Teoría sobre la comunicación:

1.- Parte del principio de que el público es inteligente.

2.- Se niega a concebir a los televidentes como descerebrados frente a la pantalla.

3.- Defiende las ventajas de una emisora televisiva generalista por su capacidad de crear un vínculo social.

4.- Argumenta contra la posibilidad de que Internet sea considerada como un medio de comunicación.

5.- Se resiste a ver en el rating un absoluto.

6.- Se opone al elitismo de quienes sueñan con una pantalla televisiva que de puro culto termine transmitiendo para la selecta minoría de los más cultos entre cultos.

Aun cuando sabemos que un programa es malo, de vez en cuando lo miramos. El espectador sabe bien cuando lo que está mirando es malo. Que lo mire no quiere decir que aprecie lo que está mirando. No hay relación directa entre la audiencia de un programa y la apreciación que tiene respecto de ese programa.

Hay que mejorar la calidad de la programación. Pero mientras, la gente seguirá mirando un poco de todo. POR eso hay que preservar la televisión generalista porque ella permite ofrecer todo tipo de programas. El desafío político en materia de comunicación será guardar equilibrio entre los medios generalistas y los medios temáticos.

Como no hay una cultura teórica sobre la comunicación, las elites de la política y la tecnología están fascinadas por las nuevas técnicas y creen que tendremos mejor comunicación con nuevos medios temáticos.

Me opongo a la ideología técnica que supone que un nuevo sistema como la red arranca todas la hipótesis teóricas precedentes. La ideología técnica confunde la reflexión teórica sobre la sociedad con un sistema técnico. Las teorías de la comunicación no se vuelven falsas porque pasemos de un sistema técnico a otro.

La multiplicación de las cadenas temáticas implica el riesgo de terminar creando una emisora televisiva a dos velocidades: 1; programas de baja calidad accesibles a todos y 2; ciclos más interesantes restringidos a quienes pueden pagar la emisora televisiva por cable. Entonces, ¿por qué podríamos esperar que en la emisora televisiva no se de la misma realidad?

Tener medios a dos velocidades no es una tendencia natural. Entre ambos está la política. El poder político puede decir que hará reformas para evitar que en la comunicación se instale el sistema de dos velocidades. Es un desafío político.

Por mirar algo en la televisión, no somos necesariamente influenciados por lo que vemos. La emisora televisiva es un vínculo social: somos millones los que estamos viendo el mismo programa en el mismo momento. Los juegos televisivos son un género de diversión que resulta útil para mucha gente que está sola y se aburre. No son un modo de embrutecimiento para el pueblo. El público es inteligente y esta es la apuesta de la democracia desde el siglo XVIII. Se dijo que con la generalización de la radio y de la Emisora televisiva, los políticos serían demagogos. Los hechos demuestran lo contrario. El hecho detener la propiedad de los medios no asegura el apoderarse de las conciencias.”

¿Debe la emisora televisiva de los países democráticos permitir el acceso a la pantalla de los que están contra la democracia?

La democracia debe dejar hablar a los adversarios de la democracia porque ése es su fundamento. Es importante dejarlos hablar porque escuchando lo que expresan, la gente reacciona. El boicot sería peor que la participación. Pero cuando se hace un discurso antidemocrático es necesario explicarlo y contextualizarlo.

“Cuando hay masacres (guerras), es necesario que la imagen muestre los cadáveres, pero que no utilice el zoom. Hay que mostrarlos pero con cierta distancia para evitar el voyeurismo. Hay que reemplazar el voyeurismo por el discurso del periodista.”

Respecto la guerra de las Malvinas, la dictadura y el uso de los medios de comunicación:

Los periodistas deben decir que no hay libertad de prensa sin democracia. Deben decirle a la gente que no hay que confundir la técnica con la calidad de la emisora televisiva en el modo de abordar noticias en la prensa escrita?

