entrenar sin computadoras ni acceso a Internet. Garry Kasparov, quizás el último gran campeón, un verdadero virtuoso, cayó derrotado en un match inédito ante Deep Blue, un programa especialmente preparado que era capaz de calcular 200.000.000 (¡doscientos millones!), de jugadas y variantes posibles… ¡por segundo! Una quimera. Un jugador profesional puede calcular, a lo sumo, 10 variantes con sus respectivas jugadas.
La supuesta perfectibilidad a la que nos llevan los progresos tecnológicos no deben hacernos perder de vista la importancia del importantísimo material impreso, de las cuantiosas publicaciones que han sido y son el verdadero motor de muchos de quienes hoy practican el “juego-ciencia”. Desechar hoy la importancia de los libros es atentar contra nuestra propia historia, más allá de que no debemos dejar de reconocer que tanto Internet como otras herramientas informáticas han sido y se mantienen como realmente vitales para muchas de las actividades que practicamos hoy en día. Inclusive para un jugador de ajedrez, amateur o profesional, practicar contra un buen programa puede ser muy útil. Una computadora puede ayudar a tener competitividad, a probar nuevas posibilidades de juego, a intentar inclusive posibles variantes que puedan traer cambios teóricos. Pero es clave que entendamos que antes de ellas existieron miles de jugadores, creadores, aficionados, que pasaron horas, días enteros quizás, practicando en sus jardines, allá por el siglo XV, intentando darle impulso a un juego que hoy ya es casi rehén de la informática.
De todas maneras, en una época que ya ha avanzado hacia nuevas tecnologías inclusive más allá del boom de Internet, debemos tener siempre presente que son los libros antiguos, los manuscritos, las creaciones artísticas del pasado la llave para comprender la historia del ajedrez, y también, por qué no, de toda la humanidad.
Nota:
Los datos de las colecciones disponibles en museos fueron obtenidos del libro "El arte del estudio de ajedrez", de Zoilo Caputto, publicado por Ediciones Eseuve.
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