Ante la crisis energética mundial aparecen nuevas propuestas. Los biocombustibles lograron posicionarse como la alternativa más influyente, sin embargo desde diferentes sectores no hay un acuerdo respecto al impacto que esto puede generar en el agro y en la sociedad y cuál es el grado real de solución al conflicto y al cambio climático.

El petróleo como combustible y fuente energética del mundo parece ser un paradigma del siglo pasado. Hoy el cambio climático es un constante debate. En las últimas décadas y aún más en los años de este nuevo milenio las ONG y los medios de comunicación hablan más que nunca de la necesidad de una reeducación en la relación hombre-medio ambiente por la alerta del cambio climático.

La preocupación por el calentamiento global y el cambio climático se ha instalado, pero hay un factor clave que exige un cambio: el agotamiento de los recursos. El petróleo ya hace años que es cuestionado por la emanación de gases a la atmósfera, pero en este momento es necesario buscar caminos alternativos porque lo cierto es que, si bien los especialistas no se ponen de acuerdo respecto a fechas, el petróleo se está acabando y cada vez los tiempos se acortan aún más.

Hasta el momento el biodiesel, el etanol y el biogás aparecen como el camino alternativo más conveniente y factible.

La principal diferencia entre los combustibles derivados del petróleo y los biocombustibles es que los primeros son fósiles y los segundos renovables. Por otro lado el proceso de fotosíntesis es inmediato y la liberación de dióxido de carbono a la atmósfera es mucho menor.

La empresa New Fuel percibió la potencialidad de las fuentes de energía alternativas y destaca sus potencialidades y las ventajas por sobre el uso de combustibles fósiles. Su condición de biodegradables y de ser un recurso renovable favorecen al medio ambiente y lo posicionan como una solución final a la crisis energética. A su vez son una interesante alternativa para comenzar a cumplir con las pautas establecidas según el Protocolo de Kyoto. Fernando Juan, ingeniero de la petrolera Roch, asegura “que los biocombustibles son un simple paliativo pero distan de ser una solución concreta, real y definitiva. No es difícil de prever y hay muchos estudios realizados al respecto, que utilizando el total de la producción olioginosa del mundo no se llega a abastecer el 20% del consumo energético global. Esto sin tener en cuenta que las siembras respectivas son fuente primaria de alimento y las proyecciones de crecimiento de países como China o India que sin duda por su cantidad de población mueven significativamente la balanza de consumo mundial”.

Por otro lado en el proceso de producción de energía verde se involucra el uso de energía fósil, de esta manera según aseguró el ingeniero Juan “la capacidad de sustitución es poco significativa”.

En este punto se abren dos nuevas discusiones respecto al uso de los biocombustibles: por un lado se trata del hecho de que la nueva fuente energética se produciría a base de materias primas básicas de la alimentación humana.

Por otro lado el mal uso del suelo puede convertirlo en un recurso no renovable.

La alimentación, sin lugar a dudas, es un negocio muy desarrollado, pero la energía, como lo es el petróleo, es el negocio por excelencia -en cuanto

a las ventajas económicas, la especulación y la ausencia de regulación en el sistema político, económico y social actual-. Desde esta lógica, es inevitable proyectar el impacto que tendría en el cambio climático, los alimentos y en las tierras el hecho de que fuentes esenciales de producción alimenticia se transformen en fuentes esenciales de producción energética.

Ariel Ramilo, ingeniero en alimentos, analiza el riesgo que aparece con el negocio de la energía verde: “el ser parte de un gran de este gran negocio futuro, puede acarrear diversos inconvenientes si no se adoptan las medidas necesarias para regularlo, con esto me refiero, primeramente, a que la demanda de productos de origen de la siembra aumentara de manera considerable provocando una degradación aún mayor y acelerada del suelo -recurso no renovable - ya que la explotación podrá ser en algunos casos desmedida y sin respetarse los plazos y procedimientos adecuados de cosecha/siembra”.

Argentina, como primer exportador mundial de aceites vegetales, se encuentra ante una posición privilegiada frente a este nuevo negocio, si se tiene en cuenta que, como plantea Juan “es una alternativa poco perdurable en el tiempo”. Por su parte, Ramilo advierte un nuevo conflicto en el que podría incurrir el país: “la migración de los productores de ganado hacia la agricultura podría verse magnificada por la elevada diferencia de rentabilidades de los negocios, generando una disminución en el stock ganadero provocando a futuro una disminución en la oferta de carne al mercado con la consecuente suba de precios, un productor de ganado vacuno en iguales condiciones de tierra - hectáreas disponibles para explotación- que un productor agrícola, gana aproximadamente diez veces menos, y pelea diariamente veinte veces más contra las medidas regulatorias gubernamentales”. El ingeniero asegura que “los productos farináceos y ciertos derivados, al igual que los oleaginosos, son producto del procesamiento de la misma materia prima que la destinada para el biocombustible, con lo cual el precio de estos se verá afectado de manera ascendente, por cuestiones de mercado”. Ramilo se preocupa en demostrar que su posición respecto al biodiesel no es negativa, sino “que es una alternativa viable frente a los altos niveles de contaminación y el cercano agotamiento de los combustibles fósiles”, pero advierte también que el éxito depende de un desarrollo controlado en el cual todos los factores sean tenidos en cuenta.

El mundo, con mayor vigor desde la revolución industrial, se está desarrollando sobre la base de un recurso no renovable y en extremo perjudicial para el medio ambiente, generando el cambio climático. En la actualidad, el cercano agotamiento de los combustibles fósiles está generando debates, investigaciones, convenios y propuestas para buscar un camino alternativo, cuando la reflexión probablemente debería girar en torno a si existe una posibilidad real de sostener el mundo tal cual es conocido hoy o si el cambio en lugar de provenir en el hallazgo de una nueva alternativa, debe provenir de un cambio cultural y social más profundo.