Muchas veces se habla en el fútbol de las superestrellas, de las grandes figuras, de los jugadores estelares. Messi, Ronaldinho, Kaká, Agüero, el Niño Torres, Cristiano Ronaldo, entre tantos otros, son nombres que cualquiera conoce y que se han convertido, gracias a sus rutilantes actuaciones, en figuras preponderantes del fútbol mundial. Cristiano Ronaldo convirtió más de 40 goles en la última temporada, llevando al Manchester a ganar cuanto título se le apareció enfrente; Messi fue la figura rescatada de un Barcelona en debacle; Kaká fue el abanderado de un Milan plagado de jugadores viejos y sin talento. Agüero fue la clave para que el Atlético de Madrid obtuviera un puesto para entrar a la Champions League, convirtiendo más de 20 goles en la Liga. ¿Alcanza con todo esto para triunfar a nivel de Selecciones Nacionales? ¿Qué pasa cuando estos jugadores deben jugar en equipo junto con otros, con quienes no están acostumbrados a jugar, y que son tan estrellas como esos? ¿Qué pasa cuando se juntan en el mismo equipo estrellas como Messi, Riquelme, Agüero; Ronaldo, Deco y Nuno Gomes; Ronaldinho, Kaká, Robinho; van Nistelrooy, Robben; Fernando Torres, Iniesta y Cesc? ¿Hay algo más allá que nos permita analizar el funcionamiento de un seleccionado, aparte del conjunto de jugadores elegidos?

Pensando en el caso argentino, hemos visto que en las presentes eliminatorias para el mundial 2010 el nivel mostrado es realmente bajo. Lo mismo sucede con Brasil, y hablamos de dos equipos que están plagados de estrellas y figuras y que siempre son candidatos. Históricamente, ha pasado con el fútbol español, que ha albergado grandes jugadores; también con el fútbol inglés, que no puede lograr acceder a instancias decisivas desde hace ya mucho tiempo. Hay un elemento que aquí debemos analizar y tomar en cuenta: la importancia del juego en equipo en un deporte colectivo en esencia como el fútbol.

Muchas selecciones han sufrido debido a cuestiones vinculadas con la falta de conciencia de este concepto. En variadas ocasiones se ha confiado el liderazgo exclusivo a un jugador, o se ha intentado juntar distintas figuras, creyendo que en esa selección de jugadores de fútbol extraordinarios el éxito estará asegurado. Y pasa todo lo contrario: muchos líderes, y pocos compañeros. Pasa hoy en Argentina, con Verón, Riquelme, Agüero, Messi, Maxi Rodríguez; pasa en Brasil, donde vemos un conglomerado formado por Robinho, Kaká, Alexandre Pato, Ronaldinho, Baptista; pasa en Inglaterra, que ni siquiera logró clasificarse a la eurocopa 2008, con jugadores como Gerrard, Rooney, Walcott; ha pasado con España, que tuvo siempre entre sus filas a Fernando Hierro, Raúl, Fernando Torres, Iniesta; ha pasado inclusive con Francia, en el mundial en el que tuvo que defender su título.

Y sin embargo, hemos visto también equipos con una fuerte raigambre de la importancia de lo colectivo: Senegal, sorpresa absoluta del Mundial 2002; Turquía, grata sorpresa de esta Eurocopa y también del mundial 2002; Rusia, que hoy tiene tan sólo una figura estelar rodeada de un equipo en el cual todos están unidos, corren, marcan y juegan.

En el fútbol, un deporte en el cual once jugadores tienen que estar en el mismo equipo, es crucial que exista una coherencia entre los miembros del grupo. Esos integrantes tienen que estar unidos, y no debe existir rispidez de ningún tipo entre ellos, choques que puedan darse en torno a liderazgo, importancia en el equipo, y cuestiones por el estilo: todos deben sentirse importantes. El equipo hace la diferencia gracias a la integridad colectiva, a la fuerza del conjunto.

Nace entonces un interrogante: ¿cómo conviene armar unequipo de Selección, en el cual supuestamente deben incluirse los mejores jugadores de cada país? ¿Deben incluirse “los mejores”, o es mejor pensar en un grupo que se conozca y se tenga confianza, como pueden ser Riquelme, Palermo y Palacio, compañeros estelares de Boca Juniors; o d’Alessandro, Bergessio y Silvera, tándem casi imbatible de San Lorenzo de Almagro? ¿no sería acaso más productivo conformar un conjunto en el cual prevalezca lo humano por sobre las cualidades individuales, en el cual importe más el entendimiento que puedan tener entre ellos, más allá de las habilidades individuales de cada uno? Si tenemos una mirada histórica sobre el asunto, si analizamos brevemente lo que han sido los equipos más exitosos de fútbol a lo largo de los mundiales, veremos que, más allá de los brillos individuales, siempre ha prevalecido la cuestión integral por sobre la individual.

