En una de las radios antiguas de Brisas de Cienfuegos

Eran las 9:45 de la noche cuando el dinosaurio gris repicó varias veces en la cabina del operador de una de las radios antiguas de la localidad. Clodomiro Paniagua no contestó porque en ese mismo instante recibió una alerta de incendio de la Planta Cochineros, ubicada al pie del Cerro COPEI. Los malditos dejaron encima del transmisor un cartón de leche, y como era de esperarse, el calor de las bobinas perforó el papel parafinado y ocasionó el derrame lechoso sobre el interior del aparato eléctrico. La leche se llevó su buena suerte de panzudos perezosos y los lanzó al cementerio de desempleados, sin derecho a prestaciones sociales. Al cabo de unos quince años, el Alcalde de Cienfuegos, bautizó al campo santo, por recomendación del Ministro de Salud, con el nombre de Cementerio La Arrechera, porque en vida la arrechera del desempleo les apolilló hasta el esqueleto. A las 10:45, el vejestorio resonó con estruendo en el silencio de la estación. No contestes – le dije a Clodomiro- deja que yo lo haga; quiero saber quién llama. Dejé que repicara una cuarta vez y levanté la bocina:

- Aló, sí, buenas noches. Radiodifusora Brisas de Cienfuegos. ¿ En qué le puedo servir.?

Hubo un silencio sepulcral. Nadie habló. Tanta amabilidad para que ni siquiera el eco burlón contestara.

- Aló... quién es... –pregunté esta vez encolerizado- Si no contesta ahora mismo, la próxima vez rastrearé la llamada y le aseguro que irá a parar a la cárcel del cementerio.

De pronto, un grito ronco, familiar, salió por el auricular:

- ¡Qué vainas son esas Argimiro!

Con acento agudo y nervioso repliqué:

- ¿Con quién tengo el gusto?

- ¿Como que con quién tengo el gusto? –respondió el vozarrón- Soy Marcelino Piedrancha, el sepulturero del Cementerio La Arrechera. ¿ Cómo es que no recociste mi voz? ¿Cuarenta y cinco años viéndonos las caras y no sabes quién soy?

-Disculpa, Marcelino –repuse al unísono y con cierta excitación liberadora-seguro esta mierda de teléfono tiene un cable flojo y por eso no te escuché con claridad. Cuéntame, qué quieres.

-Bueno chico –dice el sepulturero- tú sabes cómo son las cosas por aquí. Necesito que mañana, en cada noticiero, me pases una manchetica.

-Y eso – repliqué-

-Es que los desempleados mueren por docena, día a día.

-Y cómo hacemos – le dije intrigado-

-No sé, di algo como esto: ¡Alerta, alerta. Los desempleados residentes en el Cementerio La Arrechera mueren por docena todos los días. El llamado es para que las autoridades competentes se apersonen y resuelvan el asunto a la brevedad.!

Está bien Marcelino – pronuncia Argimiro- pero no te garantizo que el Gobierno se ocupe del asunto. Tú sabes que la dictadura traga gente sin detalle. El año pasado encontraron a doce personas emparedadas en la Urbanización Cienfuegos Country Club. ¡Pobres!

Marcelino hizo un silencio de tres segundos y luego vociferó en tono episcopal:

-Gracias compadre y disculpe tanta molestia. Si le preguntan quién puso la denuncia, dígale que fue el expresidente coño e´su madre de Calderón, de pronto lo ponen a comer porquería un ratico por habernos mandado a la mierda del disque emperador que tenemos.

-Tranquilo, para eso estamos, para molestarnos de vez en cuando, eso sí, antes de que nos pinchen el teléfono.

(radios antiguas.cuento)