En la prensa escrita hay una tendencia a hacer artículos cada vez más cortos con la suposición de que la gente ya no tiene tiempo para leer. Es cierto que el poder audiovisual es grande y que la prensa escrita está obligada a competir. Pero los medios gráficos no deben ir demasiado lejos con la simplificación.

Cuanto más imágenes circulen, cuánto más medios aparezcan, mayor será la necesidad de la prensa gráfica de ofrecer textos que merezcan ser leídos.

Respecto los reality-shows, estos cumplen una función de vínculo social porque a través de la historia del señor “por”, cada televidente se encuentra a sí mismo. Se genera es un fenómeno de identificación colectiva. La gente común se da cuenta de que todos participan en la emisora televisiva. Hay que evitar que esa tendencia llegue demasiado lejos, porque hay riesgo de caer en el narcisismo.

La ventaja de los programas de emisora televisiva sobre vida privada es que si alguien dice algo que justo siente un televidente, piensa ‘no soy el único al que le pasa’. ”

¿Por qué Internet no matará a la emisora televisiva?

La dificultad de nuestras sociedades están dadas por dos dimensiones contradictorias de la comunicación;

a) La herencia del siglo XVIII que es la libertad individual, cada uno hace lo que quiere cuando quiere. Para esa concepción, Internet es perfecta.

b) La herencia del siglo XIX que es una herencia socialista que propone la igualdad.

La libertad y la igualdad son contradictorias. Lo que me interesa en la libertad individual es el modelo de la prensa escrita. En el ámbito de la igualdad está la idea de la comunicación de masas, tratar de darle lo máximo posible a la mayoría de gente posible. Frente a esta contradicción no hay que optar, sino intentar el desarrollo de ambas.

Si se compara Internet con la radio y la emisora televisiva respecto de la colectividad, del vínculo social y de la masa, la red sale perdiendo porque funciona basada en la demanda individual. Internet no es una separación de los medios de masas, sino un complemento de ellos. La democracia de masas se encuentra mucho más en la radio y la emisora televisiva.

¿Para que sirve la TV?

La emisora televisiva sirve para hablar, es un instrumento de comunicación entre los individuos. Los más importante no es lo que es visto, sino el hecho de hablar sobre lo que se ha visto. La TV es un objeto de conversación. Es por eso que la emisora televisiva es un lazo social. Es la única actividad que crea un lazo entre los ricos y los pobres, los jóvenes y los viejos... Todo el mundo mira la tv y habla sobre lo que ha visto.

B) RECLAMOS EN LA PLAZA CATÓDICA

¿Dónde va la gente cuando sufre, cuando se siente víctima de una injusticia, cuando sospecha que la Justicia no funciona? En esos casos, la gente va a la Tele.

En la TV argentina de los 90´s los reclamos fueron tantos y de tal magnitud que las fronteras entre la pantalla y el tribunal se han ido esfumando. Como dijo el entonces gobernador de la Prov. De BS.AS, Eduardo Duhalde: “La justicia es lenta”.

Familiares de las víctimas de la AMIA, las madres y abuelas de mayo, entre otros, trajinan la pantalla pidiendo allí lo que suponen que los tribunales les darán tarde, mal o nunca. Todos asisten a la misma plaza catódica.

Cuéntelo en voz alta

De algo debe servir ese ejercicio de gritar los dolores en TV.

Cuéntelo en voz alta:

Porque el pueblo quiere saber de qué se trata.

Para que los culpables sepan que el dolor que se padece es parte de la República, de la “cosa pública”.

Para que su exigencia de juicio y castigo a los culpables se vuelva una exigencia colectiva.

Esa oferta es seguramente un consuelo raquítico. Es poco. Pero es mucho más de lo que tuvieron las Madres de Plaza de Mayo cuando durante la última dictadura se les negó hasta el derecho de ir a clamar justicia a la teleplaza.

Los argentinos descubrieron la necesidad de escenificar los reclamos. La iniciativa partió de los pobladores de Neuquen. Cortaron una ruta y quemaron neumáticos, en señal de protesta hartos de vivir en la miseria. La magnitud obligó a las cámaras de emisora televisiva a mostrar el país que no miramos.