Desde 2006 para atrás, podemos nombrar a los últimos diez campeones: Italia (2006), Brasil (2002), Francia (1998), Brasil (1994), Alemania (1990), Argentina (1986), Italia (1982), Argentina (1978), Alemania (1974), Brasil (1970). ¿De todos estos equipos, recordamos alguno en el cual haya prevalecido un jugador brillante por sobre el resto? Uno solo, el mejor jugador de la historia, y el único capaz de definir y ganar partidos por sí solo: Diego Armando Maradona, en el mundial de México de 1986, que ganó Argentina venciendo a Alemania por 3 a 2. Del resto de las escuadras, el último campeón se afianzó en un grupo que se destacó por funcionar correctamente en defensa y definir los partidos con lo mínimo indispensable; el Brasil de 2002, más allá del goleador Ronaldo, tenía un equipo aceitado en el que confluyeron nombres como Cafú, Roberto Carlos, Gilberto Silva, entre otros, que si bien eran grandes jugadores se destacaron más por tener un engranaje aceitado y por la solidaridad de cada uno a la hora de disputar cada partido. De la misma forma, el campeón Francia de 1998 tuvo méritos repartidos en distintos miembros del equipo: Thuram, Petit, Zidane, Barthez, Wiltord. Brasil del 94 tuvo al mejor Romario, Alemania del 90 funcionaba gracias a la cohesión de Brehme y Matthaus; hoy por hoy nadie recuerda un jugador brillante y estelar de la Italia de 1982, más allá del gran goleador Paolo Rossi; lo mismo para la Argentina de Kempes y la Alemania de Beckenbauer de 1974, o el Brasil del 70.

¿O acaso del Piero, gran jugador italiano, no ha perdido su lugar en la selección como titular a pesar de ser una gran figura?

Pensar en una Selección gobernada por el interés común, lejos de los talentos individuales, sería una buena solución para obtener los resultados que tanto añoramos desde hace veintidós años. Lo mismo lo deben sufrir hinchas de otros países como España, que siempre han visto pasar grandes jugadores que terminaron decepcionando.

Del otro lado, en la eliminatoria ha aparecido un gran equipo como Paraguay, que no cuenta con estrellas, más allá de sus dos goleadores, Salvador Cabañas y Roque Santa Cruz, pero que sí tiene entre sus filas jugadores experimentados que en el largo plazo han compartido muchos partidos juntos: Caniza, Haedo, Villar, entre tantos otros. Podríamos pensar lo mismo para el nuevo Chile, armado por Marcelo Bielsa.

¿Tendremos la posibilidad de que el técnico argentino piense en un equipo diferente? Teniendo en cuenta que es casi segura la participación argentina en el mundial, ¿no será hora de cambiar, de probar nuevos jugadores, de intentar formar bloques de jugadores de fútbol que ya hayan jugado juntos (por ejemplo, Battaglia, Riquelme, Palacio y Palermo en Boca; Carrizo, Ferrari, Villagra en River; Montenegro y Denis en Independiente, Pavone y José Sosa en el gran campeón que tuvo Simeone en Estudiantes)? ¿Estará dispuesto a Basile a comprender semejante cuestión de importancia en pos de mejores resultados y mejor nivel de juego? Ojalá que sí.

No queremos que se nos acuse de decir las cosas por algo circunstancial, pero lo cierto es que los últimos partidos de Argentina han sido el 0 a 0 con Brasil, el 1 a 1 con Ecuador y la derrota 1 a 2 con Colombia, con expulsión de Tevez por roja directa incluida. Dos goles en tres partidos, pobre nivel de juego y más allá de las llegadas que se hayan tenido frente al arco adversario, poca resolución.

Tal vez sea posible replantearse la forma en que deben conformarse los equipos nacionales, sobre todo teniendo en cuenta que estos tiempos que corren, que promueven el individualismo por sobre todas las cosas, amenazan con doblegar la cuestión de lo colectivo. Defendamos la integridad del equipo, por sobre los talentos y los intereses personales, tal vez así pronto podamos ver mejores resultados.