Es a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX cuando surge y se desarrolla el movimiento de renovación pedagógica que se conoce como Escuela Nueva. Aunque es en el año 1762 con la publicación del Emilio en el que el niño aparece como centro y fin de la educación; iniciándose así, una nueva corriente pedagógica de carácter evolutivo. Cuya orientación puede expresarse como la preparación del niño para el triunfo del espíritu sobre la materia, el respeto y desarrollo de la personalidad del niño, formación del carácter y la coeducación y preparación del futuro ciudadano, un hombre que sea consciente de la dignidad de todo ser humano.

La educación nueva surge, principalmente, como reacción a la educación tradicional. Los pedagogos que representan a la Escuela Nueva denuncian sus vicios; entre ellos la pasividad, su desconocimiento de la singularidad del educando, el intelectualismo, el enciclopedismo, su proceder por vía del autoritarismo, el magistrocentrismo. Definiendo nuevos roles para los distintos participantes del proceso educativo.

Se impone la obligación de tener una imagen justa del niño, tratar a cada uno según sus aptitudes, enfatizando la significación, valor y dignidad de la infancia. La educación se basa entonces en la psicología del desarrollo infantil, y debe garantizar al niño la posibilidad de vivir su infancia felizmente. Esta nueva pedagogía concibe la infancia como una edad que tiene su funcionalidad y finalidad en si misma y esta regida por leyes propias y sometidas a necesidades particulares. Por tanto, todo aprendizaje efectivo parte de alguna necesidad, de algún interés del niño y esto debe considerarse como punto de partida para la educación.

Al considerar de esta manera al interés, como punto de partida, la idea de un programa impuesto se vuelve innecesaria. La función del maestro ya no es dar una serie de contenidos determinados, ahora debe descubrir las necesidades o el interés de sus alumnos y los objetos que son capaces de satisfacerlos. Los libros también son dejados de lado sólo utilizados como suplemento, dándole mayor importancia a las experiencias cotidianas, siendo estas ultimas más capaces de despertar el interés en el niño.

Son, entonces, la naturaleza, la vida del mundo, los hombres, los acontecimientos los nuevos contenidos. La educación es entendida como un proceso para desarrollar cualidades creadoras en el niño. Se vuelve esencial que pueda emprender sus investigaciones con entera libertad.

La relación maestro-alumno de poder-sumisión que se daba en la Escuela Tradicional sufre una transformación, viene a ser sustituida por una relación de afectos y camadería. El docente se convierte en un auxiliar del desarrollo libre y espontáneo del niño, es decir, el maestro va a ser un guía, debe abrir camino y mostrar las posibilidades a sus alumnos. A esta nueva relación tenemos que incorporar la autodisciplina, donde el maestro cede el poder a sus alumnos colocándolos en una posición funcional, la de autogobierno. Se produce aquí una traslación del eje educativo, la nueva pedagogía retira al maestro de la escena para colocar en él al educando.

Al producirse un cambio en el contenido y en la relación maestro-alumno, también se producen cambios en los métodos. La Escuela Nueva introduce una serie de actividades libres para desarrollar la imaginación, el espíritu de iniciativa y la creatividad. Las formas de transmitir no se tratan solamente de que el niño asimile aquello que ya conoce sino que los contenidos son puestos a disposición de los alumnos mediante su iniciación en un proceso de conocimiento a través de la búsqueda, respetando su individualidad. Esta propuesta de la individualización de la enseñanza implica que se tenga un conocimiento más a fondo del lenguaje, la lógica, la comprensión, la inteligencia, la memoria, la visión, la destreza manual y la audición de cada niño.

Se incluyen todas las formas de actividad humana, tanto la intelectual como la manual y la social. La escuela se vuelve activa, concibiendo el aprendizaje como un proceso de adquisición individual, según las condiciones personales de cada discípulo.

John Dewey forma parte de esta tradición pedagógica renovadora que pretendió la modernización de las instituciones educativas norteamericanas. Este pedagogo encarna la figura del renovador educativo y social característico de esta corriente, y propone la concepción de la educación progresiva, versión norteamericana de la Escuela Activa o Nueva europea.

Dewey practicó una crítica contundente a la obediencia y sumisión en ese entonces sembradas en las escuelas. Mediante los principios de iniciativa, originalidad y cooperación pretendía liberar las potencialidades del individuo rumbo a un orden social que debería perfeccionarse en forma progresiva. De esta manera traducía para el campo de la educación el liberalismo político-económico de los Estados Unidos.

Le dió prioridad al aspecto psicológico de la educación, en detrimento del análisis de la organización capitalista de la sociedad, como factor esencial para la determinación de la estructura educacional. Construyó ideas de carácter progresista.