En la Argentina menemista, desencantados frente a la impunidad generalizada, los individuos han aprendido a servirse de la emisora televisiva y de su necesidad de espectacularidad para hacer oír sus protestas, con la esperanza de hacer avanzar sus propios casos.

La eficacia de la emoción

Durante los 90´s, con el Poder Judicial maltrecho, los reclamos mediáticos de justicia fueron el pan amargo de cada día. Para hacer oír sus quejas, los ciudadanos privilegian a la emisora televisiva sobre la radio y la prensa escrita. Seguramente porque su propia experiencia de televidentes les señala que la TV es capaz de crear la emoción, y porque confían en que esa eficacia social pueda transformarse en eficacia judicial.

En la actualidad, los individuos han aprendido a servirse de la sociedad del espectáculo. Prefieren utilizarla cuando conviene a sus reclamos.

La emisora televisiva es el medio ideal para comunicar a través de las emociones. Convencidos de la fuerza de la emisora televisiva en la transmisión de las emociones, quienes acuden allí para quejarse no esperan conmover a los jueces. Saben que el proceso es más largo y más complejo. Comprenden que el efecto de sus emociones golpeará directamente no a los poderes del Estado, sino que a sus pares, a los televidentes. En síntesis, creen en la eficacia social de la TV , y conservan la ilusión de que esa eficacia social devenga en eficacia judicial.

La TV constituye un vínculo social “en el sentido de que el espectador, al mirarla, se asocia a ese público inmenso y anónimo que también la mira y de ese modo mantiene con él una especie de vínculo invisible”. Pero además, la TV crea un vínculo social porque funciona como un espejo de la sociedad. La TV es una de las únicas instancias en las que finalmente la sociedad reflexiona sobre sí misma.

La emisora televisiva existe y quienes peregrinan en la pantalla buscando justicia tienen al menos la certeza de que sus reclamos se tornarán tema de conversación. Es decir en la opinión pública. La eficacia social está garantizada ¿Cuánto mide el trecho que las separa de la eficacia judicial? Es difícil de precisar en la Argentina Menemista.

Lágrimas maquilladas

La TV tienen sus códigos y quienes allí acuden a pedir justicia han aprendido a respetarlos. Mirtha Legrand invita a su mesa a la madre de la adolescente que apareció violada y asesinada en 1991. Ella acepta esa ocasión de compartir su dolor con la sociedad y de hablarles a distancia a los responsables de hacer justicia. Tiene un dolo sin límite. Pero sabe guardar las reglas de la TV. Si quiere pedir justicia en la pantalla debe domesticar su duelo ajustándolo a las formas televisivas. Si quiere pedir justicia, no puede dejar de ir a la TV. Si en la Emisora televisiva no se hace justicia, ella funciona al menos en el imaginario colectivo para llamar la atención de los poderes del estado sobre las atrocidades sobre las que alguien ha sido víctima.

A los ciudadanos que acuden a la pantalla chica para hacer oir sus voces no se les escapa que la emisora televisiva tiene que mostrar imágenes por ejemplo el caso Cabezas (fotógrafo de noticias asesinado): los reporteros gráficos con sus brazos extendidos levantando sus cámaras al cielo; los periodistas cumpliendo sus tareas con crespón negro en el pecho recordaron que corrían días de llanto y luto; la decisión de la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (ARGRA) y de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires de pedirles a los entrevistados que posaran para los falsees o para las cámaras de TV sosteniendo la foto de Cabezas en sus manos sirvió como emblema del mensaje: El homicidio de José Luis era un problema de todos.

Otro ejemplo los familiares de las víctimas de la AMIA también supieron generar imágenes para su exigencia de investigación, juicio y castigo a los culpables. Convocaron figuras destacadas, intelectuales, actores, políticos, líderes religiosos, etc.

Los ciudadanos no solo llegan a la emisora televisiva para gritar las injusticias mayores, sino que se presentan con todo tipo de demandas. En todos los casos se observa una notable adaptación al lenguaje televisivo.

