Introducción

El período de auge de la literatura realista en España se ubica en la segunda mitad del siglo XIX, momento en que la burguesía, luego de sucesivas revoluciones, va incrementando su poder político. La plasmación de esa potencialidad se da después de La Gloriosa (1868) con el destronamiento de Isabel II y la posterior proclamación de la Primera República. Los ideales burgueses: individualismo, materialismo y ascenso social se ven reflejados en este estilo de literatura que intenta dar una muestra objetiva de la sociedad en este momento histórico. Ya no primará la exaltación de sentimientos romántica, sino una sobria descripción de los personajes y la sociedad. Un poco más tarde el naturalismo empieza a influir en Europa de la mano de Zola. La objetividad realista se ve invadida por la intervención del autor para comprobar una tesis determinada de antemano. La literatura naturalista postulará al escritor como un experimentador, contrapuesto a la figura del observador realista. La herencia y el medio ambiente como factores que moldean el carácter del hombre y, a más grandes rasgos, el de una sociedad, sector social o pueblo, tendrán un valor determinante. Galdós escribe Fortunata y Jacinta en 1886, inmerso en los tiempos del realismo y naturalismo, dos corrientes que se relacionan pero a la vez se excluyen por sus distintas características. ¿En cuál de las dos corrientes podría enmarcarse esta novela? Es la pregunta que se pretende responder en el siguiente análisis.

Presentación personajes

Con la burguesía ejerciendo el protagonismo social a partir de 1868, surge un sector que Galdós llamará “clase media”. En este sector se incluye una “informe aglomeración de individuos procedentes de las categorías superior e inferior, el producto, digámoslo así, de la descomposición de ambas familias: de la plebeya, que sube; de la aristocrática, que baja, estableciéndose los desertores de ambas en esa zona media de la ilustración, de las carreras oficiales, de los negocios, que viene a ser la codicia ilustrada, de la vida política y municipal" ("La sociedad presente como materia novelable"). En el comienzo de Fortunata y Jacinta, el narrador introduce la historia de Juanito Santacruz y de sus padres, don Baldomero y Barbarita Arnáiz. Juanito es hijo de un próspero comerciante que bien puede incluirse en esa “clase media” descripta por Galdós. Don Baldomero progresa a la par del progreso de la burguesía, con el consecuente desarrollo industrial y crecimiento de población. Las posibilidades para el comercio crecen y la familia Santacruz se desarrolla con prosperidad. En este ambiente se cría Juanito, que estudia Derecho pero no lo ejerce, sino que se dedica a las salidas nocturnas y a perfeccionar su retórica que gira según sople el viento. Entonces, don Baldomero es un hombre sin demasiadas luces pero dinámico, que hace crecer su fortuna con el comercio, que a la vez está ligado a la producción y al gobierno burgués. Juanito tiene más habilidad para el discurso y el debate filosófico pero no produce nada, es improductivo, parasitario de su familia (según Carlos Blanco Aguinaga en “Sobre El nacimiento de Fortunata”: “Un señorito (que entre veras y bromas se llamaba Delfín) que competía con sus colegas aristocráticos en inutilidad y en el amor al ocio y a las mujeres del pueblo"). Por otro lado, doña Lupe se abre paso y conquista una buena posición económica gracias al ejercicio de la usura. Esto a pesar de su viudez. Sin embargo mantiene a su sobrino, Maximiliano Rubín, un hombre con desórdenes mentales y dificultad para estudiar y posteriormente ejercer su trabajo. La obsesión de Maxi es alcanzar el amor de Fortunata. También doña Lupe debe prestarle dinero a Juan Pablo, que ambiciona algún puesto público y también cambia sus ideas políticas dependiendo del momento. Nicolás es un “curita peludo”, de nulos modales y escasa inteligencia, con una voracidad insaciable. Doña Lupe también debe alimentarlo hasta que consigue que se vaya cuando es acomodado en la estructura de poder eclesiástica.

