El Gran Chaco Americano se encuentra ubicado casi en el centro de Sudamérica, entre Argentina, Paraguay y Bolivia. Es un ecosistema que cuenta con enormes ríos que lo cruzan de lado a lado, está cubierto de montes de madera dura, habitado por infinidad de especies animales y vegetales, y poblado por hombres de diferentes culturas.

Los aborígenes del Gran Chaco Americano son los descendientes directos de las poblaciones originarias que habitaron en América hace más de treinta mil años, y apenas trece mil años atrás se asentaron en el territorio que hoy es la República Argentina.

Tenían y tienen una relación de respeto con el ambiente, que llevó a muchos autores a comprobar que el término “desarrollo sostenible” no es una idea nueva propuesta en la Conferencia Río’92 (1992) bajo la Agenda XXI en pro de mejorar nuestra calidad de vida, sino otra cosa que un mirar hacia atrás y aprender de las culturas antiguas.

Los Tobas, Wichís y Mocovíes son tres etnias que hasta la actualidad, viven en el monte chaqueño y más precisamente, en la provincia del Chaco (al noreste de la República Argentina). Vivían de lo que les daba el ambiente: se dedicaban a la caza, pesca y recolección -especialmente de miel de abeja-. Estaban gobernados por un cacique que a su vez era controlado por un “consejo de ancianos”. Vestían con pieles de nutria, zorro o venado, con la parte del pelo hacia adentro y el descarne hacia fuera, y lo pintaban con diseños geométricos en rojo y negro -con tintas a base de raíces-; además, se tatuaban y pintaban todo el cuerpo.

Al igual que el resto de las etnias indígenas del continente americano, las “chaqueñas” no poseían escritura, sino una riquísima tradición oral con la que transmitían sus conocimientos; y que perduran hoy en día gracias al enraizamiento de su gente con su cultura.

Tenían una vida plena, eran alegres, honestos, justos, e igualitarios, valientes, organizados, firmes y sin desconfianza. Creían en la creación y en su semejanza a su dios, el que actuaba como fuerza vital y espiritual dándoles la vida, la salud y el sustento a todos los pueblos, como madre de esta tierra.

Cuando los españoles arribaron a América cinco siglos atrás, se encontraron con los herederos de este transitar de miles de años de conformación cultural.

Para el año 1526, llegaron al ambiente del Gran Chaco unos extraños, desde el mar y a través del Río Paraná, con sus “casas flotantes” y sus “truenos espantosos”. Subieron contra la corriente e inquietaron a la tierra. Decían venir en nombre de un rey y de un cristo.

“… y en todo este descubrimiento que descubrimos vimos muchas islas y arboledas y muchas generaciones (…) Todas estas generaciones no comen carne humana, no hacen mal a los cristianos, antes son amigos suyos. Y estas generaciones dan nuevas de un río Paraguay, que en él hay mucho oro y plata, y grandes riquezas y piedras preciosas. Y esto es lo que sabemos de este descubrimiento.” Cronista Diego García, 1528 - cita de las Memorias del Gran Chaco, 1ra parte.

“Llegando Sebastián Gaboto a Castilla en el año 1533 dio cuenta a Su Majestad” de lo que había descubierto y visto en aquella provincia (…) con las noticias y muestras de plata y oro que traía, de tal forma que enrareció este negocio, que algunos caballeros de caudal pretendieron esta conquista y gobernación, en especial (…) don Pedro de Mendoza (…) el cual tuvo negociación de Su Majestad le hiciese merced de aquella gobernación con título de Adelantado…”. Cronista Ruy Díaz de Guzmán, 1533- cita de las Memorias del Gran Chaco, 1ra parte.

“… y dejamos el Paraná y navegamos por el Paraguay arriba (…)”. Cronista Ulrico Schmidl, 1536 - cita de las Memorias del Gran Chaco, 1ra parte.

