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ESTA ES LA HISTORIA DE NOÉ, HOMBRE MORTAL, PRIMER GENETISTA DE LA HUMANIDAD, GIGANTE ENTRE LOS GIGANTES Y TAN BLANCO COMO LA NUBE MÁS LIGERA.
Cuando Dios nació como hombre de carne y hueso, hecho a imagen y semejanza de su Padre, porque Dios tiene padre; el universo total y finito -en continua expansión tan mínima como imperceptible- fue visitado en el umbral de su término desde la novena dimensión por una nave espacial: El Arca de Noé. Dice la leyenda que Noé fue el primer ser humano, junto con su tripulación, en ver cómo se produce de la Nada la composición química de cada elemento generador de vida. Comprobó que el tiempo es energía y no una sucesión de días y de noches; sencillamente es la razón de un ciclo imposible de cuantificar en segundos, minutos y horas. Las tablas lógicas de Noé explican que el tiempo no existe y que la energía es equivalente a la (N) Nada dividida entre la distancia del centro del universo y el umbral energético en expansión, resultado que siempre arrojará diferencias debido a la extensión continua del finito. Para Noé el infinito es irreal porque sólo hay constancia de un presente finito, precisable y eternizable, sin embargo en sus apuntes cosmográficos habla de dos aspectos importantísimos: el bostezo galáctico y el hipo cósmico. El bostezo galáctico lo consideró como un período en el que la energía se estanca debido a un hipo cósmico que contrae lo creado desde el umbral hacia el centro del universo, provocando la extinción energía creadas y activando la regeneración de las mismas; es como un ir y venir que se repite que altera cualquier cuantificación que el ser humano en la tercera dimensión quiera calcular. El misterio subyace en la resolución de la proporción numérica de la nada; para ello Noé ingenió una fórmula a la que llamó: initium, ésta consiste en totalizar los recién engendrados elementos químicos y multiplicarlos por la distancia del espiral universal que es equivalente a la medición entre el centro y el borde antes de la expansión, sólo así se puede tener una idea cierta sobre el tiempo y la antigüedad del universo. Al revisar estos apuntes sobre el tiempo, Karl Hägen, el descubridor del librillo de Noé, se percató que faltaba una página, justamente la que explicaba cómo totalizar los elementos químicos recién nacidos. Siempre hay un cabo suelto en toda historia.
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