Hipótesis

Daisy Miller y Fiesta, nouvelle de Henry James y novela de Ernest Hemingway respectivamente, están ambientadas en Europa, antes y después de la Primera Guerra Mundial. El presente trabajo comparará a los personajes femeninos Daisy Miller y Lady Brett Ashley en relación con las circunstancias históricas en que fueron escritos estos textos de literatura americana, la época en que suceden los hechos, y a partir del problemático eje Estados Unidos-Europa. Se intentará demostrar cómo el estilo de cada autor influye en el desarrollo emocional de los personajes, y las diferencias entre un revulsivo fin del siglo XIX y la frívola década de 1920.

Daisy Miller

James escribe esta exitosa nouvelle en 1879, en una etapa temprana de su carrera como escritor de literatura americana. El título no es más que una primera pista sobre la importancia del personaje femenino que va a retratar. Daisy Miller es una joven estadounidense que viaja por Europa con su familia, y ahí conoce a un compatriota, Winterbourne, estudiante acostumbrado a los convencionalismos europeos. Daisy, en cambio, no es nada convencional. Rompe con el comportamiento socialmente aceptable, demostrando toda la inocente audacia de las jóvenes norteamericanas. La relación entre ellos no prospera, y la joven termina muriendo de malaria.

Fiesta (o The Sun Also Rise)

La novela de Hemingway, publicada en 1926, narra lo que fue la década del 20’ para la generación perdida, que es un título creado por Gertrude Stein para los escritores de literatura americana exiliados de Estados Unidos, que viven en París con las cicatrices frescas de la Primera Guerra Mundial. Jake Barnes, escritor y protagonista, Bill, Robert, Brett y Michael, irán de bar en bar, enredándose en tensiones que poco tienen que ver con la escritura. Alrededor de la bella Brett circularán miradas, apreciaciones, mentiras, miserias y profundos fracasos.

Daisy y Brett

Daisy y Brett son coquetas, buscan atraer la atención de los hombres, pero tienen diferencias sustanciales. Daisy es inocente y directa (1), encarnación de la joven estadounidense que golpea la concepción de buenas costumbres de los yanquis que viven en Europa en del siglo XIX. Al fin y al cabo, un producto típico de la ficción y específicamente de la literatura americana. Es descripta ambiguamente por la mirada de Winterbourne (2), y terriblemente bajo la mirada de Mrs. Costello (3) y la señora Walker. En cambio Brett es una aristócrata inglesa que no parece tener ningún problema de adaptación en la Europa de post-guerra. Le gusta atraer la atención de los hombres y concreta sexualmente esas ambiciones. La inocencia de Daisy es proclamada al final de la historia; la culpabilidad de Brett está solamente matizada por la mirada benevolente de Jake (4). Pero Jake es impotente por un accidente causado en la guerra, y esa impotencia biológica se transforma en impotencia psicológica al estar enamorado de una mujer con la que nunca podrá concretar nada en el plano sexual. Él mismo asegura que la seguiría como lo hace Robert Cohn. Pero Cohn sí que no tiene impedimentos físicos, y la disputa que entabla con Jake culmina con la victoria de Cohn por un golpe a mano limpia que lo noquea. Es la victoria del sexualmente activo sobre el impotente. Jake se limitará a ser siempre “el amigo feo” de Brett, el destinatario de sus confidencias y el que siempre debe estar para salvarla y consolarla. ¿Winterbourne cumple la misma función? No. Es el encargado de buscar una síntesis entre las críticas conservadoras de los estadounidenses europeizados, y sus propias percepciones. Pero la juzga y la condena. No le ofrece el hombro (5), sino que la deja morir de malaria, al abandonarla en compañía del italiano Giovanelli, quien declara la inocencia de la joven al final del relato:

“-Y bien, ¿qué cree ahora?

-No creo que el que esté usted prometida o no sea muy importante”.

