Por Ricardo Sayalero García

INTRODUCCIÓN

“Desde los tiempos de la conquista,

la música de América Latina y del Caribe

ha ido perfilándose a través de préstamos,

sustratos o reinterpretaciones. En un sutil

equilibrio de alquimias, las aportaciones a

veces antagónicas de Europa, de África y

de las civilizaciones precolombinas, el Nuevo

Continente ha gestado un florilegio sorprendente”

La música latinoamericana. Isabelle Leymarie.

El 28 de octubre de 1492 Colón avistó la hermosa Isla de Juana (Cuba). Veintiocho años más tarde la expedición Magallanes-Elcano penetró en el río de la Plata y comprobó que el afluente de Solís no era un estrecho. Las fundaciones de Uruguay y Argentina son mucho más tardías que los primeros asentamientos cubanos: Baracoa 1511, Santiago y La Habana, 1514. No obstante, la trasculturación musical que los hermana se consolidó, de manera simultánea, en el siglo XVIII, con la invención cubana de la guaracha relacionada con formas precedentes africanas y con ritmos binarios similares al de la habanera; y la aparición también, ya finisecular, del candombe uruguayo que reprodujo y estableció el culto africano bantú entre el hombre y los orishas (divinidades). Una situación similar, aunque mucho más pronunciada, experimentó el candomblé brasileño que ritualizó sus esquemas en relación con el elemento foráneo “Ketu, Gegé, Angola y Congo, Ijexá, Bantú o Xangó de Caboclo” Los antecedentes musicales que dan origen a los bailes y ritmos afrocubanos estuvieron vinculados con la fiesta religiosa de Corpus Christi , los cabildos afrocubanos y la fiesta del Día de Reyes (siglo XVI). De este mestizaje rítmico surgieron danzas como “la gayumba, el zambapalo, el retambo, el paracumbé, el yeyé, la cachumba, el zarambeque, el gurrumbé, la chacona, la zarabanda, el guineo, la calinga, la chica, el chuchumbé, entre otros” En Argentina y Uruguay fueron los bailes de ranchería del siglo XVIII, los que, junto con el fandango negro, inauguraron los candombes y las milongas o “cantos negros de carnaval parodiados por los blancos e integrados posteriormente en el repertorio de los payadores”

Fernando Ortiz, en su tratado de música afrocubana, habla sobre “la concurrencia de las músicas blancas y negras” que según el grado de amestizamiento, “origina una música eurocubana, de elementos blancos caldeados en el trópico climático y humano (por ejemplo: la canción cubana y la guajira al son del tiple) y otra afrocubana, en la cual se acentúan los factores negros(como la rumba y el son)”. De modo pues que si el candombe uruguayo proviene de las tonadas negroides y el tango rioplatense es el resultado de los elementos afros implícitos en la habanera y la milonga, no cabe la menor duda, que se está en presencia de una conexión musical interesante y sinrética entre Cuba, Uruguay y Argentina, y es esto lo que se pretenderá comprobar más adelante, en el desarrollo de la temática.

Blas Matamoro, en sus investigaciones sobre el tango, menciona a Ricardo Rodríguez Molas autor de : “Africanía del Tango”, haciendo referencia precisa sobre la vinculación semántica de esta controversial palabra con el comercio esclavo del siglo XVII. Dice Matamoro que “la mayor parte de los negros vendidos (y, antes cruelmente cazados) como mercancía viva y humana para el cono sur de América provenían del Congo, del Sudán y, sobre todo, del golfo de Guine”. Tango era el lugar de reunión que servía para embarcar y comerciar la etnia negra. Tangomao denominaban al europeo que se hacía pasar por negro para tratar con los “reyes” africanos. El tango o tambó era entendido como punto de reunión y encuentro de baile entre negros. Al parecer, existen numerosos documentos cubanos y argentinos en los que aparece indicada la palabra tango hacia principios del siglo XIX. La palabra tango será entonces anterior a la danza y a la música de idéntico nombre.

