Todas las acciones dehumanizantes, sumadas a través de los siglos crearon un ambiente de odio, violencia y mentiras entre españoles e indígenas. Fue en ese momento que en el Gran Chaco Americano no se distinguió entre el bien y el mal; la gente ya no se reconocía como hijos de dios, hechos a su semejanza.

Una polvareda asfixiante cubría las relaciones entre blancos y aborígenes, y también con los negros traídos de África como esclavos, y luego entre el mestizaje que surgió de todo eso. Todo se contaminaba con ese polvo o “racismo”.

Para el 1700, una vez destruida la ciudad de Esteco (provincia de Salta) que fuera fundada en 1566, Tobas, Wichís y Mocoviés volvieron a su tierra natal. Ya no tenían la alegría de antes, parecían ser hombres vencidos.

“El régimen de encomienda fue decayendo y las comunidades indígenas fueron disolviéndose debido a un doble proceso social: la emigración forzada o voluntaria, y el cambio de sistema de vida del aborigen, que pasó de régimen de comunidad en sus pueblos a otro de carácter individual en pueblos -españoles- o estancias donde arraigó como artesano o peón.” (Maeder, Ernesto - cita de las Memorias del Gran Chaco, 1ra parte).

Fue a medidos del s. XVIII cuando la estratificación social se volvió más rígida, el mestizo -que había surgido como nueva clase social- se confunde con las castas inferiores, fortaleciendo el ambiente marginal hacia todo aquél que no fuera blanco.

“Estos indígenas -de las encomiendas o fortines- unidos a los españoles darán lugar a una población criolla de nuestra provincia (…)” (Gramajo de Martínez Moreno, Amalia; op. cit).

Los españoles estaban interesados en dar fin a la lucha con los aborígenes, por los que trajeron a los “jesuitas” que ya habían formado los 30 Pueblos Guaraníes.

Los guaraníes, evadiendo la esclavitud española, se acogieron en las reducciones jesuitas donde no se les quitaban sus tierras, se mantenían sus costumbres y se respetaba la lengua.

Los abipones aborrecían a los guaraníes de las misiones y los consideraban sus enemigos por haber abrazado la religión cristiana, declararse súbitos del rey de España y prestar servicios como soldados en los campamentos cuantas veces fueran llamados por el gobernador real.

Luego de largas conversaciones entre los caciques de las tribus, españoles y misioneros, en 1735, algunos Lules (del NorOeste argentino) y Vilelas (del Chaco) aceptaron formar parte del ambiente de la reducción. Más tarde los imitaron algunos Mocovíes y también Abipones.

Palabras citadas en las Memorias del Gran Chaco por Florián Paucke en referencia a lo dicho por el Cacique mocoví Aricaiquin “el jefe cauteloso”: “estará muy bien lo que los Padres me comunican y yo no desconfío de lo que ellos por su parte me expresan, pero los españoles son hombres falsos, tienen de cierto buenas palabras, pero sus sentimientos nos perjudican (…) los españoles han engañado en demasía a nuestros antepasados; su amabilidad era una traición y una amistad simulada. Pues solo trataron de hacernos esclavos y matarnos a azotes, y como si nosotros no fuéramos seres humanos como ellos y no tuviéramos entendimiento, nos emplearon como bestias de carga. Si nosotros quedábamos postrados bajo la carga, colocaban la carga sobre algún otro y nos dejaban tirados en el campo (…).

Desde ese tiempo nosotros no hemos podido aguantarlos y los hemos perseguido como a nuestros peores enemigos hereditarios. Ahora ellos quieren atraernos mediante un ambiente bondadoso y en cuanto yo conviniere con ellos una amistad, me perseguirán y me oprimirán como a su peor enemigo (…).

Cuando cautivan a alguno de los míos, los tratan peor que nosotros a ellos. Preguntad a sus hijos que llevamos cautivos con nosotros y los que tenemos aun aquí con nosotros si carecen de algo y si no están contentos a nuestro lado. Los queremos y los tratamos como a nuestros propios hijos (…) pero los españoles tratan a nuestros hijos como si fueran perros (…) Los españoles tratan de enriquecerse aunque nosotros somos pobres y ya que ellos no pueden arrancarnos nada, nos quitan la vida (…).

Decidle que se quede con sus españoles; yo me quedo con mis coterráneos…”.

Las reducciones en el Gran Chaco quedaron signadas por un ambiente plagado de ambigüedad. “De ahí las quejas de Packieké, hermano del cacique Naré, ante el gobernador de Corrientes Nicolás Padrón: Hemos accedido vencedores, contra nuestro gusto, a la paz que nos mendigasteis. (…) Firmada la paz con vosotros, se encendió el odio de los mocovíes y tobas, que fueron nuestros amigos y aliados cuando os atacábamos y asediábamos. Ahora, años después, se atreven a peores cosas contra nosotros (…)”. Martín Dobrizhoffer, op. cit.

