Nuevamente, Holanda ha decepcionado a propios y extraños. No sabría exactamente si decir que ha sorprendido, porque en mi caso no fue así. Reconozco que si hubiera tenido la posibilidad de apostar, habría jugado toda mi fortuna a Rusia en el partido de cuartos de final de esta Eurocopa 2008. por supuesto, se me podrá acusar de juzgar “con el resultado puesto”, pero lo cierto es que esto lo dije mucho antes de que Holanda se clasificara a las instancias finales del torneo.

Lo que aquí podemos preguntarnos es: ¿cómo puede ser que un equipo que se había floreado, que había goleado a Francia 4 a 1, que había despachado a Italia con un categórico 3 a 0 y que había vencido a Rumania jugando con un equipo suplente, haya caído ante una selección que, si bien tiene en su armador Arshavin a una estrella en potencia, es una selección de segundo orden, como Rusia, que ni siquiera clasificó al mundial de Alemania, y que en el de Corea Japón no pasó de la segunda fase? ¿Dónde ha quedado la generación holandesa del 88, aquella en la que Gullit, Van Basten y compañía deslumbraban al mundo con un fútbol extraordinario?

Hoy ha quedado fuera una vez más de una competición importante, con jugadores de la talla de van Nistelrooy, Robben, van Persie, entre otros. ¿cuál será, en definitiva, el problema más grave de este equipo? ¿Pasa acaso por una cuestión psicológica, mental, en la que el fútbol cae derrotado ante los estados de ánimo? ¿Será cierto que algunos jugadores, ante instancias decisivas, bajan notablemente su rendimiento, alimentados por las presiones que siempre están presentes en un partido de fútbol?

Evidentemente, al equipo naranja algo de esto le sucede. No es una historia nueva. De hecho, fue asombrosa su rápida eliminación en el mundial de Alemania, donde jugó en el mismo grupo de Argentina, con quien empató 0 a 0, y en el que luego fue eliminada. En el mundial de 2002 directamente no jugó, y en el de Francia 1998 fue eliminada, luego de vencer a la Argentina, por Brasil, posterior finalista. Si vamos aún más atrás, el único hito que recordaremos serán las dos finales consecutivas que llegó a disputar: 1974, donde la famosa “Naranja Mecánica”, un equipo comandado por Johan Cruyff y que jugó un fútbol fuera de serie, cayó ante un rudo equipo alemán que tuvo en Gerd Müller a un goleador implacable; 1978, en que cayó por 3 a 1 ante Argentina en el recordado y discutido mundial dirigido por la dictadura militar de Videla en Argentina.

Más allá de esos dos mojones históricos, nunca hemos asistido a una selección de Holanda triunfal en instancias decisivas. Ni siquiera cuando fue sede de la Eurocopa, en el año 2000, en la que Francia e Italia se disputaron la corona en la final.

¿Existe una psicología del jugador de fútbol? ¿Existe alguna fuerza más allá de lo consciente, más allá de lo físico, que haga que unos jugadores de rendimiento superlativo en sus clubes, campeones de todo (Van Nistelrooy en Real Madrid, Robben en Chelsea, van der Sar en Manchester United, campeón de Champions League, Premier League y Copa de Inglaterra, como ejemplos más distintivos), pierdan estrepitosamente en instancias decisivas? Parece que tendremos que pensar que sí, pues lo mismo le sucedió a la superestrella Cristiano Ronaldo, que junto con Deco y compañía no pudieron pasar a una Alemania disminuida y rústica, habituada más bien a los pelotazos y el juego fuerte que al juego de pelota al ras del piso.

Las estrellas “estrelladas” del fútbol holandés seguirán dando ejemplo de lo que nunca se debe hacer en un deporte como el fútbol: confiarse, relajarse, pensar que después de una primera fase brillante el camino está allanado.

En esta Eurocopa 2008 hemos visto buenos partidos, pero los mejores fueron aquellos en los que jugó Holanda, sin dudas: jugadas preparadas, toques de primera, pases en cortada, inclusive lujos en la definición. Pero en el partido crucial, nada. Un empate a 1 con Rusia, definido en tiempo suplementario, en el cual la frescura del talentoso Arshavin, un jugador de 27 años, supo darle la victoria y las pinceladas mágicas al conjunto ruso, venciendo todos los pronósticos.

El periodista argentino Dante Panzeri dijo alguna vez que “el fútbol es un estado de ánimo”. ¿no sería entonces lógico que los holandeses, luego de esa primera fase genial, hayan vencido a Rusia sin problemas? Evidentemente, aquí el estado de ánimo se les fue hacia otro lado: se trasladaron la presión de tener que llegar a una final a su juego, y terminaron dando un espectáculo en el cual sus jugadores no pudieron hilvanar grandes jugadas ni muchas llegadas de gol contra el arco de un desconocido arquero ruso.

El caso holandés se puede comparar también con España, que hasta esta Eurocopa siempre había decepcionado, y que por la cuestión azarosa de los penales, hoy ha accedido a la semifinal, para jugar justamente contra Rusia. ¿Será España capaz de sortear este escollo, que parece ser la revelación del torneo? ¿podrá vencer a un equipo prácticamente defensivo, que arriesga muy poco, pero que muestra seguridad en casi todas sus líneas? ¿Y si España pierde, podremos decir que ha decepcionado una vez más?

Creemos que sí, porque es hora de que esas selecciones que prometen, que incluyen a grandes jugadores de fútbol en sus planteles: caso de Fernando Torres, Dani Buiza, Iker Casillas, Puyol, Iniesta, Cesc; den crédito al periodismo, y a sus propios hinchas, de que pueden dar más de lo que hasta ahora han hecho, y que pueden pasar de ser simples insinuaciones y constituirse como verdaderos equipos.

Tanto el caso de Holanda como el de España son paradigmáticos de este tipo de situaciones: en ambos ejemplos, hemos citado extraordinarios jugadores de fútbol, que en conjunto nunca han logrado nada como parte de una Selección. ¿Será acaso la falta de experiencia jugando juntos lo que haga que fracasen? ¿O es que tal vez no sean tan buenos jugadores como aparentan? En cualquier caso, la razón siempre la tiene el tiempo, y hasta ahora no se la ha dado, ni a España, ni a Holanda. Ojalá alguno pueda revertir la historia. Pero eso está por verse.