Ciertamente, la forma sonata que corresponde al tango es disímil con cualquier ritmo percusivo de procedencia africana. Incluso, su baile está conformado por complicados amarres y entrecruces de manos y pies que lo distancian de las danzas negras de movimientos libres y de intención colectiva. Por lo tanto, el tango es una música euroargentina por una parte y por la otra, afroargentina “que conserva dos figuras del candombe: el corte (parada súbita) y la quebrada(torsión del busto)”. Sus otras influencias blancas provienen de los cantes jondos flamencos y de las contradanzas, traídas a América por los colonos , quienes al regresar a su lugar de origen modificaron lo traído con lo encontrado; lo mismo hicieron los argentinos con el tango y los cubanos con la rumba y la habanera... a este fenómeno musical se le conoce como: Cantes de ida y vuelta. Ante estas aseveraciones pareciera asomarse la idea de que Cuba, ciertamente, es la patria chica del tango, tal y como lo apuntó en 1986, en la revista venezolana Élite, el ensayista y articulista Rolando de la Rivera Blanco.

Afrocubanía del Tango

Exceptuando la música prehispánica y la indígena actual, todas las demás expresiones musicales populares de América son mestizas, son neoculturadas. El término mestizo(a) sugiere el resultado del cruce entre etnias diferentes y la neoculturación, es “la creación y definición de una cultura producto del proceso colonizador” . La neoculturación será entonces la última fase del proceso de adquisición cultural. La preceden, la trasculturación, segunda fase del coloniaje; e inculturación “para la primera fase de destrucción colonialista” . Como consecuencia existirá en América una música indigenoeuropea ( por ejemplo el vals peruano), para diferenciarla de la indoeuropea que en realidad es la fusión de la música de la India y Europa, una euroamericana de ritmos blancos más acentuados y otra afrocubana ( elemento negro + elemento blanco ) que da origen a la afroamericana . Fragméntese la idea de afroamericanismo y trasládese a cada uno de los países que integran el Nuevo Mundo y así se tendrá una música afroargentina = elemento negro + elemento blanco argentino influido por la habanera cubana , de igual fórmula, la música afrovenezolana, afrouruguaya, afrocolombiana, afrochilena, afropanameña, afrohondureña, entre otras. Estas primeras conclusiones, adelantadas someramente como nota introductoria, reafirman que la neoculturación musical convierte a Cuba en el punto de origen de los ritmos americanos surgidos durante la colonia. Imagínese por un instante el siguiente pasaje: Cuba, isla poblada por indígenas con una idea autóctona de la música. Llegan los españoles à se manifiesta la destrucción de lo aborigen por parte lo europeo y a la vez surge un linaje aborigen-europeo. Llegan los negros à fusión de lo europeo y lo africano = formación de la música afroeurocubana; liberando cacofonía para ganar eufonía, se denominará la resultante como música afrocubana . Como resultado de estas fusiones, lo americano es equivalente a lo aborigen, a lo negro y a lo blanco, por lo tanto, se hablará de música indigenoamericana ,afroamericana y euroamericana como ya se dijo.

Cuando la música aborigen se fusiona con la europea únicamente, como el caso de los valses peruanos, se hablará entonces de indigenoeuropeismo o indigenoamericanismo musical. Un buen ejemplo de música euroargentina son los valses porteños y aquel tango evolucionista (1940-1950- Orquestas de Osvaldo Fresedo y Osvaldo Pugliese) que dio mayor importancia a la armonía y a la melodía, modificando la marca del 2X4 de la habanera. Al igual que la música afrocubana, la música afroargentina es el resultado no solo del blanco con el negro, sino del blanco con diferentes naciones negras.

Fernando Ortiz reafirma los planteamientos anteriores, en “Los Factores humanos de la cubanidad”, cuando dice que “el extraordinario vigor y la cautivadora originalidad de la música cubana es creación mulata. Toda la música original, de belleza regalada por la América al otro mundo, es música blanquinegra.... poseemos una gloria de tangos, habaneras, danzones, sones y rumbas, amén de otros bailes mestizos que desde el siglo XVI salían de La Habana con las flotas para esparcirse por ultramar. Hoy baila música afrocubana, es decir mulata, de Cuba, el mundo entero...”

