EL BARROCO: FENÓMENO METAHISTÓRICO

“¿El movimiento histórico es un desarrollo o una repetición?

¿Existen leyes en esta rama del acontecer mundial?

¿La historia está regida por el destino, por el azar,

por la voluntad humana, individual o colectiva?

¿Será posible…aplicar un criterio general de periodización

a toda la humanidad?”

Para comprender la historia. Juan Brom

No hay duda que la historia está llena de verdades a medias, si no, de una irreprochable amnesia colectiva. El humano es escéptico por naturaleza, cosa que en algunas situaciones lo ampara y en otras no. Pareciera quimérico, inútil e imposible, aceptar totalitariamente aquello llamado: intuición, y se nos dificulta admitir, a pesar de las evidencias científicamente comprobadas, la ulterior existencia de Lemuria, el desaparecido continente del Océano Pacífico, y de la Atlántida; otra gran masa continental sumergida bajo el Océano Atlántico: dos espléndidas civilizaciones extraviadas en el “illo tempore” de la humanidad histórica, que a posteriori abrieron paso a una nueva raza: La Adámica: religiosa, nefasta y falazmente conocida por el mundo entero gracias a la hermosa fábula bíblica proveedora de una ingenua visión antropogónica engendrada por el viejo mundo de una manera casi omnipotente, casi omnisapiente, casi que nos obliga a renunciar de un pasado del que todos somos hermanos; un ayer que explica y resuelve las incógnitas de las asombrosas similitudes socioculturales y arquitectónicas en los diversos períodos del arte determinados por los estudiosos, entre teotihuacanos y egipcios, entre mayas e hindúes, separados por distancias geográficas y seculares inconmensurables. Sin embargo, nadie explica quién influyó a quién en qué período del arte, nadie sabe nada a menos que se hable de paralelismo. Astrólogos, esotéricos, iniciados y la nueva vertiente de historiadores y estudiosos de los períodos del arte, aseveran que aunque ni siquiera en tiempos demasiado remotos, estos pueblos se hayan conocido o hayan establecido alguna especie de contacto, el momento cósmico astrológico influía en el período del arte en el planeta de tal manera que generaba un pensamiento similar y simultáneo en gran parte de la humanidad desarrollada que poblaba el planeta en ese instante. Por tal razón, no es de extrañar, que al igual que los pueblos nórdicos, europeos, africanos y asiáticos, América y sus pobladores indígenas, también poseían una interpretación propia de su referente mítico, también guardaban las claves del origen del hombre y del universo. El Popol Vuh y el Libro de los Libros del Chilam Balam son una muestra de ello, o ¿acaso los quichés de Guatemala en su Popol Vuh primigenio, desintegrado en el incendio de Utatlán, no guardaban también las claves del origen de hombre y del universo?, ¿acaso no poseían los pobladores de esta mal nombrada América una interpretación propia de su referente mítico?, ¿será tan absurdo pensar que hayan tenido conciencia de lo sagrado y lo profano, de lo superficial y lo profundo, de lo dinámico y lo estático, de la claridad y la oscuridad, de lo artístico y lo no artístico, del advenimiento de una transición o período del arte, de lo clásico y lo barroco?; por otra parte, ¿será que los templos Gomapuram, en Mysore, India pertenecientes al período del arte y de la historia de los siglos primero y segundo después de Cristo, junto con los Jainas del siglo cuarto antes de Cristo, son una muestra escultórica y de grandiosos portales con varios pisos superpuestos con suficientes elementos de una especie de barroco muy sui generis, de un barroco abigarrado mezclado con el equilibrio clásico.?

