Habiendo referido en otras oportunidades a los primeros períodos del arte, Antigüedad, Grecia y Roma, Temprana Edad Media, Edad Media Tardía, Siglo XV y Siglo XVI, seguiremos por Barroco y Clasicismo.

En el Siglo XVII, reinaban la escasez y el hambre, epidemias, guerras, rebeliones y revoluciones. El arte fue la forma en que la iglesia demostraba su poder.

El liderazgo artístico lo tuvo Italia. En Venecia, Génova, Bolonia, Florencia y Nápoles había comunidades artísticas con lenguajes propios.

La iglesia persuadió y conquistó más fieles debido a las artes, la escenografía de la fé estaba en esculturas, frescos, cuadros, bóvedas y cúpulas. Siguiendo ese ejemplo, prelados, príncipes y embajadores practicaban el mecenazgo para mantener su rango.

La decadencia política y económica que presentaba España estaba disimulada con una producción artística brillante. Alemania, desgastada por la guerra de los treinta años obligó prácticamente a sus artistas al exilio. Inglaterra poseía una política económica y comercial agresiva. Los Países Bajos estaban desunidos allí había dos polos artísticos separados y fecundos, y Francia con el reinado de Luis XIV abarcó los ámbitos intelectuales y artísticos. (Mignard, cúpula de Val-de-Grace, Trabajpos en Versalles: Le Vau, Le Notre, arquitecto y diseño de jardines respectivamente.)

A diferencia de otros períodos del arte, el Barroco se caracterizó por el desborde de la ornamentación y el gran decorado, la simplificación en el tamaño de la figura humana y la exacerbación y exuberancia de un gran número de figuras y recursos para ornamentar y disfrazar el mensaje, así como en la literatura se recurrió al uso de metáforas y en la música a las composiciones recargadas.

El Barroco Romano surgió como respuesta a la ruptura entre católicos y protestantes luteranos. Una de las piezas claves para esta reconquista fue la Compañía de Jesús.

(Altar de San Ignacio, Roma; Iglesia del Gesú).

Bernini y Borromini fueron dos grandes arquitectos rivales de este período. Bernini realizó estatuas para el cardenal Borghese, entre ellas Apolo y Dafne, y fue puesto a la cabeza de la construcción de San Pedro por el papa Urbano VIII.

Borromini que trabajó un tiempo en el taller de Bernini y juntos terminaron el baldaquino de San Pedro, se hizo cargo de la construcción del convento y la iglesia de San Carlos de las Cuatro Fuentes y luego el oratorio de los filipenses, apartándose de esta manera de Bernini.

(Cúpula de San Andrés de Quirinal, Bernini; Escalera Regia, Bernini; Oratorio de los Filipenses, Borromini; San Ivo de la Sapiencia, Borromini).

Las bóvedas y cielos a la romana fueron lo que le ganaron el apodo de la capital del gran decorado. Se desplegaba grandeza y fastuosidad en bóvedas y techos suntuosos con temas mitológicos y sagrados. Se amplió la composición y se redujo la escala humana. (La visión de San Juan Evangelista en Patmos, Decorado de la Bóveda de la Galería Farnesio).

En otros períodos del arte se prefirió el clasicismo de los hermanos Carracci al estilo del controvertido y violento Caravaggio. Este desdeñaba de Rafael y de lo antiguo, haciendo un culto de lo feo y lo trivial. Representaba una realidad de manera brutal, ya que conocía la dureza de la vida por experiencia propia, lo expresaba en su pintura.

La manera única que tuvo de capturar la luz teatralizando y dramatizando fue la característica principal de su obra. Dedicándose a la pintura religiosa, creó cuadros sombríos y severos que quizás acercaban al hombre con falacias a una espiritualidad más sincera.

Luego hubo una oleada de pintores Caravaggistas, como Georges de la Tour, Hendrick Janz Ter Brugghen o Valentín de Boulogne.

La construcción de San Pedro en Roma aspiraba a reforzar el poder eclesiástico y el predominio espiritual del Vaticano a través del tiempo asegurándole un papel destacado entre el resto de los Estados de Italia.

A partir del siglo XVI, también se comenzó, en la pintura, a valorar lo cotidiano, una naturaleza muerta, una mesa servida, un personaje comiendo. (El comedor de Habas, Naturaleza muerta con cabeza de carnero).

Diego Velázquez fue el representante de la escuela española, desde la humilde realidad cotidiana marcó la pintura e influenció la historia.

Era un pintor cortesano que realizaba retratos oficiales, proponiendo poses naturales para expresar la humanidad del modelo.

En cuanto a las tonalidades que utilizaba, en una primera etapa estuvo muy influenciado por Caravaggio, para luego trabajar con una pincelada rápida mezclando los colores y dándoles la sensación de aterciopelado. Llegó a ser un espectacular pintor realista. (Las meninas, El bufón don Sebastián de Morra).

Rubens fue inventor de composiciones exaltadas, pintor colorista, artista intelectual, embajador ocasional y amigo de los soberanos. Confirió a su obra color y movimiento, celebró el cuerpo humano y construyó una fórmula personal. (El rey bebe, Silenio borracho, Consecuencias de la guerra).

Rembrandt fue considerado el poeta del claroscuro, uno de los más grandes pintores de todos los períodos del arte. Su audacia formal desconcertó a sus contemporáneos pero a su vez fue imitado y estimado por la fuerza emocional de sus retratos.

(El pintor en su Taller, Autorretrato del artista ante el caballete, El buey deshollado, Retrato de una pareja, llamado “La novia judía”).

El grabado en madera apareció en Occidente a mediados de siglo XVI, y el confeccionado en cobre fue desarrollado gracias a Durero. Era preferido por los artistas el uso de aguafuertes y buril. Con esta técnica novedosa la obra de arte se pluralizó.

De esta manera, y a finales del siglo XVII, cerramos una nueva etapa de los períodos del arte a través de la historia.