En Artes > literatura de misterio
Probablemente, Wilkie Collins haya sido el mejor exponente de la literatura policial/de suspenso/de misterio, que hayan visto las letras. Muerto en 1889 en medio de un escándalo por la lectura de su testamento, en el que legaba todo su dinero a sus dos mujeres, Collins fue el escritor que mejor supo construir historias con largas tramas, muy bien entretejidas, detalladas y que no dejaban nada librado al azar. Fue consagrado como el gran exponente del policial inglés, opuesto al policial negro norteamericano en el cual prevalece la violencia, la sangre y las peleas (como en el personaje de Philip Marlowe de Raymond Chandler). El policial inglés, generalmente estructurado alrededor de un enigma que un detective se dispone a resolver, a través de pistas que van apareciendo a lo largo de la historia, tuvo por un lado la versión más “pochoclera”, que fue la de Conan Doyle y su entrañable personaje Sherlock Holmes, tan reconocido que adquirió vida propia, por fuera de su creador. Holmes, un detective con todas las letras, tenía un ayudante, Watson, que era un fiel espectador de todas sus elucubraciones. En la narración era el detective quien terminaba explicando la resolución de los enigmas, con motivos lógicos sustentados en las pruebas aportadas a lo largo de la historia.
El caso de Wilkie Collins es diferente: en todas sus novelas, usualmente extensas, el misterio se deja entrever al comienzo, muy solapadamente, entre bambalinas. En The woman in white, por ejemplo, al igual que en The moonstone, traducida aquí como La piedra lunar, el relato está repartido entre diversas voces, que son los distintos personajes de la historia que brindan una especie de “declaración”, que queda documentada por escrito y que va explicando distintas aristas de la misma historia. En La mujer de blanco, todo el inicio de la historia es más bien una contextualización en la que se presentan los personajes principales, sobre todo Walter Hartright, que es quien abre y luego cerrará la historia. Hartright, pintor contratado por una familia de alcurnia (otro elemento típico de las novelas de Collins), es sorprendido en un camino por una mujer vestida de blanco que aparentemente huye despavorida, aterrorizada por algo que el mismo Walter no llega a descifrar. Luego de ese episodio, toda la historia se estructura perfectamente, se van entrecruzando otras historias, aparecen diversos personajes, inclusive el memorable Conde Fosco, protagonista de una logia que, llamativamente y hacia el final del libro, terminará dando toda la signifación al enigma de la dama de blanco.
En La piedra lunar, el enigma consiste en una piedra preciosa traída de la India, regalada a una doncella que aún no ha cumplido su mayoría de edad, y que atesorada en un mueble de su habitación, al que supuestamente nadie tenía acceso, desaparece de la noche a la mañana. Por increíble que parezca, los hilos narrativos se van mostrando lentamente, con mucha sutileza por Collins, donde el narrador termina exhibiendo –porque nunca explica, siempre exhibe, pero evita explicar-, las causas de dicho robo.
¿Por qué diferenciamos con tanto énfasis a Collins de Conan Doyle? Porque en las historias de Wilkie Collins usualmente no hay detectives; y si aparecen, terminan siendo personajes completamente secundarios de la historia. Quienes van desentrañando el misterio, a través de sus declaraciones, que incluyen los núcleos centrales de lo que va ocurriendo, son los mismos personajes. Lo interesante de las obras de Wilkie Collins es que nunca hay un narrador omnisciente que todo lo sabe: los hechos se narran, siempre, desde el punto de vista de alguno de los personajes. Por eso la historia se va construyendo en base a diferentes puntos de vista, que van deteniéndose en determinados momentos y que son continuados por los distintos personajes.
Como literatura de misterio, realmente el clima que puede llegar a generar Collins es muy superior en riqueza narrativa a lo que ofrece Conan Doyle. Y no se trata de defender a uno o a otro, puesto que hablamos de dos cosas completamente diferentes. Sí pretendemos diferenciar dos maneras de concebir la literatura de misterio; una, tal vez, con más sentido del humor y mayor posibilidades de insertar bromas; otra, más sustentada, como Collins, en el placer del detalle, en el lujo de las palabras más acertadas, en cantidad y calidad.
A diferencia de las novelas americanas policiales, donde hay poco misterio y muchas sangre y golpes, el suspenso en Wilkie Collins atrapa desde el primer momento. Inclusive en muchos de sus cuentos, como “La mano del muerto”, la trama va direccionando al lector de modo tal que queda atrapado necesariamente por saber lo que vendrá más adelante, como debería suceder en una buena obra de literatura de misterio. ¿Quién podría soportar, por ejemplo, ver a esa mujer de blanco, en medio de un camino, huyendo despavorida, sin saber hacia dónde va, por qué huye? ¿Cómo dejar inconclusa una novela en la que a cada momento aparece un ribete nuevo, un pliegue diferente en su superficie? El misterio y el suspenso están ahí, expectantes: ¿o cómo podríamos explicar que, de la noche a la mañana desaparezca una piedra preciosa de un mueble aparentemente imposible de acceder? Las respuestas las tiene Collins, y usualmente se las guarda hasta el final, como en toda obra de literatura de misterio.
En la literatura de misterio de Wilkie Collins, nacido en el seno de una familia humilde, aparecen constantemente numerosas críticas a la sociedad victoriana y a la pacatería sexual por ella promovida. Sus descripciones son realmente deliciosas, y son también el componente que permite sostener el suspenso: a veces, como lectores, podemos llegar a preguntarnos ¿por qué me dice todo esto? Las razones están a la vista: el mismo Wilkie Collins es el protagonista, creador y hacedor de un misterio que por momentos resulta insoportable para quien se aproxima a sus libros.
Podríamos escribir mil páginas y cientos de miles de palabras sobre este gran escritor, ídolo de masas en su época y auténtico escritor por vocación –escribió más de 21 libros en vida, y dejó muchas obras inconclusas. Publicó mucho por entregas, demostrando que también necesitaba subsistir de otra forma, más allá de la publicación tradicional. no terminó en holgura económica ni mucho menos; fue cuñado de Charles Dickens. Dejó un legado que ha marcado un hito imborrable para los admiradores de la literatura de misterio.
Si eres un usuario registrado, puedes hacer comentarios sobre este artículo.
|
![]() |
||||||
|
![]() |
BúsquedaInformación de este artículo
Vínculo Más artículos sobre literatura de misterioPolicial, misterio y algo de fantástico Más artículos de este autorCómo formar una pequeña empresa cultural Algunos aspectos sobre cultura organizacional Historia de otro, un cuento sobre médicos Los libros antiguos en los orígenes del ajedrez |