En Educación > estudio
Estudiar no significa asistir a una escuela o universidad, ello no garantiza la calidad del proceso de aprendizaje porque no se trata de pasar por la lección sino de que la lección se internalice en nosotros. Se puede estar en una institución educativa como alumno inscrito, rendir evaluaciones y nunca entender si se estudió o no. Estudiar tampoco significa aprender de memoria las lecciones, diría un escolástico: sitacistamente, o como lo expresaría el vulgo: repetir como loro o saberse todo al caletre. Aquella persona que estudia con calidad, a carta cabal, es la que se empeña por analizar y desentrañar una cosa, una situación o un problema. En el analizar y en el desentrañar van implícitos los procesos internos que motivan a la memoria para que albergue información significativa a largo plazo: la atención, la disciplina, el orden, la constancia, el amor, la aguda observación, la humildad, la honestidad, la necesidad de transmitir el saber y todo aquello que nos haga seres humanos dignos de poblar este planeta, en esta patria y de coexistir entre quienes merecen comprensión, respeto, tolerancia y hasta admiración. Estudiar es, a fin de cuentas, tener la convicción de que el conocimiento, impulsado por el amor divino y fraternal que nos hace a todos hermanos, es el verdadero motor de la humanidad. Si se estudia con indisposición, a medias, sin entusiasmo, sin empeñosidad analítica, desordenadamente, sin análisis, sin una actitud comprensiva acuciosa, talante de toda verdad inspiradora, en consecuencia la calidad de la civilización, de los conciudadanos, será el resultado del resultado de nosotros mismos; será el espejo de una vid enferma y estéril volcada en el desánimo de un país arruinado intelectual y espiritualmente; por ello, estudiar es también una actividad gratificante cuando se advierte que si se hace con profundidad, incluso cuando se descubre en la sencillez una profundidad que asombra, cuando hay nobleza y entrega, el entorno social será un ámbito al que los estudiosos intentarán perfeccionar; de esta manera tendremos un mundo mejor.
Debemos elevarnos a la condición emblemática del ejemplo de dos de los más grandes humanistas hispanoamericanos: Andrés Bello y Arturo Úslar Piertri, en quienes fijar un norte personal y ciudadano, significaría tributarles merecidamente la magna obra literaria, política,legislativa, histórica, filológica y educativa que legaron a las generaciones de generaciones de venezolanos, americanos; gente de habla hispana. Depositemos las semillas en el campo arado, sembremos el estudio en la venezolanidad como una actividad gratificante, hoy, necesitada de la mano laboriosa del noble campesino y de la fértil tierra que crece en la Zona Tórrida de los arcoíris simprevivos. Sembremos el interés por el estudio profundo, insigne y de entrega genial, en los corazones y espíritus de nuestros niños, quienes serán los encargados de renovar el ámbito social, cultural, político, económico, científico y espiritual de nuestra América y el mundo.
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