No podemos evadirnos delo que la realidad ante nuestros ojos nos muestra, porque aunque nos resistamos, tal y como lo apunta Mircea Eliade en su libro “Lo sagrado y lo profano”, según la edición madrileña de Guadarrama y traducido por Luis Gil, “ el hombre religioso siente la necesidad de sumergirse periódicamente en ese Tiempo sagrado e indestructible. Para él , es el Tiempo sagrado lo que hace posible el otro tiempo ordinario, la duración profana en la cual se desarrolla toda existencia humana. Es el eterno presente del acontecimiento mítico lo que hace posible la duración profana de los acontecimientos históricos.” Aquí debe entenderse el concepto de hombre religioso como todo aquel ser humano capaz de reconocer a uno o varios dioses y también aquél que participa de un grupo religioso con intenciones de fraternidad.

Ciertamente, las interpretaciones sociales, históricas y culturales, desde una perspectiva europea son parcialistas, eurocentradas, algo así como que el mundo gira porque somos y estamos gracias a los períodos del arte que también de la historia, pero determinados por un grupúsculo de eruditos europeos.

La idea de estas reflexiones no ha sido en ningún momento problematizar en lugar de solucionar, en todo caso, no es un planteamiento estéril porque buscamos establecer lo que todo ensayo preliminar hace, las suficientes premisas que argumenten y presenten en este caso al barroco como un período del arte visto como un fenómeno metahistórico que al manifestarse propone la sensibilización humana como acceso a la divinidad, de una manera más auténtica, más acorde con las necesidades espirituales en vez de religiosas.

EL BARROCO ARQUITECTÓNICO Y ESPIRITUAL

El curso de la historia está constituido por hechos singulares e irrepetibles, palabras de Eugenio D´ Ors, que constatan la existencia de suficientes evidencias materiales e inmateriales que caracterizan a un tiempo y espacio como clásicos, renacentistas, manieristas, barrocos, románticos o modernos; pero no podemos negar el constante retorno a lo clásico y a lo barroco, a lo apolíneo y a lo dionisíaco, que quizá sean los dos extremos de la existencia, necesarios para instaurar un equilibrio, un factor intermedio que nos devuelva una mirada más universal hacia nuestro interior.

Eugenio D´Ors sugiere, al respecto, dos planteamientos: el primero identificado con el eón barroco, de espíritu heterogéneo, activo, libertino, de conciencia fragmentada; y el segundo, señalado como el eón clásico, de espíritu homogéneo, pasivo, ascético, de conciencia ordenada; sobre lo que deducimos y afirmamos que así como conocemos los períodos del arte barroco europeos, a saber: el alejandrino, el gótico flamígero, el barroco histórico de los siglos dieciséis y diecisiete y el rococó, también el arte mesoamericano e hindú, en épocas pretéritas, crearon propuestas arquitectónicas y escultóricas con predominancia de líneas curvas, de abigarramiento ornamental, del tratamiento de un tema complejo dentro de una sensación de profundidad de las formas, de un realismo impresionante, comparable con el período del arte singularísimo como el el Barroco de Indias o el español, el francés, el italiano, el alemán o el inglés.

Hasta ahora, en este estudio preliminar sobre el periodo del arte barroco como fenómeno metahistórico, hemos realizado un alcance desde un punto de vista conductual, histórico, arquitectónico y escultórico, claro, someramente, por ahora. En el caso de la pintura, oralitura y literatura, paralelizar, significaría convenir en una investigación más exhaustiva para poder corroborar nuestras hipótesis; de modo pues que sería un tema de desarrollo e interés futuro. Los períodos del arte guardan facetas interesantes por explorar, sobre todo, aquellos relacionados con el arte de la edad media.

BIBLIOGRAFÍA

Brom, Juan. Para comprender la historia.

Eliade. Mircea. Lo sagrado y lo profano. Segunda edición. Madrid. Ediciones Guadarrama. 1973. Traducción: Luis Gil.

Aguiar e Silvar. Teoría de la literatura. Madrid. Gredos. 1979.

Muñoz, José. Los períodos del arte hispánico.

Sequera, Carlos. Los períodos del arte no son nomenclatura universal.