Francisco García Jiménez en “El tango. Historia de medio siglo. 1880/1930” comenta sobre un fandango negro de Buenos Aires (S.XVIII), que no es sino la adaptación del tambor africano al fandango andaluz “de movimiento vivo y tres tiempos, cantado con acompañamiento de guitarra, castañuelas, platillos y violín” , acompañado también por coplas. Dice García Jiménez que “introducida la raza negra en condición de esclava durante el coloniaje, sus hijos laboriosos ganaron en la servidumbre la simpatía de sus amos. Tenía éstos en cuenta la tendencia gregaria de aquellos africanos – que se mantenían unidos en congregaciones y sociedades- y les concedían periódicos asuetos para la celebración de sus fiestas”. No pasó mucho tiempo cuando estos negros fandangueros agregaron a sus reuniones el alcohol y las bajas pasiones, hasta que en 1770 se prohibieron sus bailes de tambor por considerarse indecentes. En estos sitios de baile, al igual que en Cuba, se festejó la Fiesta del Día de Reyes, conocida también como La Gran Fiesta de la Colonia . En realidad, la prohibición había sido para los bailes secretos y clandestinos tanto de blancos como negros. Los sitios de bailes de los negros eran llamados tambos. Ricardo Rodríguez Molas atina que en cuanto a su acepción de baile y “sin querer ser filólogos, creemos que de tambo a tango hay un solo paso”. La historia de la música afroamericana tiene mucha relación entre sí. “Uno de los datos más antiguos se refiere a Lima de 1563, cuando los negros se reunían para bailar por las calles, cosa que inquietó mucho a los cabildantes, y se les asignaron dos plazas donde podían hacerlo. Los negros se agrupan entonces en congregaciones...cabildos o candomblés, que eran verdaderas sociedades de socorro mutuo. En Buenos Aires, dos siglos después - como se acaba de referir – el virrey prohibe sus bailes indecentes que al toque del tambor acostubraban los negros; y en Montevideo, en 1816 se prohíben los tangos de los negros dentro de la ciudad. Ya en 1870, en los sitios de Buenos Aires mueren los tambores, y probablemente con ellos... mueren también los negros que no resisten el clima...”

En el mismo siglo XVIII, pero en Cuba, se neoculturaba la canción y danza de ritmo binario conocida por “Habanera”. La habanera es el resultado de otro ritmo vivo europeo del dieciocho: la contradanza. La habanera es una música de ida y vuelta; lo que explica que la contradanza europea llegada a América fue transformada en contradanza criolla bajo el influjo de la música africana de las diferentes congregaciones negras existentes en la Isla. Con esta nueva vestidura, la contradanza retornó acriollada o habanerizada a Europa ganando gran simpatía.

Al momento que ganaba simpatía la habanera en Europa, se gestaron en Uruguay y Argentina los ritmos predecesores del tango: la milonga rural y el candombe. Ya la contradanza europea había entrado en la zona austral sin mayores modificaciones producto del encuentro con la música rioplatense. Sobre el candombe o candombé, Ortiz señala varias acepciones: baile de negros, inmoral desgobierno político y afirma que en Argentina y Uruguay “armar candombé” es como armar escándalo”. El candombe de Buenos Aires de la primera mitad del ochocientos era bailado por una morenada libre, despojada de la esclavitud. La autoridad española y el blanco peninsular aceptaron la organización de las naciones negras . Gran cantidad de barrios bonaerenses llamáronse africanamente: Barrio del Tambor y el Mondogo, por ejemplo. Allí, las agrupaciones: Conga, Angola, Benguela, Moros, Mina y Cabunda, realizaron sus bailongos y cantos afros:

“¡A-eeé... ¡A-eeé!...

¡Calunga mushinga,

mushinga-eeé...”

Detrás del canto afro - según García Jiménez – “resonaban los tambores afros. Olla hirviente, moviendo de lado a lado los callejones del barrio. Mucha gente blanca, encerrada en sus casas, tembló por lo imprevisto. El compás del candombe era satánico”. Si la sociedad de Buenos Aires y la de Montevideo, consideraron al candombe como un rito a Satanás, sería por ser la “única fiesta religiosa que llenó de ruidos y alegría al rancherío moruno de la colonia”. El candombe de los negros de Montevideo, según Rossi, era ritual, mientras que el candombe de la negrada bonaerense era más fiestero. Similar a los diablitos ñáñigos cubanos, la indumentaria de los dirigentes candomberos consistía en una levita de la que se sujetaban por la cintura dos cueros de colores llamativos, uno de ellos colgaba por delante y el otro por detrás, también solían añadir a la vestimenta un taparrabo africano con cueros repletos de lentejuelas, cintas y cascabeles , y no faltó nunca el adorno de plumas y cintas de colores. Rossi dijo: ¿No parece todo eso un juego de muchachos.?

Pasada la primera mitad del siglo XIX, las Fiestas de las naciones negras y sus reyes y reinas se extinguieron . Había fallecido Papá Baltasar, el viejo negro candombero que inspiraba todas estas celebraciones.