El pragmático, filósofo, psicólogo y educador John Dewey nació el 20 de Octubre de 1859, en Burlington, Vermont. Después de graduarse como Bachelor of Arts, enseño varios años en escuelas medias.

En 1882 se trasladó a Baltimore y se matriculó en la Universidad John Hopkins, estudiando con Ch.S. Pierce, S. Hall y G.S. Morris. Su trabajo fue influido especialmente por el ambiente hegeliano de la universidad, y esto se ve reflejado en el gusto por la esquematización lógica, el interés por las cuestiones sociales y psicológicas y la atribución de una raíz común a lo objetivo y subjetivo, al hombre y la naturaleza.

En 1884 obtuvo el doctorado con una tesis sobre Kant. Se hizo asistente de filosofía en Ann Arbor, Michigan. En 1886 se caso con Alice Chipman. Luego, en 1894 Dewey se traslado a la Universidad de Chicago, como director del Departamento de Filosofía, Psicología y Pedagogía, siendo, también, director de la Escuela-Laboratorio de la Universidad de Chicago.

En 1904, renunció como director de la escuela y también lo hizo a su puesto como profesor. Por último fue docente en la Universidad de Columbia, en Nueva York desde 1905 a 1929. Volvió a casarse a los ochenta y siete años con Roberta Lowitz Grant. John Dewey, el padre de la educación progresiva americana murió el 1 de junio de 152, a los noventa y dos años de edad.

Además de su dedicación en pro de la reforma educativa, defendió la igualdad de la mujer, incluyendo el derecho al voto, y colaboró con la Hull House de Jane Adams. Fue cofundador, 1929, de la Liga para una acción política independiente, fomentó el sindicalismo docente y alentó la ayuda a los intelectuales exiliados de los regímenes totalitarios.

Su obra escrita completa abarca treinta y siete volúmenes y trata temas filosóficos, sociales, psicológicos y educativos, entre ellos, encontramos libros como Psicología (1887), La escuela y la sociedad (1889), Democracia y educación (1916), La reconstrucción en la filosofía (1920), Naturaleza humana y conducta (1922), La búsqueda de la certeza (1929), El arte como experiencia (1934), Lógica: la teoría de la pregunta (1938) y Problemas del hombre (1946).

En el movimiento progresista americano es habitual diferenciar tres fases:

* Finales del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial.

* Fin de la guerra hasta la Depresión de 1929.

* Entre 1929 y la Segunda Guerra Mundial.

Aunque se puede decir que Dewey influyó en todas las etapas, fue en la primera de ellas en las que dejó marcas más profundas, ya que coincide temporalmente con la experiencia que llevo a cabo junto a su esposa Alice Chipman en la Escuela Elemental de la Universidad de Chicago(1896).

Desde el punto de vista epistemológico, Dewey considera que los conceptos en que se formulan las creencias son construcciones humanas meramente provisionales, pues tienen una función instrumental y están relacionados con la acción y la adaptación al medio. Critica el enfoque clásico sobre el conocimiento y lo contrapone a su perspectiva experimental y científica.

Dewey proponía el aprendizaje a través de actividades más que por medio de los contenidos curriculares establecidos, oponiéndose a los métodos autoritarios. Consideraba que la educación no debía ser solamente una preparación para la vida futura, sino que debía proporcionar y tener pleno sentido en su mismo desarrollo y realización.

Pensaba que lo ofrecido por el sistema educativo de su época no proporcionaba a los ciudadanos una preparación adecuada para la vida en una sociedad democrática.

Es importante introducir aquí algunos rasgos sociohistóricos que caractericen la evolución de los Estados Unidos en el cruce de los siglos XIX y XX:

* Movilidad de las fronteras estadounidenses y la colonización de nuevos territorios, conduciendo al control y transformación de los territorios.

* Ductilidad y permeabilidad de la organización social.

* Estratificación social flexible.

* Relativización de los principios y practicas de la herencia histórica, llevando la atención hacia los problemas que confrontan los hombres en la actualidad.

* Elección de una forma de vida democrática y como principio educativo, la democracia había de ser reinventada, y esto constituía una tarea moral.

Dewey se sintió comprometido en la tarea de la reforma social y educativa, entendida como una empresa colectiva, y no solo individual.