Es conocida la sexofobia de James, que bien podría haber contaminado al joven Winterbourne, cuyos ambiguos juicios nunca le permiten concretar nada. Jake no concreta por un impedimento físico. Winterbourne por uno psicológico. La escritura de Hemingway abunda en acciones, con poco uso de adjetivos y metáforas. Un hombre que tuviera limitada la acción por un accidente, ¿no tendría graves problemas para actuar en una novela marcada por el movimiento, y no por largos monólogos internos? Winterbourne, en cambio, tiene el refugio de su psiquis para la no-acción. Se refugia en el monólogo jamesiano para no actuar. Daisy es todo lo contrario, es pura acción, es impulso arrebatador, y sobre ella pesan montones de adjetivos que le adjudica Winterbourne. ¿Eso resulta una carga para Daisy? Para nada. Se sacude la carga con un ligero y coqueto movimiento de cabeza, y deja atrás las dudas de Winterbourne que, en un exceso de psicologismo, podríamos atribuir al mismísimo James. Daisy Miller es un personaje tan rico porque desafía al propio autor de lo no-dicho, de lo sugerido. Se puede llegar a pensar que la muerte de la joven es un sacrificio que hace James al ver exigidos sus propios límites, su propia lógica, su propia ambigüedad respecto a la relación entre Estados Unidos y Europa. Es un desenlace trágico para un desarrollo difícil de encuadrar porque, ¿qué pasaría de permanecer viva Daisy? El triunfo del nuevo mundo en la literatura americana. Pero esto no estaba tan claro en la conciencia del autor, que recién vuelve a la tierra que lo vio nacer en 1904. En la última parte del cuento, Winterbourne le dice a Mrs. Costello:

“-Tenía usted razón en la observación que hizo el verano pasado. Estaba escrito que iba a cometer un error. He vivido demasiado tiempo en el extranjero.

Sin embargo, regresó a Ginebra, desde donde continúan llegando las versiones más contradictorias sobre los motivos de su residencia allí: una informa que está «estudiando» mucho; otra insinúa que está demasiado interesado en una señora extranjera muy inteligente”.

Esto pone más ambigüedad en el asunto. ¿Se sugiere en forma de versión porque en realidad el joven y casto Winterbourne no tiene nada con ninguna mujer? ¿Por qué usa el adjetivo “inteligente”? ¿Es porque busca a otra mujer inteligente como Daisy, o porque busca a una mujer inteligente, al contrario de la joven norteamericana? Pareciera primar esta segunda interpretación, ya que también pone el acento en que la mujer es extranjera. Cabe pensar que ella sí sabe comportarse por contar también con mayor edad, si se refiere a la misma dama que en el comentario del comienzo del relato. Sin embargo las dudas del joven llenan cada página de esta nouvelle de literatura americana:

“Se dijo a sí mismo que era demasiado superficial e inmadura, inculta e irreflexiva, demasiado provinciana para reflexionar sobre el ostracismo que la afectaba, o siquiera para advertirlo. En otros momentos, en cambio, creía que la muchacha portaba en su hermoso e irresponsable organismo una conciencia desafiante, apasionada y perfectamente lúcida de la impresión que producía”.

La sensación de Brett de ser una fulana, y una perdida (6), se puede contraponer con la convicción férrea de Daisy de no estar haciendo nada malo. Y por si alguien lo dudaba, confiesa en el lecho de muerte que no iba a casarse con Giovanelli. Más que un intento de redención, es el último suspiro de una coqueta yanqui que muere en su ley, defendiendo su dignidad, y mostrándole a Winterbourne (7) la oportunidad que había perdido, lo ciego que había sido al juzgarla prematuramente.

Giovanelli y Romero

¿Es posible encontrar un Giovanelli en Fiesta? Un italiano busca-fortuna que no se aparta ni por un instante de la bella Daisy Miller (o ella no se aparta un instante de él). Como figura de exasperante aparición está Robert Cohn, pero es una figura trágica que merodea como un espectro a Brett. Romero, el torero, representa lo puro y viril en la novela de literatura americana de Hemingway. Lo que puede corromperse bajo la influencia de la decadente cultura aristócrata y de la clase adinerada. Es lo que nota Montoya, encargado del hotel, cuando Romero se relaciona con Brett, y cambia su sonrisa habitual a una expresión neutra. Si podíamos considerar a Giovanelli como el trepador que pone en duda la inocencia de Daisy ante la sociedad conservadora, en este caso es Brett la que corrompe al joven español. Brett siempre concreta, siempre consigue sus objetivos. Michael conoce aventuras anteriores de ella, y sin embargo sigue comprometido. Incluso la acepta al final, sabiendo que fue amante de Robert Cohn y de Romero. Brett conserva la amistad impotente de Jake, y brinda con él en las últimas líneas de la novela. En cambio, Daisy muere por la imposible conciliación entre una juventud que representa lo nuevo, brutal (8) pero directo, y los exiliados conservadores que viven en un continente que es faro de la cultura, pero también sostiene una sociedad en descomposición. Son justamente todos estos rasgos milenarios y decadentes los que, asegura Cooper, dan material para escribir historias (9). En Fiesta son los exiliados de la “generación perdida”, aquellos escritores de literatura americana, los que se mueven por Europa, que los recibe como si estuvieran en su casa. Hemingway ve en París lo familiar, lo que lo tranquiliza después de viajar a España. Pero ese grupo de artistas ya no enfrenta con su espíritu libre el conservadurismo europeo y europeizado. Están en medio de una década marcada por la frivolidad y la diversión al ritmo del jazz y la bebida. Beben prácticamente en todo momento, y las discusiones entre ellos nunca pasan de problemas inmediatos relacionados con Brett, o con los placeres etílicos, culinarios o espectáculos como los de San Fermín. En ese lugar se ve cómo Europa es el recipiente perfecto para el grupo, ya que en esa fiesta toda la ciudad se emborracha.

