En Artes > literatura americana
Podemos comenzar este artículo teniendo en cuenta la literatura americana, y en relación a un punto del eje del programa y los temas relevantes al mismo (la ficción de guerra), podemos analizar de manera general las manifestaciones comunes en distintos autores (teniendo en cuenta un corpus acotado), especificando el desarrollo de las mismas a través de sus obras, tanto en Ernest Hemingway como en W. Faulkner, tomando principalmente a Hemingway y haciendo referencia también a Faulkner y –en menor medida- a Stephen Crane. Así, en la literatura americana, podemos observar de manera general el tratamiento que hacen los mencionados autores sobre la guerra, tanto en sí misma como en relación a los resabios, huellas o marcas que ella deja –en sus diversas formas-, a través de las distintas ficciones, y en relación a este eje temático.
Así pues, con respecto a esta literatura americana, observamos en Hemingway la existencia de un estilo seco, sencillo (presente en su narrativa breve por ejemplo), un estilo carente de metáforas, reduccionista, con simplificación de la sintaxis y una concisión dialógica. Prevalecen las oraciones breves y coordinadas; no predomina la subordinación; se plasma de esta manera un efecto fragmentario, una imposibilidad de completar y ahondar en el pensamiento debido al dolor irreparable provocado por las guerras. Un ejemplo de esto señalado lo conforma la viñeta “Capítulo III”, donde se plasma la espera de que pusiera una pierna encima y entonces hicimos fuego. Venía muy bien equipado. Un gesto de infinita sorpresa se reflejó en su rostro antes de caer. Después, tres más escalaron el muro. Les tiramos, y a todos les ocurrió lo mismo. Se refleja aquí lo arriba expuesto, notándose además la violencia, existente como asunto. También con respecto a esta literatura americana, en Ahora me acuesto se hace más evidente la marca irreductible y el dolor causado por el momento bélico, haciendo alusión a que no quería dormir. Hacía mucho que estaba así, desde que una noche habían hecho volar el lugar en que me encontraba y fue entonces que sentí que se me iba el alma y luego volvía. Trataba de no pensar nunca acerca de ello.
En Faulkner, y también teniendo en cuenta esta literatura americana, observamos un estilo más elaborado, una prosa compleja, que se adapta a las dificultades de las reflexiones de los personajes. Utiliza una técnica realista, reproduciendo así la forma de habla y las costumbres sureñas. Dado que Faulkner es el hombre del sur de los Estados Unidos, región idiosincrásica distinta del resto del país,en su narrativa breve –especialmente- se observa la recurrencia de determinados temas tales como la preocupación por el cambio y posterior deterioro del pasado arraigado en la tradición sureña, ese “Viejo Sur”, anterior al avance mercantilista e industrializado del “Nuevo Sur”, el Norte. En Faulkner se sintetiza la realidad de la guerra civil en el sur, la gran derrota. Su tema –la calidad de presente que posee el pasado- y por ende, ese presente efímero, condicionado por la tradición del pasado, es el resultado, la marca de la acción bélica pasada, y ese afán nostálgico de recuperar el pasado en peligro. También con respecto a esta literatura americana, en Evangeline, Faulkner manifiesta este sentimiento resguardando la descripción de personajes o lugares del presente impregnados de pasado, acercándolos así a la idea de memoria, haciendo las veces de tradición, puesto que hacía siete años que no veía a Don y seis y medio que no sabía nada de él cuando recibí un telegrama pagadero en el destino: tengo fantasma parar ti. Así, con respecto a esta literatura americana, ese pasado que quiere retornar como presente, adoptando a veces la postura de “fantasma”, a veces como fatalidad, otras, como augurio. También en Sartoris, se ve en ese estilo complejo (la existencia del pasado en el presente) la recurrencia de personajes tradicionales del sur, como Byron, perteneciente a los Snopes (clase social más baja, aún más que los negros, conocidos como los “white trush”). Entonces, el presente del relato se alimenta del pasado, de ese glorioso sur afectado por la catastrófica e irreversible aparición de la guerra. El tema preponderante existente en la narrativa de Hemingway –la inevitabilidad o inexorabilidad del desastre- forma parte del panorama trágico y desesperanzador de la guerra, ese clima del que no se puede escapar. Su técnica aplicable a las distintas obras, guarda estrecha relación con el tema adaptable en su narrativa arriba mencionada, puesto que con esta técnica se deduce la esfera semántica a partir de lo expuesto. La guerra se configura como forma de violencia de manera repetida en la narrativa general de Hemingway. Esa violencia adopta similar manifestación, además de la guerra, como la caza mayor, la pesca de grandes peces el toreo.
