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La deforestación es un importante colaborador del calentamiento global y el cambio climático. En el ámbito regional del Noroeste argentino la deforestación trastorna los modelos normales de temperatura, y crea un clima más caliente y seco, síntomas del cambio climático. En las zonas forestales secas como la provincia de Catamarca, la degradación del suelo se convierte desde hace más de cinco años en un problema cada vez más serio, que tiene como resultado la desertificación en los casos más extremos.
Desde hace un año los catamarqueños están inmersos en las peores condiciones ambientales registradas en el Valle central. Los habitantes no recuerdan una crisis por efectos de algún extraño fenómeno meteorológico, sino por la acción directa del hombre.
La deforestación producida en los alrededores de la ciudad con en el afán de la obra pública y el lucro a cualquier precio, es decir el costo del “progreso”, produce desde 2006 un grave deterioro de la salud de la población, especialmente a raíz de las enfermedades respiratorias por la acumulación de tierra. No obstante, el fenómeno se consolida aún en los ambientes cerrados y hasta se hace evidente por los problemas para conducir en las calles adyacentes ante la escasa visibilidad. A simple vista, quizás podría decirse, que la totalidad de la población se ha vuelto alérgica de algún modo.
Desde la oposición al oficialismo afirman que gran parte de la responsabilidad de esas malas condiciones ambientales que generarían cambio climático es de las autoridades provinciales de Obras Públicas de la provincia, por disponer el inicio de trabajos para la construcción de un estadio de fútbol “absurdo” según el vice gobernador Hernán Colombo, y del predio ferial en la zona del Campo Las Heras a tres kilómetros del centro de la capital.
Con el desmonte, los fuertes vientos típicos del final del invierno originan en la ciudad nubes irrespirables de polvo. Respecto a esto, un funcionario del área, en un intento por explicar la dañina tarea, dijo que “la obra pública no puede conocer de estos inestimables vientos ni puede paralizarse porque los haya y sean fuertes”. Luego, con algo de desconcierto por su difusa explicación, añadió que “para el consuelo de los vecinos de la zona en la que trabajan actualmente las topadoras, en el futuro agradecerán estas acciones porque sus viviendas se valorizarán más ya que no es igual vivir cerca de un predio tan flamante como el que se piensa erigir –porque hasta ahora no se colocó ni un ladrillo para el estadio- que vivir rodeados de un monte de especies autóctonas”.
Las consecuencias de la deforestación muestran una absoluta falta de previsión por parte de los responsables de la obra pública provincial porque se perjudica la salud de la población. Según el médico pediatra Augusto Bosques, el noventa por ciento de los malestares que se registran en el Hospital San Juan Bautista de la ciudad capital, son de carácter respiratorio y estos padecimientos afectan sobre todo a niños y personas mayores.
En la provincia hace falta reglamentación que evite los desmontes en las áreas próximas a las zonas urbanas ya que la única legislación se regula a través de los decretos número 1792 y 2507 -de desmonte y de aprovechamiento forestal respectivamente- que según el Director de Recursos Naturales de la ciudad, tienen que ver con la cobertura general arbórea nativa y “regulan la actividad forestal pero están relacionados con la actividad agropecuaria y por lo tanto esta contrariedad legal imposibilita sistematizar la deforestación relacionada con la cuestión ambiental en el régimen de urbanización”.
Según el Ingeniero agrónomo Ramón Sequi, “el comportamiento de los catamarqueños frente a las temáticas ambientales es más preocupante que los mismos vientos por intensos que sean” y asegura que lo que hace falta en la provincia, es “educación”, ya que “el comportamiento de los catamarqueños es negativo y no sólo se refleja en la tala indiscriminada, sino además en los incendios forestales que son provocados intencionalmente y, además de ser nocivos para la salud, influyen en el calentamiento global”.
El especialista asegura además que la responsabilidad corresponde al Gobierno provincial porque “no reconoce la ausencia de educación ambiental en los ciudadanos y no apoyan las iniciativas que proponemos desde el Consejo de la editorial científica de la UNCA (Universidad Nacional de Catamarca)”.
Los presagios de algunos científicos aseveran que Catamarca formará en el futuro parte de un descomunal desierto, con características similares al desierto de Sahara (la mayor acumulación de arena de la tierra). De acuerdo con las predicciones, las ciudades que conforman el Noroeste argentino, tendrán su final cuando se complete la pausada pero infalible carrera del cambio climático.
Ante tal profecía, Sequi explicó que “algunas alteraciones del cambio climático ya se pueden notar en la provincia aunque no se tienen datos fehacientes por la falta de recursos materiales y la poca atención del gobierno”. “No hay tantos servicios para medir el territorio completo y por ende las mediciones se realizan casi siempre en San Fernando del Valle y la temperatura media es de 17 grados centígrados. Sin embargo, un estudio del Servicio Meteorológico que depende de la UNCA comprobó que en los últimos cincuenta años la temperatura media anual se alteró un grado”. En los últimos años pudo notarse en el planeta que se empezaron a producir diferentes eventos meteorológicos sin precedentes, que podrían ser producto del cambio climático con consecuencias drásticas en la población y en los ecosistemas.
El efecto invernadero se trata de un fenómeno natural que estabiliza la temperatura a valores propicios para la existencia de vida en la Tierra, ya que regula el calentamiento de la atmósfera sobre la superficie del planeta. La deforestación se encuentra entre las principales causas del deterioro de la capa de ozono y también agente intensificador del efecto invernadero.
Los vientos se acrecientan y con el tiempo se hacen notar más fuertes en la provincia, lo cual resulta molesto y tedioso para los pobladores. “Esto no va a cesar sino que cada vez va a ser peor con los incendios progresivos de campos y montañas, la deforestación de los bosques, la pastura de animales en lugares inapropiados, que generan suelos poco compactados, derrumbes en los cerros y la lenta absorción del agua”, manifestó Sequi y continuó: “Lo que digo es que al hablar del cambio climático no se hace referencia a ninguna fantasía, sino por el contrario se trata de una realidad muy triste y con finales drásticos si no se toman previsiones para evitar tales consecuencias y los catamarqueños no cuidan su medio ambiente”.
Sequi advierte que el problema de la quema en las montañas es cultural y produce un daño casi irreversible y que es necesario concienciar a la población a través de campañas. Generalmente el fuego es inducido por ganaderos que queman lo pastos débiles para que reverdezcan con las lluvias –que son escasas en la provincia-. Cuando eso sucede, el fuego se descontrola y se convierte en una práctica desastrosa que tiene efecto visual y real. El visual es que las cenizas humedecidas por el rocío y las lluvias se transforman en nutrientes que reverdecen las pasturas. Pero la quema mata los microorganismos del suelo que son los que tornan los materiales orgánicos en abono y entonces reducen el índice de fertilidad del suelo y genera desertificación.
Los incendios (y la consecuente desertificación) de los suelos genera la destrucción de patrimonios ricos y lo convierten en desierto. En Catamarca estas prácticas se llevan a cabo a quince kilómetros de la capital. En épocas de viento las cenizas llegan a cubrir la superficie de las calles adyacentes y afectan además a la salud humana. Se trata de prácticas nocivas para el medio ambiente y, claro está, para el desarrollo humano.
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