El agua, elemento vital para todo ser viviente, está en el buen –o mal- camino de ser la mercancía más preciada y codiciada. En los últimos tiempos, las grandes corporaciones tomaron el control del agua en gran porción del planeta y, si bien es sólo una contemplación, es una total obviedad que en los próximos años unas pocas empresas privadas agraciarán el control monopólico de casi el 75% de este recurso natural.

Hoy en día se presagia que las guerras del futuro tendrán otras causas además de la lucha impetuosa por el oro o el petróleo. En los próximos años, el agua de todos los habitantes del planeta –incluso de aquellos que mueren de sed- será motivo de enfrentamientos bélicos de algunos. Esto se debe a que el agua, además de ser un recurso natural, abundante y regalado por la naturaleza, está convirtiéndose en elemento de valor de uso (indiscriminado) y valor de cambio, es decir, en mercancía.

“Se está operando un tránsito en la consideración del agua de bien común hacia su conversión en una mercancía más”, advierte Horst Rosenberger, uno de los autores del libro Agua, ¿mercancía o bien común?, que sintoniza diversas voces y las articula para denunciar las políticas que impulsan día a día este proceso de mercantilización del agua.

Las voces de autores y movimientos sociales se hacen oír ya que no es un problema cualquiera la escasez de agua, ni mucho menos su fría e indiscriminada explotación comercial. Aunque se trata de un recurso renovable, el agua en la tierra es limitada y, además de ser fuente vital para el ser humano, se ve afectada cada vez más por su accionar. La fantasía de que el agua era inagotable hizo que se le de un uso irresponsable y el aumento en los últimos cincuenta años fue vertiginoso.

El inmoderado consumo humano hace que la categoría del agua como recurso renovable, no sea solución. El proceso de colapso y contaminación del petróleo generaron que los anhelos de una toma de conciencia global respecto al uso de recursos sea impensable. El agua -como bien fundamental e irremplazable para la vida y bajo las leyes del mercado- promete conflictos muchísimo más severos que el petróleo.

Si bien el agua cubre un 70 % de la extensión del planeta, sólo el 3% de ésta es potable ya que, a pesar de ser base del origen y el sustento de la vida en el tierra, poca es utilizada para el consumo del hombre: ya que el 90% es de mar (y por tanto posee sodio), el 2% es hielo y está en los polos y sólo el 1% del agua de todo el planeta tierra es dulce y sirve para el hombre.

“No es poca cosa que ya se haya abierto un debate que entrevé el comienzo de un conflicto que cuestiona el status del agua decretado por las Naciones Unidas como derecho humano y bien social. Las potencias mundiales la reconocen sólo como un bien comerciable”, declaró el Ingeniero Ambiental Martín Molinari. Tres corporaciones multinacionales (las francesas Suez y Vivendi y la alemana RWE-Thames) venden “servicios” de agua corriente y saneamiento a 300 millones de clientes en más de 130 países. “Las francesas controlan más del 70% del mercado de suministro de agua en todo el mundo”, aseguró Molinari.

En el afán capitalista por convertir en mercancía desde simples productos, energía, pensamientos y recursos naturales, los bienes de todos son negocios rentables para las mentes que conducen las firmas más notables del mundo.

Ya no es sólo una presunción que el agua será el recurso natural que generará los superiores conflictos internacionales en este siglo, así como el petróleo lo fue en el siglo pasado (aún presente). Colocarla en el lugar de una necesidad humana en lugar de derecho, licencia a la comercialización de un bien escaso acorde a las leyes del mercado.