Existe, en relación con esta literatura americana –inherente a la temática de Hemingway- la aparición de un código (una conducta autoimpuesta entre uno y su acto), que tiende a redimir la incoherencia del mundo, cuya realidad es dolor y muerte. Sus elementos –el compromiso del personaje consigo mismo, la validez del sacrificio...- ayudan a hacer frente a esos males mediante el aumento de la dignidad, el honor, la identidad y el coraje: “Si su preocupación ha sido la mortalidad, su ambición es nada menos que la inmortalidad menciona la posibilidad de escribir algo que no envejecerá prontamente. La crítica se desplaza alejándose del objeto de Hemingway, que ha sido la inmediatez. Su ardiente búsqueda de la experiencia lo ha comprometido en una campaña vitalicia contra todo lo que tienda a interponerse en su camino.
En otro punto, también en relación con esta literatura americana –se muestra en los textos generales de Estudios sobre los modernistas, el agua, elemento contrastante a los ojos de Hemingway y de sus semejantes, simboliza la purificación y la renovación de la vida. La lluvia repiquetea una cadencia que recorre su obra, observable de manera más efectiva en Adiós a las armas, que acompaña al personaje en momentos relevantes de su vida, tales como la retirada de Caporetto, los momentos más difíciles entre Catherine y Frederic (se anuncia como imposibilidad de continuidad de ambos por diversas circunstancias), hasta llegar a la muerte de la “heroína”, “e incluso es la última palabra del final”. Se presenta entonces como un elemento cercano al sentimiento pesimista, o mejor aún, como elemento de índole realista, que acompaña la crueldad, la violencia y la “inexorabilidad del desastre”, propias del momento de guerra vivido. La disparidad entre la retórica y la experiencia llegó a ser evidente durante la primera guerra mundial. Por ejemplo –y según lo explicitado anteriormente, respecto del estilo en su narrativa- aplicar lo más simple, fragmentario y hasta lascivo posible un adjetivo, que de otra manera puede otorgar un efecto más gráfico o incluso metafórico y poético. Así, en lugar de decir los pesqueros ‘pintorescos’ se modifica en el texto diciendo ‘condenadamente hermosos’, describiendo así las acciones existentes y connotando la pesada realidad inmersa en cada acto, en cada dicho, procurando mostrar la más cercana y vívida realidad del momento. Si consideramos al adjetivo un lujo (una suntuosidad), decorativo con más frecuencia que funcional, bien podemos comprender porqué Hemingway no lo cultiva. Tanto en Hemingway como en Faulkner: A veces, el
diálogo invade todo. Está encargado de expresar todo lo que el autor intenta comunicar: acciones, gestos, tono de la voz, y toda la gama de sentimientos –y preferentemente los más oscuros. La sencillez, la simplicidad y la superficialidad de las palabras pueden significar mucho igualmente: la creación literaria está basada en el principio del ‘iceberg’. No debe verse nunca más que un séptimo de lo que está bajo el agua”, según Hemingway. Así Hemingway hace hincapié en los valores morales de los hombres rudos (prevalece la acción sobre el discurso).
También, con respecto a esta literatura americana, en Faulkner el tiempo se configura como principal, oscilando entre un pasado y un presente permanentemente entremezclados entre los acontecimiento bélicos vivenciados por los personajes. Tanto Faulkner como Hemingway quieren decirlo todo, en relación a esas experiencias de la guerra, pero de un modo diferente: Faulkner, por acumulación y sobreabundancia; Hemingway, mediante la sugerencia y el sobrentendido.
En Hemingway se plasma de manera evidente esa necesidad por contar la experiencias, por mostrar la realidad por más cruel que ésta parezca. Se observa en Adiós a las armas, pero también en –por ejemplo- Río de dos corazones (con protagonista a Nick Adams), donde se cuenta una expedición que una vez Hemingway hiciera a la península del norte de Michigan. Se enfatiza así un paralelismo: la vida personal convertida en ficción. Al igual que su personajes (Nick), Hemingway fue también a la guerra. Se ve así un parangón del efecto que producen las experiencias bélicas.
