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La ciencia ficción es un género que ha sido interpretado, definido y caracterizado en formas muy diversas. Si bien no existen demasiados textos críticos referidos a la ciencia ficción en literatura, sí existen posiciones tomadas por distintos escritores que alguna vez se pronunciaron en torno del tema. Robert Heinlein se refirió a la ciencia ficción como un género en el cual el mundo real se acepta como tal, y se toman los conocimientos humanos relacionados con ese mundo como marco para las narraciones. Judith Merrill dijo alguna vez, como cita Elvio Gandolfo, que la ciencia ficción “es la literatura de la imaginación disciplinada” . Desde un marco más académico, Darko Suvin propone un esquema de dos movimientos para entender el género: conocimiento y extrañamiento. “La ciencia ficción parte de una hipótesis ficticia que desarrolla con rigor total. El resultado de esa presentación fáctica de hechos ficticios es el enfrentamiento de un sistema normativo fijo, ‘una imagen cerrada del mundo tolemaico’ con un punto de vista o perspectiva que conlleva un conjunto de normas nuevo. En teoría literaria se llama a esta actitud extrañamiento” . Un consagrado Thomas M. Disch también dijo en algún momento que “La humanidad, como idea global, es para mí un misterio. ¿Cómo se puede hablar de semejante tema a tal escala? Es la inmensidad de la escala lo que hace vacilar: nunca he escrito, por ejemplo, aventuras galácticas. Ese tipo de trabajo no tiene ningún sentido para mí, ni excita nunca mi imaginación. Me he aburrido muchísimo con La guerra de las galaxias”.
No es pretensión de este breve ensayo rastrear exhaustivamente las definiciones del género proporcionadas por críticos y escritores. Nos centraremos especialmente en la figura de quien fue fundador de la Sociedad Polaca de Astronáutica. Un escritor de literatura de ciencia ficción, con alma de cosmonauta, que se introdujo en el género para combatir los cánones: Stanislaw Lem.
El gesto de Lem
La figura de Lem en la literatura de ciencia ficción viene a poner un manto de justicia: con su extensa obra, nos queda más que claro que la ciencia ficción es mucho más que robots, naves, explosiones y marcianos. Los problemas con los que lidia buena parte de la ciencia ficción tienen, como en Lem, pero también como en buena parte de la obra de Philip Dick o Sam Lundwall, una base metafísica de fondo, suele quedar opacada por el marketing de best-sellers y los efectos especiales de superproducciones cinematográficas. En los Diarios de las estrellas, tanto como en Retorno de las estrellas y el Congreso de futurología, Lem se aferra a un personaje central que narra sus experiencias por el espacio exterior. Entremezcladas con lo onírico y lo real, e inclusive lo alucinógeno, las narraciones siempre manifiestan una preocupación. En el Viaje Séptimo, el primero incluido en sus Diarios…, Ijon Tichy cuenta una historia en la cual el Tichy del presente se reencuentra con distintos Ijon Tichy de otros tiempos, que le pegan, lo insultan, e inclusive intentan matarlo. “Se dijo después que inventé toda esta historia; los más malintencionados se permitieron insinuar que tengo una debilidad por el alcohol, bien disimulada en la Tierra, a la cual doy rienda suelta durante los largos años de viajes cósmicos. Sólo dios sabe qué clase de chismorreos corrieron sobre este tema; los hombres son así: más fácilmente dan fe a unos absurdos por inverosímiles que sean, que a los hechos auténticos que me permití presentar en estas líneas” . Los problemas en la obra de Lem, y aquí es donde debemos marcar un importante quiebre, son esencialmente humanos. Enmarcados, sí, dentro del género, entroncados con una tradición Sci-fi donde existen viajes cósmicos, naves y mundos nuevos. Pero dentro del hombre, encerrados en lo esencial de la vida terrestre. En El invencible, Rohan, el personaje central, se debate junto a un grupo de astronautas sobre cómo hacer frente a algo que parece acechar su nave, pero que no saben lo que es. Algo que les es ajeno y que en lugar de dejarlo ser, prefieren interferir con su existencia. El resultado: muertes, autodestrucción, hombres que pierden sus capacidades de pensamiento, ante ese algo que Lem nunca describe detalladamente.
Pero lo que Lem supo entrever como posibilidad narrativa fue la forma de hacer irrumpir la burla en un mundo de científicos y fórmulas. De hecho, en su Vacío perfecto, un libro que no es de ciencia ficción, también aparece este rasgo bufonesco, haciendo recordar al Borges que escribía textos apócrifos. El universo de los personajes de Lem posee esa característica propia que muchas veces los textos de ciencia ficción pierden: la risa. La escritura de Lem no persigue el afán explicativo, sino que escoge un atajo tan válido como efectivo: la parodia, la sátira. Evita el referirse a ciertas cuestiones, simplemente las imita, las deja en ridículo. Las discusiones entre científicos en El invencible son verdadero testimonio de ello, al igual que los problemas cotidianos que suele sufrir Ijon Tichy (por ejemplo, el incidente de una milanesa que se le escapa por la escotilla y queda describiendo una órbita estacionaria alrededor de la nave).
La búsqueda de un nuevo aporte a las clásicas miradas de la literatura de ciencia ficción sobre los problemas del mundo reportó en la obra narrativa de Lem la apertura de una nueva forma de enfocar los problemas. En otro escenario, pero en direcciones similares, Sam Lundwall escribió “Aquí solamente sombras” , la trágica historia de una mujer cuyo pasado consiste en una “nada absoluta” y “Llévame río abajo”, una epopeya de quien pretende escapar del universo. Tampoco podemos dejar de considerar “Bajando”, de Thomas Disch, donde un hombre muere bajando escaleras interminables en un shopping. Todas estas elecciones, como tantas otras, forman parte indudablemente de una importante cantidad de textos que pertenecen al género de ciencia ficción y que sin embargo recorren caminos más alejados del canon o los principios más comunes de lo que se suele denominar como “característico del género”.
El logro de la literatura de Lem, que inclusive fue expulsado de la Sociedad Norteamericana de Escritores de Ciencia Ficción por ser muy crítico respecto del nivel de tales escritores, fue instalar una nueva concepción del género. Este cosmonauta polaco, con su espíritu cargado de burla, permitió darle otra mirada a ese futuro que muchos imaginaron oscuro y desesperanzado. Lem eligió reirse.
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