Con el poder judicial bajo sospecha, la emisora televisiva funciona no solo como una mesa de recepción de los pedidos de justicia, sino también como una suerte de contralor del desarrollo de los procesos, a eso han contribuido en gran medida la televisación de los juicios orales y públicos.

Si el poder judicial funcionara correctamente en la Argentina probablemente los ciudadanos dejarían de requerir la presencia de las cámaras como única garantía de transparencia o de acudir a la televisión para reclamar justicia.

Sueños de democracia directa

La tendencia colectiva a presentarse en la emisora televisiva democrática para hacer los reclamos en voz alta y a la vista de todos lleva a ver en ella el equivalente del ágora griega. La semejanza tiene una razón: La ilusión de encontrar en la TV la panacea (medicina curativa) de la democracia directa. En la democracia representativa los ciudadanos temen ser traicionados por sus propios representantes.

En la Argentina de los 90s la posibilidad de ser traicionados por los representantes quedó demostrada frente a este estado de ánimo colectivo se encuentra en la Tv el camino hacia una suerte de democracia directa virtual, un ámbito asimilable al que crearon los antiguos atenienses.

Reunidos e la plaza, los griegos se daban a si mismos la ley. Los ciudadanos frente a las cámaras, denuncian que las leyes no se aplican. Al darse la ley, los griegos diseñaban en el ágora el porvenir. En la plaza catódica, los ciudadanos exponen una injusticia y exigen que sea reparada conforme a las leyes preexistentes.

La presencia de los griegos en el ágora implicaba la confianza en el estado. La presencia de los ciudadanos en el estudio de TV pidiendo justicia es una prueba del descreimiento en el estado o al menos en el poder judicial. En el ágora, el valor de la palabra era central en la teleplaza la fuerza está en las imágenes y en las emociones para reforzar la palabra. Para los griegos, el discurso era el instrumento privilegiado de la acción política.

En la emisora televisiva se da por sentado que no toda palabra tiene el mismo valor. A diferencia del ágora, no es la emisora televisiva un espacio público donde se tema a los manipuladores del discurso. Atada al raiting, la emisora televisiva privilegia los discursos emotivos y seductores.

Para los griegos, la plaza pública era un fin en si mismo porque allí se realizaba la libertad que, necesariamente, era colectiva. No era el ágora un ámbito donde acudir derechos individuales sino donde ejercer la soberanía sobre los asuntos públicos. En la emisora televisiva, a diferencia del ágora ateniense, los ciudadanos instrumentan el espacio público para hacer valer sus derechos individuadles.

El problema no es que la constitución nacional haya optado por la democracia representativa, sino el funcionamiento imperfecto de las instituciones. En este contexto parece legítimo que la emisora televisiva ofrezca a la víctimas de la injusticia una caja de resonancia donde hacer públicos sus reclamos.

Es peligroso suponer que la emisora televisiva pueda poner al alcance el sueño de la democracia directa. La TV no está hecha para suplir a ninguno de los tres poderes sino para informar y entretener.

Habrá que empezar a pensar donde termina el papel de la TV y donde comienza el de la justicia.

La pornografía sentimental

La emisora televisiva es un máquina de transmitir emociones. En esa potencialidad reside tanto su fuerza de comunicación como su pasaporte hacia la pornografía de los sentimientos.

A la hora de sensibilizar a muchos sobre la justicia que se les niega a algunos no tiene la misma potencia una entrevista publicada en un periódica que la presencia televisiva.

Hay ocasiones en que la emisora televisiva pasa de la comunicación de las emociones al show de los sentimientos. Es entonces cuando ataca contra los limites del respeto por las víctimas de la injusticia y por los espectadores, y se atreve a convertir el dolor en espectáculo. Por ejemplo lo que hizo Susana Jiménez, cuando osó jugar a las adivinazas con el homicidio de Cabezas. Como si todo podría ser motivo de entretenimiento propuso un concurso en el que los participantes podían responder si creían que se iba a esclarecer el crimen. Debían responder, si o no, si creían que se iba a esclarecer el crimen del fotógrafo. Pegó tan fuerte en la sensibilidad colectiva, que al día siguiente se vio obligada a pedir disculpas públicamente.