Atemorizaban a los pueblos y los convertían en “indios amigos” infundiéndoles miedo a través de las armas de fuego y los caballos. Donde llegaban los extranjeros, se les brindaba alimento y piezas de metal que tanto interés por obtenerlas mostraban, aunque la mayoría de las veces sólo tomaban lo que necesitaban, entre esas cosas, las mujeres.

Corrió la voz entre los pueblos aborígenes de la “codicia y ambición” que tenían estos extraños, por lo que la gente comenzó a enojarse y a rechazarlos. La enemistad entre los conquistadores y los hijos del Gran Chaco se sentía en el ambiente.

“Comparemos lo que los españoles reciben y lo que dan a los indios, para ver quién debe a quién: dámosle doctrina, enseñámosle a vivir como hombres, y ellos nos dan plata, oro, o cosas que lo valen (…). Pues, ¿qué otras cosas diremos que nos han dado los indios por cosas tan inestimables como les hemos dado, sino piedras y lodo?”. P. Juan de Matienzo, 1567 - cita de las Memorias del Gran Chaco, 1ra parte.

Las poblaciones que fundaban tenían dos caras: para los extranjeros el enriquecimiento, el poder y progreso; para los hijos de la tierra la miseria, el sometimiento y la desdicha, llamadas “encomiendas” y sostenidas a fuerza de latigazos, ya que la gente estaba acostumbrada a un ambiente libre. Cada extranjero recibía un indio para ser utilizado como mano de obra gratuita.

“Yo, Alonso de Vera y Aragón (…) fundo y asiento pueblo en el sitio de dicho río Bermejo. La cual ciudad se intitula y llama la Concepción de Nuestra Señora…”. Acta de Fundación, 1585 (hoy, Concepción del Bermejo, provincia del Chaco) - cita de las Memorias del Gran Chaco, 1ra parte.

“La tienen tan apretada -haciendo referencia a los Guaycurúes, aborígenes de esa zona, y a la ciudad de Concepción- que ni lavar la ropa ni dar de beber a los caballos pueden sino a arcabuzazos.”. Gobernador Valdéz y la Vanda, 1599 - cita de las Memorias del Gran Chaco, 1ra parte.

Para los españoles, el Chaco no era otra cosa que el teatro de la miseria, un ambiente de bárbaros; pero a la vez, su tierra prometida o paraíso terrenal. En cuanto sometieron, bajo las órdenes de Pizarro, a los peruanos, y por derecho de guerra se apropiaron de Chile, Quito (Ecuador) y Tucumán (Argentina), indígenas de todas partes se aislaron en el Chaco, buscando refugio del servilismo impuesto. Ellos dieron testimonio de que los extranjeros, al no entender lo que oían por parte de los indígenas, les cambiaban los nombres, ridiculizándolos y ofendiéndolos: llamaban “frentones” a los Tobas en alusión de sus prominentes sienes, o “abipones” a los Mapenis entre otros.

En 1631 la empobrecida Concepción de Nuestra Señora, comienza a ser abandonada por sus pobladores que se dirigían hacia Asunción (Paraguay), producto de los continuos ataques por parte de las diferentes tribus; hasta que dos años más tarde es totalmente despoblada.

Para 1665 los “chaqueños” comenzaron a planear la expulsión de los españoles de la región, dejando de lado antiguos rencores: Mataguayos, Tobas, Mocoviés y Mapenis estaban unidos.

Durante s. XVII, el ambiente chaqueño no fue accesible para los españoles, quienes se limitaban a conformar rústicas poblaciones a su alrededor con el objeto de invadirlo.

Bibliografía:

Leyendas, Mitos, Cuentos y Otros Relatos: Tobas (2003) - Editorial Longseller, Buenos Aires, Argentina.

Leyendas, Mitos, Cuentos y Otros Relatos: Wichís (2004) - Editorial Longseller, Buenos Aires, Argentina.

Memorias del Gran Chaco, 1ra Parte (1997) - Ediciones E.I.M., Resistencia, Chaco, Argentina.