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En el campo de la Antropología, hablar de Evolución significa hablar de muchos conceptos, en donde se encuentran involucradas muchas ciencias, como la Biología, la Física, la Química, la Filosofía, la Antropología y hasta la Psicología. Y es precisamente el mismo Hombre quien ha desarrollado estas ciencias puras para, entre otras muchísimas necesidades y muchísimos fines, tratar de conocerse a si mismo y poder definir el complicado concepto de la Evolución Humana.
Definiciones de Evolución se han postulado muchas, por muchos autores, para muchos fines, desde muchos puntos de vista y en épocas muy distintas. Pero por ahora nos interesa la definición de quien expusiera la Teoría del Origen de las Especies: Charles Darwin.
Darwin afirma: “a causa del problema de la disponibilidad de alimentos por las distintas condiciones ambientales, los jóvenes miembros de las distintas especies compiten intensamente por su supervivencia. Los que sobreviven, que darán lugar a la siguiente generación, tienden a incorporar variaciones naturales favorables (por leve que pueda ser la ventaja que éstas otorguen), al proceso de selección natural, y estas variaciones se transmitirán a través de la herencia. En consecuencia, cada generación mejorará en términos adaptativos con respecto a las anteriores, y este proceso gradual y continuo es la causa de la evolución de las especies”.
El concepto Darwiniano es muy estricto en el sentido de que, sin duda, la Evolución de una especie va muy de la mano con la presión ambiental que esta tenga a su alrededor, lo que la obligará a cambiarla, tanto morfológica como etológicamente si quiere sobrevivir a su nuevo medio. Aquella especie que no logre realizar este proceso, simplemente se extinguirá.
Ahora bien, la Antropología, es una ciencia que nos permite poder detenernos a analizar al Homo sapiens como una especie más que se encuentra en la naturaleza, el cual sufrió su proceso evolutivo respectivo hasta formarse como es hoy. Esto significa que éste debe de haber cumplido el concepto Darwiniano por el hecho de aún existir y conservarse en el medio donde vive. Pero aquí nos tropezamos con grandes diferencias que lo hacen ser, no un organismo superior, sino distinto a las demás especies en su forma de evolución, en su etología y en su hábito.
Analicemos de manera independiente cada uno de estos conceptos. Podemos decir que la forma de evolución humana ha sido muy ventajosa en varios procesos, y han sido estos mismos procesos quienes le han proporcionado distintos mecanismos para llegar a desarrollar la racionalización, desde el proceso de cefalización presente en los cordados, hasta el incremento del peso y del volumen cerebrar el los antepasados del Hombre. Todos estos mecanismos, que se han sumado lentamente uno tras otro a lo largo del tiempo, han hecho que el Hombre haya marcado la gran diferencia entre las demás especies: poder razonar.
Una vez desarrollada la razón en el Hombre, la Antropología nos ha enseñado que su proceso evolutivo se vio favorecido y acelerado enormemente, tanto, que lo que las demás especies tardan millones de años en desarrollar para adaptarse a las exigencias de su cambiante entorno, el Hombre lo hace a muy corto plazo, lo cual asegura y prolonga su subsistencia por mucho tiempo. Un ejemplo muy sencillo de comprender este fenómeno es la protección frente al mismo ambiente. Las especies de mamíferos que viven a grandes altitudes o en latitudes lejanas al trópico, han desarrollado evolutivamente a lo largo de muchas de sus generaciones diferentes medios morfológicos eficaces de protegerlos contra el frío. Tal es el caso del pelo, más grueso y más espeso, o gruesas capaz de grasa en la piel que ofrece una adecuada calefacción. Por el contrario, el Hombre, gracias a su poder razonable, acelera esta adaptación al clima frío inventado trajes que lo protegen del frío a partir de diferentes materiales artificiales los cuales cumplen la misma función de protección.
En cuanto a su etología, esta ha sido consecuencia del mismo desarrollo del pensamiento, y de las nuevas formas de vida que adopta para asegurar su subsistencia. Y una de las más importantes ha sido la cultura. La antropología nos muestra que la cultura ha ejercido en el Hombre una gran influencia etológica, llevándolo a crear corrientes que van a definir su forma de pensar, de actuar y de sobrevivir, tales como la religión, el arte, la misma ciencia, la tecnología y las distintas formas de entretenimiento; y conceptos un poco más contrarios como la guerra y el poder. Es importante resaltar que todos estos acontecimientos etológicos desarrollados en el Hombre también marcan una enorme diferencia en relación a las demás especies.
El último concepto, el hábito, ha organizado y asegurado la forma humana de vivir, además de incrementar su comodidad. Por ejemplo la construcción de grandes ciudades, que con el paso del tiempo se hacen muchos más complejas y organizadas, o el desarrollo amplísimo de la industria y de la agricultura, hacen que el Hombre, aunque desequilibradamente, viva mejor y le saque partida a la gran ventaja que ha desarrollado a lo largo de su evolución: la razón.
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