La burguesía como sujeto de cambio

¿Todo esto aparece en la novela sin justificación alguna? ¿Es una casualidad que la nueva generación sea parásita de una generación anterior próspera? No. El período de mayor ebullición política burguesa en 1868 tiene su contracara en la Restauración de 1875, con la vuelta del Rey Alfonso XII. “Aquel día había entrado en Madrid el Rey Alfonso XII, y D. Baldomero estaba con la Restauración como chiquillo con zapatos nuevos”. El entusiasmo del joven Galdós con la burguesía como sujeto de cambio va mutando hacia la desilusión con el evidente conservadurismo que manifiesta en la Restauración. Si en las primeras novelas el burgués de clase media es productivo, creador de riqueza, con rasgos ridículos pero noble, el burgués que retrata el viejo Galdós es egoísta, a la caza de un cargo público. Esta crítica no está desarrollada a fondo en Fortunata y Jacinta (de ahí que doña Lupe conserve algunos rasgos positivos al ser una de las pocas que ayuda realmente a Fortunata, a diferencia de Guillermina, que no hace absolutamente nada por ella. La figura del usurero va a ser tratada con más profundidad en posteriores novelas), pero ya se pueden ver atisbos de mediocridad en los ejemplos anteriormente expuestos. La revolución burguesa, sin embargo, reproduce una clase dinámica que crece junto al desarrollo de las ciudades: la clase obrera, el cuarto estado. Fortunata pertenece a este grupo. Se describe el lugar donde vivía de la siguiente manera: "Los vecinos eran de dos clases: mujeres sueltas o familias que tenían su comercio en el próximo mercado de San Antón. Hueveras y verduleras poblaban aquellos reducidos aposentos, echando sus hijos a la escalera para que jugasen". Debe vender su cuerpo luego de que Juanito la abandona, y es víctima de varios intentos de institucionalización y de conversión a la figura de “honrada”. Doña Lupe y Maxi se esfuerzan en educarla, Feijoó le aconseja seguir al menos en apariencia una conducta de esposa amorosa, Guillermina la desprecia y le ofrece la salida de la resignación: basta de creerse ángel y aceptar su destino. Pero Fortunata escapa de todos esos ensasillamientos. Es una figura dinámica en contraste con los personajes enumerados al comienzo. Si bien no cambia su pertenencia al cuarto estado y es víctima de la manipulación como bien dice Blanco Aguinaga, el campo de sus sueños es un lugar subversivo. Ahí se produce la pícara idea de ser la legítima esposa de Juanito, y ese empecinamiento hace que escape a todos los intentos de domarla.

La novela realista

Veamos las características que Lukács da a la novela realista: reproducción poética de la realidad; el tipo, categoría central de la concepción realista de la literatura; la tendencia ideológica como inmanente a la situación y a la acción y no imponiéndose a ellas; relación indisoluble entre el hombre privado y el hombre público; independencia de los personajes; imperativo de presentar un espejo al mundo y hacer progresar la evolución de la humanidad gracias a la imagen reflejada. Entonces, tenemos como decíamos la reproducción de un momento en que la burguesía se sienta sobre sus logros y se inserta en el aparato burocrático. Más allá de la esperanza que todavía quedara en Galdós, su comprometida literatura realista reflejó a los tipos de ese momento, sin menospreciar su individualidad. Contrastó y unió dialécticamente a los protagonistas con el medio, considerando las interacciones de individuo y ambiente. Es por eso que Fortunata y Jacinta es una novela realista y no naturalista. Francisco Caudet habla de una literatura “naturalista espiritual”. A pesar de lo engañoso que puede resultar ese título, el crítico no hace otra cosa que abonar a la idea de que la novela analizada se inscribe en la literatura realista. Fortunata, más allá de si es merecedora del título de “heroína” o de “víctima”, escapa a un mundo ideal donde es la legítima esposa de Juanito por su capacidad de engendrar un hijo. El escape de Fortunata por medio del determinismo biológico tiene como razón de ser su imposibilidad momentánea para trascender su estatus de pobre, y a la vez una belleza e inocencia que encandila a los hombres, que al relacionarse con ella la dinamizan, hacen que comience a adquirir conciencia de su fuerza. Un proceso que a nivel individual no tiene ningún alcance: no se produce ninguna revolución ni cambio de las bases sociales. Pero muere con un hijo que probablemente rompa el inmovilismo que promueven las instituciones como la eclesiástica, encarnadas en la figura de esta especie de Madre Teresa que es Guillermina. Entonces, no es solamente una novela sobre la huida de la realidad de personajes enajenados, sino una novela sobre los primeros pasos en la adquisición de conciencia de la propia fuerza de una de las protagonistas. Más allá de cierta apelación a la frenología (se habla de que Fortunata “no tenía complexión viciosa”), hay un espíritu de literatura realista en el reflejo de una sociedad que se está transformando, un dibujo poético del inconsciente popular que se empieza a filtrar en la conciencia.