Como filosofo, subrayo sobre todo lo práctico, esforzándose en demostrar como las ideas filosóficas pueden actuar en los asuntos de la vida diaria. Su planteamiento lógico y filosófico era de cambio permanente, adaptándose a las necesidades y a las circunstancias concretas. El proceso de pensamiento en su filosofía es un medio de planificar la acción y de superar los obstáculos entre lo que hay y lo que se proyecta. La verdad es una idea que ha penetrado en la experiencia practica. Dewey siguió al filosofo y psicólogo americano William James, fundador del movimiento filosófico del pragmatismo; la propia filosofía de Dewey, llamada también instrumentalismo o experimentalismo, deriva del pragmatismo de James.

James, por caso niega el dualismo alma-cuerpo y reconoce la presencia de un continuo interrelacionado de experiencias. Y esa experiencia contiene ya la verdad.

Dewey, en Democracia y Educación, desarrolla un pensamiento educativo basado en la tesis del naturalismo pedagógico. Pero no es el suyo un naturalismo pedagógico a la manera como lo entendió Rousseau, su exponente con mas éxito en Europa. Reconoció Dewey los aportes de Rousseau en el uso del naturalismo pedagógico: la naturaleza como modelo, norma; la naturaleza como ley y fin del desarrollo; el desarrollo natural como un fin cuyas consecuencias son la atención a los órganos, la salud y el deporte, la movilidad física, la atención a las diferencias individuales, la atención a las preferencias e intereses, aspectos estos ignorados en la educación de niños y jóvenes.

Pero si bien Dewey no duda en reconocer y subrayar la importancia del naturalismo pedagógico en la visión educativa de Rousseau, tampoco es menos cierto que precisa las limitaciones y equívocos en que incurrió el gran filosofo en cuanto a la comprensión y uso de ese tan importante concepto. Así, Dewey niega que ese desarrollo de la naturaleza asigne los fines de la educación. En su opinión, Rousseau confunde las condiciones de la enseñanza en los fines de su desarrollo. Los fines de la educación, según Dewey, emanan del medio social y no del simple desarrollo de la naturaleza.

El aporte más importante del trabajo de Dewey que hay que destacar es su afirmación de que el niño no es un recipiente vació esperando a ser llenado de conocimientos. Considera que, tanto el profesor como el alumno forman parte del proceso enseñanza-aprendizaje, resultando muy artificial la separación que tradicionalmente se ha establecido entre ambos.

Dewey va a rechazar un conjunto de doctrinas pedagógicas:

* La educación como preparación, perspectiva que considera a los niños como candidatos a adultos.

* La educación como desenvolvimiento, donde las ideas de crecimiento y progreso son contempladas como aproximaciones a un objetivo invariable (Hegel, Froebel).

* La educación entendida como adiestramiento de las facultades (Locke).

* La educación como formación (Herbart).

Dewey pensaba que la nueva educación tenía que superar a la tradicional no sólo en los fundamentos discursivos, sino también en la propia practica. Concibe la educación como una necesidad de la vida, en cuanto asegura la transmisión cultural. “a fin de cuentas, pues, la vida social no sólo exige aprender y enseñar para su propia permanencia sino que el mismo proceso de convivir educa.”

En las sociedades complejas se ha especializado la instrucción formal, y al mismo tiempo advierte como uno de sus fines es el de mantener el contacto con la experiencia directa, fundando la continuidad de la teoría con la práctica. Toda educación procede por la participación del individuo en la conciencia de la sociedad.

Es el nexo de la experiencia de participación con las actividades dirigidas a la adquisición de los símbolos culturales el que confiere a la educación moderna su particular función social. Por tanto, considera a la escuela como un espacio de producción y reflexión de experiencias relevantes de vida social que permite el desarrollo de una ciudadanía plena. La escuela es una institución social, es una forma de vida en comunidad.

Dewey propone que la escuela debe ser una sociedad en miniatura, en parte reflejar la sociedad adulta, pero descartando los hábitos, costumbres y pautas que no tengan contribuyan a la configuración de una sociedad democrática.

La educación es un proceso vital para la sociedad porque a través de ella se transmiten los “hábitos de hacer, pensar y sentir de los más viejos a los más jóvenes. Sin esta comunicación de ideales, esperanzas, normas y opiniones de aquellos miembros de la sociedad que desaparecen de la vida del grupo a los que llegan a él, la vida social no podría sobrevivir”. El autor establece aquí un vínculo primordial entre común, comunidad y comunicación. Ello porque un elemento que distingue a una comunidad de una asociación meramente física, es el de tener creencias y valores en común, y esto es posible mediante la comunicación.