Alta la voz y animosa

Como si cantara flor,

Hoy, caballeros, le canto

A la gente de color.

Marfil negro los llamaban

Los ingleses y holandeses

Que aquí los desembarcaron

Al cabo de largo meses.

De su tierra de leones

Se olvidaron como niños

Y aquí los aquerenciaron

La costumbre y los cariños.

De tarde en tarde en el Sur

Me mira un rostro moreno,

Trabajando por los años

Y a la vez triste y sereno.

¿ A qué cielo de tambores

Y sistas largas se han ido.?

Se los ha llevado el tiempo,

El tiempo que es el olvido.

No obstante, el ritmo del candombe estaba buscando una corriente de música popular que lo animara a proyectarse en el tiempo. Llegadas las polkas y las mazurcas europeas, casí simultáneamente con la habanera, o tango americano como se le denominó en Europa antes de formarse el tango en Argentina y Uruguay, el candombe se transformó en candombe-milonga y la milonga rural pasó a ser urbana. De la milonga urbana de 1860 con la influencia de la habanera y la ayuda de los payadores, surgirá el primer tango (1867) , que sería más un tango-milonga, nacido en Montevideo, titulado El chicoba o El negro chicoba. El chicoba era el escobero que en son de juego y burla intentaba dispersar el candombe con escobazos y movimientos realizados con sus extremidades. No se equivocó Jorge Luis Borges cuando dijo que el tango era hijo de la milonga y nieto de la habanera. Tampoco erró Isable Aretz en su tratado de “Historia de la Etnomusicología en América Latina” cuando comprende, objetivamente, el fenómeno musical americano de manera amplísima, afirmando que “el auge de la Contradanza española, que fructificó también en el área junto con sus descendientes: la Cuadrillas, los Lanceros y el Cotillón, que se descubren en el Pericón uruguayo y argentino, y en el Seis figureao del Tamunangue venezolano, en tanto la danza fue la base de la Habanera, de Tangos Habanera y otras danzas cubanas; y hasta en la entraña del Tango Argentino”.

Óscar Natale, autor de “Buenos Aires, negros y tango”, extrae estos versos del poemaTango viejo” de Carlos de la Púa, en los que se evidencia el origen africano del tango:

Baile macho, debute y milonguero,

danza procaz, maleva y pretenciosa,

que llevas en el giro arrabalero

la cadencia de origen candombero

como una cinta vieja y asquerosa

Si hasta ahora se ha renegado de la afrocubanía del tango, analícese entonces este fragmento de “La música afrocubana” de Fernándo Ortiz: “La historia de Cuba está en el humo de su tabaco y en el dulzor de su azúcar también está en el sandungueo de su música. Y en el tabaco, el azúcar y la música están juntos blancos y negros en el mismo ajetreo de creación, desde el siglo XVI a los tiempos de ahora. Hoy día síncresis mulata, café con leche y bongó. Historia vivida en contradanza y tango, en habanera y danzón, rumba y bembé, son que arrolla y son que enerva”.

Argumentada y sostenida la hipótesis sobre la afrocubanía del tango, habrá que añadir al “Diccionario Enciclopédico de las Letras en América Latina” donde se define al tango reafirmándolo como “el fenómeno musical surgido en el Río de la Plata hacia 1880 y sus opiniones sobres sus orígenes varía bastante, aunque todos los musicólogos mencionan, entre sus antecedentes o formantes, al tango andaluz, a la habanera cubana y a

ciertos ritmos africanos”. “Cuba, patria chica del tango”, es el artículo publicado por la Revista Elite el 24/06/1986. El ensayo de la autoría de Rolando de la Ribera Blanco, no explica nada de cuanto aquí se ha mencionado, pero sí da cuenta, para 1986, de la existencia de 166 peñas tangueras repartidas por toda la Isla de Juana, ningún otro país en el mundo, en ninguna década, tuve tantos seguidores organizados.

El tango, sin duda, es café con leche y bongó. En este acercamiento a la afrocubanía del tango se demostró que el punto de origen de la cultura americana es Cuba y que fueron sus factores étnicos mestizados los que explican la naturaleza del ser americano en confluencia maravillosa con la cultura del primer mundo, tan sincrética como cualquier otra.

Autor: Ricardo Sayalero García

Escrito en Agosto de 2001.

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