Para 1767 y por orden del rey Carlos III, los jesuitas fueron apresados y trasladados a Europa. Una vez retirados del amiente de las reducciones, los franciscanos se hicieron cargo de las mismas y al igual que los jesuitas, tampoco recibieron demasiado apoyo de las autoridades civiles, comenzando a decaer paulatinamente como institución.

El 20 de julio de 1774 se encontraron en La Cangayé, capital del Chaco Libre -donde diez años antes se produjo una colisión entre varias naciones que obligó al español Miguel de Arrasceta a entregar a Lachiriquín las armas- el cacique Paikín de la nación Mocoví y Don Jerónimo Matorras, Gobernador de Tucumán. En un ambiente en principio tenso, ambos expusieron sus motivos. Fue la primera vez que un español escuchó las razones de un chaqueño libre.

Paykín reclamó los derechos fundamentales de los aborígenes: la posesión de la tierra y el respeto de su libertad.

Nueve días más tarde se firmó el tratado entre Matorral en nombre de la Corona y los caciques Mocovíes Paykín, Lachiriquín, Coglokorín, Alogocoikin, Quiaagari, y los Tobas Quiyquiurí y Quitaidí en representación de 7.000 aborígenes. El criollo Juan Antonio Caro, Protector de los Indios, firmó el documento en nombre de los caciques.

Más adelante, Matorral pactaría la paz con las naciones de los Mataguayos, Chunupíes y Malbaláes.

Poco tiempo después mueren Paykín y Matorras .

En 1780 comenzó a difundirse un rumor entre los pueblos aborígenes, que el rey Inca Tupac Amaru II, recogiendo los clamores todas las naciones originarias cansados de tanto despotismo y arbitrariedades, encabezó en Cuzco una rebelión que estuvo a punto de quitar al rey de España el territorio peruano, al mismo tiempo que Gran Bretaña perdía casi todas sus colonias en América.

Para 1781 Tobas, Wichís y Mocovíes (guerreros, mujeres, niños y ancianos) avanzaron en pié de guerra sobre las fronteras de lo que hoy son las provincias de Salta y Jujuy (al Norte de Argentina). Por respuesta y a causa de la heterogeneidad de los grupos, la falta de conducción y un plan orgánico, la rebelión fue sofocada y concluyó con la ejecución de los indígenas, colgando los cuerpos de los árboles junto a los caminos “para terror y escarmiento a los demás” o la incorporación de los apresados al trabajo impuesto, quienes fueron marcados a fuego con la “R” de la rebeldía.

Desde ese momento el ambiente se endureció envileciendo el sistema de dominio en todo el continente.

En 1798, Adrián Fernández Cornejo, Gobernador de Paraguay, luego de haber recorrido el río Bermejo desde Jujuy hasta Corrientes -donde fundó una cadena de fuertes extendiendo los dominios del Rey con el objeto de evangelizar a los indios, explotar la madera y exportar las yerbas paraguayas y la plata peruana- obvió el tratado antes firmado que garantizaba un ambiente de paz cuyas palabras quedaron impresas en el tronco de un algarrobo: “… que se les han de mantener, sin enajenar a otros, los fértiles campos…”.

El año siguiente salió a la luz un plan para las autoridades en el cual se hacía hincapié en la distribución de tierras para estancias, chacras y solares para los pobladores de las provincias de Chaco y Corrientes.

En ese momento, el nombre “Chaco” es aplicado por casualidad a esta parte del territorio adquiriendo pleno significado: el “chacu”, palabra quechua, hace referencia a una técnica de cacería colectiva por cerco, encierro o rodeaminto con ruido, humo o incendio de pastizal para efectuar la caza selectiva o intensiva, siempre considerando una mayor cantidad de animales machos que hembras y viejos que jóvenes (Miller, Elmer - cita del Gran Chaco Americano 5c "Pero Todavía Existimos" - II Parte).

Desde ese entones, todas las dudas y contradicciones de los habitantes naturales del Chaco respecto a intenciones de los españoles fueron disipadas con la certidumbre de la mala intención por parte de los blancos hacia ellos y hacia sus tierras.

Bibliografía:

Leyendas, Mitos, Cuentos y Otros Relatos: Tobas (2003) - Editorial Longseller, Buenos Aires, Argentina.

Leyendas, Mitos, Cuentos y Otros Relatos: Wichís (2004) - Editorial Longseller, Buenos Aires, Argentina.

Memorias del Gran Chaco, 1ra Parte (1997) - Ediciones E.I.M., Resistencia, Chaco, Argentina.

Memorias del Gran Chaco: “Pero Todavía Existimos” 1884-1993, 5c I Parte (1995), Formosa, Argentina.

Memorias del Gran Chaco: “Pero Todavía Existimos” 1934-1994, 5c II Parte (1995), Formosa, Argentina.