Dewey se expresa de la siguiente manera: “ Tan evidente es, en efecto, la necesidad de aprender y enseñar para la existencia continuada de la sociedad, que puede parecer que estamos insistiendo indebidamente sobre un lugar común. Pero esto tiene su justificación en el hecho de que tal insistencia es un medio de evitar que caigamos en una noción escolástica y formal de la educación. Las escuelas son, efectivamente un método importante de la transmisión que forma las disposiciones de los seres inmaduros...”

Y es esta relación, o mejor dicho vínculo el que establece que no sólo la vida social es idéntica a la comunicación sino que toda comunicación es educativa. Y bajo esta idea es que la educación posibilita la participación de los individuos en una “inteligencia común”.

La vida escolar surge gradualmente de la vida doméstica, asumiendo y continuando las actividades con las que el niño ya esta familiarizado en su hogar. Convirtiéndose así en una necesidad psicológica y social. La educación es el proceso por el cual los individuos participan, señala Dewey, en “la conciencia social”. Este proceso se inicia de manera inconsciente desde el nacimiento del individuo prácticamente, “saturando su conciencia y formando sus hábitos”.

Dewey proponía que se plantearan a los niños actividades guiadas cuidadosamente por el profesor, que estuvieran basadas tanto en sus intereses como en sus capacidades. Expresa que la única educación verdadera , se realiza estimulando la capacidad del niño por las exigencias de la situaciones sociales en que se halla. Dewey contribuyo a crear una pedagogía funcional y dinámica.

“El hecho de que el materia de una ciencia este organizado demuestra que ha estado sometido a la inteligencia, que ha sido metodizado (...). El método significa aquella organización de la materia de estudio que la hace más eficaz en el uso.

El método no es antitético con la materia de estudio en la dirección efectiva de la materia de estudio hacia los resultados apetecidos. Es antitético con la acción casual y mas considerado, es decir, mal adaptada.”

Por lo tanto, Dewey considera que se debe derivar del método científico el método educativo. El “método del problema” que propone, consiste en un proceso secuenciado mediante el cual se plantea el aprendizaje como una actividad de investigación, que debe llevarse a cabo por grupos de alumnos bajo la tutela y orientación del educador. Esta propuesta metodológica consta de cinco fases:

1) Consideración de alguna experiencia actual y real del niño.

2) Identificación de algún problema o dificultad suscitados a partir de esa experiencia.

3) Inspección de los datos disponibles y búsqueda de soluciones posibles.

4) Formulación de la hipótesis de solución idea conductora para solucionar el problema planteado.

5) Comprobación de la hipótesis por la acción, porque siguiendo el enfoque pragmatista, la practica es la prueba del valor de la reflexión hecha por el alumno con objeto de resolver el problema.

La educación debe comenzar con un conocimiento psicológico de las capacidades, intereses y hábitos del niño que han de ser constantemente interpretados y traducidos a sus equivalentes sociales, a lo que son capaces en el sentido del servicio social. Debe ser un proceso continuo de reconstrucción que dé juego a un movimiento progresivo desde la experiencia inmadura del niño a una experiencia cada vez mas significativa, sistemática y controlada.

En palabras del autor, la educación es “una constante reorganización o reconstrucción de la experiencia que da sentido a la experiencia que se tiene y aumenta la capacidad de dirigir el curso de la subsiguiente.”

Dewey señala que “nosotros no educamos directamente, sino indirectamente por medio del ambiente”, y este ambiente es la escuela. Ahora, el autor reconoce tres misiones del ambiente escolar.

“La primera misión del órgano social que llamamos escuela es ofrecer un ambiente simplificado. Aquella selecciona los rasgos que son fundamentales y capaces de hacer reaccionar a los jóvenes. Después establece un orden progresivo, utilizando los factores primeramente adquiridos como medios de obtener una visión de los más complicado.

En segundo lugar, es misión del ambiente escolar elimina hasta donde sea posible, los rasgos perjudiciales del medio ambiente existente para que no influyan sobre los hábitos mentales.(...)

En tercer lugar, es misión del ambiente escolar contrarrestar diversos elementos del ambiente social y tratar de que cada individuo logre una oportunidad para librarse de las limitaciones del grupo social en que ha nacido y para ponerse en contacto vivo con un ambiente más amplio.”

La educación tiene por objeto el desarrollo de una inteligencia crítica. Hay que aclarar que esta inteligencia no debe identificarse con la idea de razón entendida como habilidad de extraer inferencias y conclusiones de premisas explícitamente establecidas. La inteligencia consiste, más bien en un conjunto complejo de hábitos de creciente flexibilidad. Toda educación es moral, si a este concepto lo entendemos en un sentido amplio que implica una valoración inteligente.