Y en relación con la literatura americana y con los acontecimientos que se suceden en el ámbito inevitable de la guerra; la herida conforma otro elemento trascendental, que toma forma tanto física como psicológicamente. Es la herida que se trae del campo de batalla y se lleva en el cuerpo, pero es también la que queda a modo de cicatriz plasmada a fuego en la mente, en el inconsciente, es la experiencia de la que no se puede hablar, sólo imaginar, es indecible o sólo efectivamente mencionada de manera fragmentaria, con el estilo característico antes mencionado: no puede recordarse el olor de un campo de batalla en tiempo caluroso. Se recuerda que tal olor ha existido, pero nada que nos
ocurra podrá hacerlo volver a nuestra pituitaria. La mayoría de los hombres, en la guerra, mueren como animales; no como hombres. Las experiencias de la guerra (psicológicas) han dejado la huella de la misma forma que las heridas, en el campo bélico (físicas): “Esta(s) herida(s) (...) es (son) un signo exterior y visible de una “desgracia” interna y espiritual”. Esas experiencias se traducen en trastornos futuros, puesto que las marcas fijadas en el inconsciente, aparecen visibles en pensamientos que se pretenden olvidar, pero que son recurrentes en sueños y/o pesadillas constantes. En Hemingway (asemejándose a Faulkner) aparece explícitamente en –por ejemplo- Ahora me acuesto, donde se ve de manera repetida el monólogo interior, el fluir de la conciencia, constante, que recurre, y la necesidad (sin éxito aparente) de no pensar. Así, la prosa se ajusta a las dificultades del pensamiento.
En cuanto al tema existente en Faulkner –la calidad de presente que tiene el pasado-, se conforma así como efecto de la catástrofe, de la guerra; Sartre (en un trabajo sobre este tema en Faulkner) expone que los personajes carecen de sentimiento de libertad porque viven esclavizados por el pasado: “Más allá del presente no hay nada, porque el futuro no existe”. Este sentimiento de irreversibilidad, se asemeja al existente en la narrativa de Crane, cuyo tema principal (y respecto de la guerra) es el viaje sin retorno, la imposibilidad de salida para los conflictos existentes. H.G. Wells añade que el esfuerzo humano parece inútil. En dicha narrativa se cuestiona el impulso consolador de interpretarse a uno mismo; la catástrofe y la sin-salida son inherentemente ineludibles, porque no se tematiza la idea de un refugio o fin de ello.
El acontecimiento casi irreversible de la muerte en el campo de batalla preocupa y ocupa a niveles extremos y hasta minuciosos: “En la guerra, los muertos, por lo general, son los machos de la especie humana” (...) “Es un hecho que nos acostumbremos a que todos los muertos sean hombres”, dice Hemingway (tomar la guerra como campo de observación, de detenimiento, a pesar del dolor, casi como acción masoquista, inconsciente, de retorno).
Crane manifiesta en su narrativa un sentimiento de reducción y compresión de hechos que aseguran una conmoción e impacto al lector, una inclusión de elementos
efectistas. Con esa precisión de significado, con ese decir acotado aunque significativo para mostrar lo que se quiere, es que el argumento se homologa al destino, hace la lógica causa-efecto de su narrativa. Pero Crane –a diferencia de Faulkner y Hemingway—trabaja el estupor de la representación de lo que conoce acerca de la guerra (cuenta las experiencias bélicas, sin participar en ellas). En Crane así, aparece una conceptualización de elementos recurrentes como la herida, la cual debe leerse como una metáfora: una herida otorga grave dignidad a quien la lleva.
Finalmente, haciendo relación también con esta literatura americana, Crane, en La roja insignia del valor, plasma la técnica del fluir de la conciencia; existen monólogos internos del personaje en cuanto a los sucesos de la guerra. Aparece la noción del heroísmo –que lo lleva a la guerra- pero un sentimiento de miedo también, reflejado en esos pensamientos que fluyen, en esas reflexiones internas de sus propios personajes.
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