Cumbres Borrascosas, de Emily Brontë, es una de las mejores obras, una obra maestra de la literatura inglesa. La pasión destructiva que se ejercen recíprocamente Heathcliff y Catalina Earnshaw, les lleva a una situación literaria de máxima calidad. Estos dos personajes se enamoran desde niños, cuando Heathcliff es recogido por el padre de Catalina. Los niños crecen juntos, pero pronto las diferencias sociales entre ellos, los separan, sobre todo cuando Catalina se acaba casando con Eduardo Linton, el vecino de La Granja de los Tordos. A lo largo de los años, Heathcliff alimenta un odio hacia todo y hacia todos, máxime porque pierde el amor de su vida. Es entonces cuando él se fuga y Catalina se expone a una tormenta esperándolo. Ahí empieza la destrucción de ambos personajes y su declive acabará con la muerte de Catalina y con la venganza de Heathcliff.

Era lógico en aquella época que la gente tuviese que casarse con las personas de su misma clase social. La importancia de no hacer nada fuera de lo común, era algo que imperaba en la época, sobre todo en las mujeres. La mujer tenía que ser un símbolo, un pilar del buen comportamiento y todo esto se reflejaba en la literatura; y en la literatura también se reflejaban los fundamentos morales que debía tener una mujer, fundamentos morales que Catalina Earnshaw no tenía. Además de esto, Catalina tampoco conocía las artes de la seducción ni de la coquetería: cuando se encontraban sus dos pretendientes, -Eduardo y Heathcliff- no sabía disimular. Su afán de libertad era tan grande, que cuando se casó con Eduardo Linton, se sentía cada vez más ahogada, atrapada en su propia pasión y en una serie de obligaciones que estaba muy lejos de cumplir. Todo esto acabó convirtiéndose en un arma de doble filo: por un lado, se sentía bien de estar casada con el hombre más rico de la comarca ya que era muy vanidosa y le encantaba ser una gran dama. Pero por otro lado, los remordimientos de haber abandonado al que era el hombre de su vida, le hicieron enfermar de verdad. Esta enfermedad fue la que acabó con su nervios y, posteriormente, con su vida.

Es curioso como a veces las pasiones destructivas pueden llevar a las personas a pisar fondo, ya que, en este caso, la novela es un fiel reflejo de la realidad de la época. Este tipo de pasiones destructivas, las podemos encontrar en otras novelas, al igual que el "bovarismo" del que hace gala. Al igual que en CUMBRES BORRASCOSAS, Madame Bovary también siente una pasión por uno de sus amantes que la acaba destruyendo. Esta misma situación la podemos ver en La Regenta, de Leopoldo Alas Clarín: Fermín de Pas siente una enorme pasión hacia Ana, una pasión imposible, ya que él es un hombre de la iglesia y no puede impedir que ella se acabe enamorando de Álvaro. Pero volviendo a Cumbres borrascosas: esa misma pasión se convierte también en la salvación de Catalina, ya que ella vagará por los valles hasta que Heathcliff descanse por fin, con ella, al lado de su tumba. Podemos decir, por tanto, que esta pasión destructiva, es también constructiva si pensamos en un amor eterno fuera de los límites de la vida: un amor que no ha podido superar las barreras sociales, pero que consigue barrerlo todo y superar las fronteras de la muerte de dos seres que desde lados opuestos, se dan la mano.

Por lo que respecta a la venganza de Heathcliff, tengo que decir que no deja de ser una consecuencia más de esta barrera social: después de haber perdido a la mujer de su vida, Heathcliff, con malas artes, consigue engañar al hermano de Catalina y se hace así con el patrimonio: Cumbres borrascosas, le pertenece. Es entonces cuando destruye al hermano de Catalina, empezando a poner en marcha un plan urdido hacía ya mucho tiempo, en lo que podíamos llamar "el exilio", ya que después de su fuga, Heathcliff vuelve al cabo de los años, cambiado, maduro, con planes de venganza sobre todos aquellos que le impidieron estar al lado de su amada. Pero lo peor de su venganza, -o lo mejor, según él- es que consigue todo el cariño del hijo de su enemigo: Hareton Earnshaw, el verdadero dueño de Cumbres Borrascosas, antes de que Heathcliff se lo ganara en el juego, a su enemigo. Hareton crece como un auténtico ignorante y la historia se repite: volvemos a encontrarnos con un triángulo amoroso, esta vez compuesto por los hijos de los anteriores personajes, -Hareton, Linton y Catalina Linton, la hija de Eduardo- los tres niños son primos, pero mientras que Linton y Catalina son dignos herederos de sus padres, rubios de ojos azules, Hareton sigue siendo el "pariente pobre" el niño al que Heathcliff le ha quitado todo lo que era suyo. Los planes de venganza dejan de interesarle cuando se da cuenta de que le acecha la muerte y esto se convierte en una dicha para él, ya que pronto se va a reunir con su amada. Sus malas artes y sus malas mañas empiezan a dejar de ser un problema: su hijo ha muerto hace tiempo y Hareton está empezando a tener en la casa el lugar que se merece, incluso también en el corazón de su prima. Por fin la pasión destructiva deja de serlo para convertirse en algo nuevo, la novela da aquí un giro completo y tanto Cumbres Borrascosas como La Granja de los Tordos, pasa a ser de sus legítimos dueños.

Como podemos observar, la literatura de la época es una amalgama de toda una serie de fundamentos y situaciones que se daban constantemente, sobre todo, en las clases altas: las mujeres no tenían libertad para decidir. La falta de independencia de la mujer, hacía que tuviera que elegir entre los pretendientes de su misma clase social. Y esto también se observa en la literatura española, en la francesa y, en definitiva, en toda la literatura universal.