La bisagra. Década del 20 y década del 30.

Si la bisagra en Daisy Miller aparece cuando Winterbourne renuncia al amor de la joven, en Fiesta no se puede encontrar un momento que marque un antes y un después, porque aquí los dos mundos sí se pueden reconciliar, y de hecho no hay más que leer la novela para ver cómo los estadounidenses se mueven con soltura por Europa sin ser víctimas de ningún juicio de valor. Tampoco se producen rupturas drásticas. Cohn vuelve con su antigua mujer. Jake continúa su amistad con Brett. Brett vuelve con Michael. Bill retorna a Estados Unidos. Él es el nexo más claro que hay con ese país, y sin embargo se las arregla muy bien en Europa, salvo los problemas de idioma en España. Pero el ambiente festivo cambiaría abruptamente con la llegada de los 30’, década donde el compromiso social de los escritores estará a la orden del día. El afianzamiento del fascismo, y el surgimiento del nazismo, anunciarían una futura guerra de los imperialismos por el reparto de tierras y mercados. Pero nada de esto se puede ver, ni por casualidad, en las camaraderiles reuniones de Fiesta. Si esos escritores de caen rendidos ante el panorama festivo, la alta sociedad, y los precios bajos de Europa (10), en la nouvelle de literatura americana de James se puede ver cómo el carácter de Daisy resiste a la decadencia y conservadurismo, y muere en su ley, cultivando la flor de la juventud audaz y la belleza arrebatadora, esa flor que Winterbourne ni nadie pudieron secar, y que floreció en el siglo 20 a través de luchas y revoluciones por la libertad.

Notas:

(1) “Entonces advirtió que esa mirada era perfectamente directa e impávida. No obstante, no era lo que hubiera podido llamarse una mirada inmodesta, pues los ojos de la muchacha eran singularmente honestos e inocentes”. Pág. 19.

(2) “Pero Daisy, en esta ocasión, continuó presentándose como una combinación inescrutable de audacia e inocencia”. Pág.58.

(3) “-Efectivamente es bella. Pero es muy vulgar”. Pág.29.

(4) “Supongo que Brett sólo quiere aquello que no puede tener. Bueno, la gente es así”.

(5) Él sólo sigue las reglas de la caballerosidad, como se puede ver en la escena de la página 61, en que le recomienda subir al carruaje con la señora Walker para salvar su reputación.

(6) “-No puedo evitarlo. De todas formas, ahora soy una perdida”. “-¡Me siento tan fulana, tanto!” todo en la pág. 206.

(7) Y también a nosotros, por supuesto, atentos lectores de literatura americana.

(8) Un adjetivo que no tiene nada de inocente. El protagonista de The Jolly Corner se asombra ante la monstruosidad de las construcciones de la ciudad de Nueva York, a la que regresa después del exilio.

(9) James Fenimore Cooper. American Literature (Literatura americana). 1928.

(10) Bill le dice a Jake: “Eres un expatriado –continuó–. Has perdido el contacto con la tierra. Te has vuelto un cursi. El falso estilo de vida europeo te ha llevado a la ruina moral. Te matas bebiendo. Estás obsesionado por el sexo. Te pasas el tiempo hablando y sin dar golpe. Eres un expatriado. ¿Lo ves? Te pasas la vida yendo de un café a otro”.

Bibliografía utilizada:

James, Henry. Daisy Miller. Colección Fontana, Barcelona, 1997.

Hemingway, Ernest. Fiesta. Seix Barral, Barcelona, 1985.