El dolo ajeno es un material de alta sensibilidad, manipulado por cazadores de raiting inescrupuloso, produce un circo más obsceno que el de cualquier película pornográfica, porque aquí ya no se trata de la exhibición impúdica del cuerpo, sino de la explotación inescrupulosa del sufrimiento.

La práctica demuestra que hay modos de transmitir el dolor sin convertirlo en un show pornográfico.

No hay estadística que pueda comunicar la tragedia con la misma eficacia con la que la transmiten las imágenes y el discurso de las víctimas. Pero es cuestión de equilibrio.

C) ME DUELE QUE TE DUELA

Ha transcurrido apenas pocos días desde la tragedia del asalta al Banco de Nación de Ramallo, donde hubo reenes y muertos. Los familiares de las víctimas aparecieron en la pantalla dando una conferencia de prensa. El hijo del gerente del banco dice que le duelo. Todos dicen su duelo. Y lo dicen en la pantalla. Se lo dicen a esos millones de desconocidos, unidos entre sí por único cordón: todos son televidentes. Los micrófonos recogen lo que ellos dicen. Las cámaras intentan mostrar cuanto les duele. El televidente ante ese dolor ajeno imagina que podría haber sido propio.

El televidente escuchaba y miraba; se miraba. Ya vendría el tiempo de hacerle unas preguntas a la TV. Había que dejar pasar al menos los días de llanto y luto.

En los siglos democráticos, los hombres se dedican raramente unos a otros, pero muestran una compasión general hacia todos los miembros de la especie humana. La TV jugaría a favor de esa corriente. Los familiares de las víctimas de Ramallo. Llegado el tiempo de reclamar justicia, el televidente se siente habilitado para exigirle explicaciones a la pantalla.

¿Explotaba la TV ese dolor recién parido al enfrentarlos a la cámara o habría sido mucho más cruel si los había dejado solos con su duelo? La pregunta no será si convenía o no a la psiquis de los familiares del caso, la exposición televisiva en los días de llanto y luto, sino cuales son los resortes socio-mediáticos que llevaron a la Tv a interesarse en sus duelos y cuales son las expectativas que podían tener esos individuos cuando supusieron que así como el país había entendido la situación límite que atravesaban en las horas del asalto al banco, el país también comprender como y cuánto les dolía la muerte.

La igualdad misteriosa

En la sociedad democrática el otro es un igual más allá de su diferencia. ¿Las diferencias? Que las hay las hay. Existen ricos y pobre, hombres y mujeres, niños y adultos, etc. Pero más allá de las diferencias la democracia nos recuerda una igualdad esencial. “El misterio de la igualdad consiste en hacer pasar el sentimiento de semejanza y la voluntad de similitud por encima de los obstáculos de la naturaleza y más allá de la pantalla de lo visible, procurarles a los individuos la noción militante de una identidad con su cara-a-cara indiferente a los caracteres de la superficie.” Hijo de este misterio igualitario, el televidente reacciona, borra los detalles de las diferencias y se siente, aunque sea por un instante, idéntico a ese otro.

La imagen televisiva nos impulsa hacia la identificación con el otro.

La TV no nos habla de nosotros mismos, sino a través de los otros, de sus historias, rostros, etc. La TV nos habla de la humanidad ajena, tan distinta y tan idéntica a la nuestra.

Compasión a distancia

¿Cómo se compadece esa corriente de sentimientos con la realidad de un mundo de corte individualista que en la Argentina de Menem alcanzó puntos culminantes?