Dewey tiene la convicción de que sólo la sociedad democrática, en la que vivía, es capaz de realizar en forma plena la educación, entendida como proceso y función social. Ratifica la correspondencia perfecta de la sociedad democrática con la naturaleza del proceso educativo. Nunca entendió la democracia como un régimen de gobierno, sino como una forma de vida y un proceso permanente de liberación de la inteligencia.

Y también este pedagogo va a decir que es la escuela la que se debe ocupar del cambio social. “Las escuelas deben desempeñar un papel –y unos muy importante- en la producción del cambio social. Un factor esencial de la situación es que las escuelas siguen y reflejan el orden social que existe.” Esto es un “factor condicionante, que apoya la conclusión de que las escuelas participan con ello en la determinación de un orden social futuro...”

Una sociedad es democrática en la medida en que facilita la participación en sus bienes de todos sus miembros en condiciones iguales y que asegura el reajuste flexible de sus instituciones mediante la interacción de las diferentes formas de vida asociada. Tal sociedad debe tener un tipo de educación que de a los individuos un interés personal en las relaciones y el control de la sociedad y los hábitos espirituales que produzcan los cambios sociales sin introducir el desorden. Y lo que caracteriza a una educación democrática es la comunicación, que entendida de forma pragmática significa un proceso de compartir experiencias.

La sociedad no sólo existe por la comunicación sino que existe en ella. De esta manera la comunicación es dialéctica y reconstruye la experiencia.

Dewey procura evitar el concepto rígido, formalista de la ciencia. Pero a causa de la estrecha relación entre teoría y practica, la acción educativa no pude sacarse del concepto, por otra parte errado, de la ciencia pura. Para Dewey la educación mantiene un aspecto experimental, arriesgadamente pragmático. En el momento de la acción es un arte.

Para el autor el carácter científico de una ciencia de la educación, es la negación de una ciencia pura, entendida de forma metafísica como reflejo de una sección de lo real, y la afirmación de la naturaleza pragmática, instrumental, del saber científico, terminan por excluir la existencia de un contenido especifico y prefijado de la ciencia de la educación. Ninguna disciplina puede describir de manera completa el fenómeno educativo. La ciencia de la educación reconstruye el conjunto, utilizando las informaciones disponibles.

Desde esta postura deweyana y pese a sus referencias a una Ciencia de la educación, es aceptable la nomenclatura de “Ciencias de la educación”, ya que la Psicología de la educación, la Sociología de la educación, la Economía de la educación, se constituyen como tales a partir de las respectivas ciencias que entrañan y del objeto de estudio al que recurren.

La naturaleza de la experiencia sólo puede comprenderse observando que incluye un elemento activo y otro pasivo peculiarmente combinados. Por el lado activo, la experiencia es ensayar un sentido que se manifieste en el termino conexo “experimento”, en el lado pasivo es sufrir o padecer. Este, es el principal concepto relacionado con su teoría del conocimiento y el más importante de todo su sistema filosófico. La experiencia, entendida por Dewey esta relacionada al intercambio de un ser vivo con su medio ambiente físico y social, y no solamente a un asunto de conocimiento. Es una verdadera realidad que afecta tanto lo activo y lo pasivo, así como a lo individual y también a lo social del hombre. El concepto de experiencia implica una integración de acciones y afecciones, supone un esfuerzo de manera permanente de los procesos de reflexión e inferencia. Pensamiento y experiencia son términos que se reclaman mutuamente.

A este termino, el de experiencia, Dewey le atribuye dos principios: el de interacción y el de continuidad. El primero es el principio que la define, es decir, gracias al cual la experiencia se presenta como un encuentro de condiciones objetivas, como una situación. El segundo, se refiere a la cualidad mediata de toda experiencia, su influencia sobre las experiencias que siguen, si carácter creador; debido a que toda experiencia es una fuerza en movimiento. Ambos principios determinan una experiencia auténticamente educativa.

Una actividad rutinaria o una actividad caprichosa se diferencias de una experiencia educativa, porque esta ultima es una actividad en que se transmite instrucción y se aumenta la capacidad de que le siga una actividad de las misma características, o sea otra experiencia educativa.

En Dewey, la “experiencia” incluye el “experimento”, especialmente en el sentido que este es entendido generalmente.

Bibliografía

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Contexto Educativo. Revista Digital de Educación y Nuevas Tecnologías “Leyendo a los Clásicos”.

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Pablo Pineau, Inés Dussel, Marcelo Caruso, “La Escuela como Maquina de Educar” ED. Paidos, Bs. As. Barcelona. Mexico.

Ricardo Nassif, “Dewey, su pensamiento pedagógico.” Centro Editor de América Latina.