A causa de las costumbres y el prejuicio social, el deporte extremo en todos sus estilos no parece ser una actividad relacionada con la mujer. El prototipo de mujer no incluye la realización de cualquier deporte extremo, y, por esto, aquellas que se aventuran a hacerlo son juzgadas como “poco femeninas”.

La sociedad tiende a generar prejuicios según lo que hacemos en nuestra vida, y parece que no puede separarse la idea de un deporte extremo con una actitud masculina. También se suele separar lo intelectual de este tipo de actividad, como si una mujer que realiza, por ejemplo, montañismo, como es mi caso, no puede también ser una profesional. Mucho menos una mujer femenina.

Recuerdo una vez, cuando comencé a entrenar para adquirir mayor fuerza física para mejorar en estos deportes extremos, mi entrenador me preguntaba qué es lo que quería lograr con la gimnasia para poder hacer mi rutina de ejercicios. Como soy una persona de pocas palabras, sólo le dije que quería ganar fuerza, pero él me respondió que las mujeres tenían que realizar un tipo de gimnasia específica para marcar la cintura, desollar piernas lindas y marcar los muslos. Hasta este momento, sentí que era un insulto a la mujer pensar que sólo eso nos interesa. Cuando le expliqué mejor mis objetivos, es decir, le comenté sobre el montañismo, me dijo: “Ah, yo pensé que eras del tipo intelectual”. Esto fue aún más ofensivo. Relacionar un deporte extremo con los hombres y, además, hombres sin intereses intelectuales, es totalmente errado y triste.

Al final me dio la rutina que necesitaba, pero se encargó de difundir por todo el gimnasio las cosas que yo hacía. Muchos hombres se acercaban a mí a preguntarme si era cierto, y cuando asentía, me decían algo así como: “¿No te parece que es un poco masculino? Deberías hacer cosas `más de mujeres`”. También me dijeron una vez: “No pareces ese tipo de persona”. Me pregunto a qué tipo de persona se refería. ¿Esperaba que las mujeres que realizamos algún deporte extremo no podamos actuar como mujeres en nuestra vida cotidiana?, ¿Que no nos depilemos o hablemos como maleducadas? ¿Que busquemos peleas con hombres o nos interesen otras mujeres? Lo cierto es que las mujeres tenemos la misma capacidad que los hombres para hacer este tipo de actividades, pero parece que muchos hombres no tienen la capacidad para no juzgar a las mujeres.

Yo creo que esto se genera a partir de la falta de información que se tiene sobre el deporte extremo. Se piensa que se trata de una actividad en la que se compite para ver cuántas veces nos golpeamos o cuántas heridas nos hacemos. Pero en realidad el concepto es totalmente diferente.

El deporte extremo para mí es un deporte como cualquier otro. Uno tiene que desarrollar ciertas habilidades y entrenar para agilizar el cuerpo. A diferencia de otras actividades, el deporte extremo, aunque se crea que es vivir al borde del peligro, es un tipo de deporte con el que aprendemos a ser más seguros y tomar todas las precauciones necesarias para no correr peligros. Las personas que realizamos este tipo de actividad somos más conscientes de los riesgos y de las maneras de evitarlos.

Por ejemplo, en buceo, otro deporte que también practico, se está más tiempo aprendiendo a cómo no correr peligros en el agua. Un buzo puede nadar entre tiburones y no le pasará nada porque conoce la naturaleza. La mayor cantidad de accidentes con tiburones son con personas que nadan en aguas peligrosas, exponiéndose a los riesgos más grandes. Por ejemplo, cuando se nada en la superficie de aguas con este tipo de fauna, los tiburones no logran diferenciar lo que hay en la superficie y se confunden, pensando que es una presa, como un lobo marino. Para estos animales, los hombres no son presas. Ellos no nos conocen, y la naturaleza del animal es no comer nada que no conocen por instinto. Es por eso que cuando un buzo nada cerca de un tiburón, el animal se acercará, y al ver que no forma parte de su “menú conocido” preferirá no arriesgarse a comer algo que podría resultar, tal vez, venenoso. Igual que nosotros cuando vamos a un restaurant y no sabemos cómo o de qué está hecho alguno de los platos del menú.

La mujer que realiza un deporte extremo es una mujer con más conocimientos sobre la naturaleza y la forma de sobrevivir en ella sin correr ningún riesgo. También es una mujer que se divierte sanamente en un ambiente donde sobra la generosidad y las ganas de vivir. Uno aprende también a ser más cuidadoso con el planeta y con otras personas.

Uno de los fines más importantes de cualquier deporte extremo es el compañerismo. Uno no puede escalar sin un compañero, excepto por los que se los llama “primeros de cordada”, así como tampoco puede, o debería, bucear sin él. Por lo tanto, aprendemos a cuidar a la otra persona, que, al mismo tiempo, también estará cuidándonos a nosotros.

Para todas aquellas mujeres que sienten ganas de aventurarse en un deporte extremo pero piensan que no es algo muy femenino, sólo puedo aconsejarles que no tengan miedo. Cuando hablo de miedo me refiero miedo a los prejuicios, porque en los deportes extremos generalmente no hay nada que temer si uno es lo suficientemente precavido y cuidadoso. No se preocupen por lo que puedan pensar de ustedes, sino por hacer tomar consciencia de que el deporte extremo no está reservado para el hombre. Es más, muchas mujeres son más ágiles en muchos de estos deportes gracias a que, desde pequeñas, bailamos y desarrollamos movimientos ágiles del cuerpo, que luego nos sirve como herramienta en el deporte.

Personalmente, el montañismo y el buceo son dos de mis grandes pasiones después de mi profesión. También sigo usando maquillaje y zapatos de taco para salir, y no tengo una imagen masculina. Ayudemos a eliminar los prejuicios, así menos mujeres se pierden de estos maravillosos deportes que sólo pueden brindarte diversión y consciencia sobre la seguridad y el medio ambiente.