¡Qué desdichado y ostentoso

el oprobio del mentor!;

ayo torpe y perezoso

exfolia a la joven flor.

Sabiduría ultrajada

y mordida en sus raíces;

instructores de fachada

son pedantes e infelices.

... A veces sienten envidia

de sus propios aprendices.

... Los consume una perfidia

más baja que las lombrices.

... Exceden la autoridad

que la Academia confió,

¡sin mínima sobriedad

el intelecto murió!.

Paremos la felonía

contra una verdadera

enseñanza en agonía,

¡y ya basta de habladera!.

Si trancas mi enseñanza

niegas tu real historia,

pues soy futura usanza

del país que me dio gloria.