Lipovetsky da una pista para entender la paradoja. “En encerrarse en si mismo, la privatización de la vida, lejos de suprimir la identificación con el otro, la estimula. Paradójicamente, a fuerza de vivir por uno mismo el individuo se abre a la desgracia del otro. Cuanto más existe en tanto persona privada, más se siente la aflicción o el dolor del otro. El individualismo produce dos efectos inversos y sin embargo complementarios: a) la indiferencia al otro y b) la sensibilidad al dolor del otro.

Esta sería la paradoja: ¿Será cierto que el individualismo postmoderno nos torna receptivos a la desdicha ajena cuando la vida cotidiana nos satura de ejemplos donde el hombre es cada vez más lobo del hombre? ¿Cómo conciliar esa supuesta piedad por las dolencias del prójimo con la evidencia urbana donde cada casa es un mundo ajeno y el egocentrismo ha formado seres que se han vuelto discapacitados afectivos, ciegos para cualquier desgracia que no sea la propia.

Lipovetsky analiza la paradoja desde lo que ha llamado “La ética indolora de los nuevos tiempos democráticos”: “El altruismo (procurar el bien ajeno) del post-deber se complace en la distancia: nos hemos vuelto más sensibles a la miseria expuesta en la pequeña pantalla que a la inmediatamente intangible. Ya no una moral de la obligación, sino una moral sentimental-mediática, por todas partes la emoción prevalece sobre la ley, el corazón sobre el deber, se trata de despertar la simpatía emocional del público.

Esta revolución democrática de la relación interhumana es la que ha permitido en profundidad la apoteosis de la moral del sentimiento: los individuos se siente cada vez menos orientados a cumplir deberes obligatorios pero cada vez más conmovidos por el espectáculo de la desdicha del prójimo. Lipovetsky trata sobre el carácter arrollador pero a la vez epidémico que tiene la ayuda al prójimo nacida desde la TV. Se dona algo en un instante y en la seguridad de que el compromiso acaba con esa ayuda puntual y mediática.

Hay quienes acusan a la Tv de prolongar y exacerbar la tendencia del capitalismo salvaje a tapar con la mano de la caridad el sol negro de la injusticia. Pero la historia lleva más de 20 siglos sin conseguir que la justicia reine. Frente a esta evidencia, ¿será moralmente legítimo negarle la reducidas bondades de la caridad televisiva a un niño que ahora está a punto de morir de desnutrición?

Los Kosovares no están solos

Las grandes diatribas (discurso o escrito violento e injurioso) contra la caridad mediática apuntan sobre todo a su carácter epidémico, a su incapacidad de generar un compromiso sostenido con el padecimiento del otro, a la liviandad indolora con que se ejerce ese supuesto altruismo. En términos generales, es así como transcurre el fenómeno contemporáneo de la compasión a distancia. Sin embargo la regla tiene excepciones, por ejemplo, 1999 durante la guerra de Yugoslavia, la Tv mostró el destierro que la violencia impuso a la multitudes Kosovares. En Francia, 110.000 personas se aferraron a sus teléfonos con el objetivo de ofrecerse para alojar en sus propias casa en algunos meses a los refugiados. Gran cantidad de voluntarios no conocen la guerra de Yugoslavia más que por las emisiones televisivas. En este caso la solidaridad fue más de la telecaridad epidérmica. Esta vez las imágenes generaron el pasaje de lo virtual a lo real: los voluntarios estuvieron dispuestos a comprometer sus propias vidas y familiares en una causa solidaria.

Para explicar la diferencia de reacción entre aquellas cosquillas virtuales que generaba en los espectadores la guerra del Golfo y la disposición solidaria que despertó la tragedia en Yugoslavia, es preciso poner los ojos en la pantalla. En Yugoslavia, el dolor, la muerte y la tragedia, tal cual los mostraba la TV tenían un rostro, un nombre, una palabra. En la guerra del Golfo se veían apenas el desierto y el cielo cruzado por una seguidilla de puntos luminosos. La fuerza de las imágenes es un elemento inconsciente que jugó a favor de la solidaridad. Las imágenes de los refugiados Kosovares se asociaban en el inconsciente colectivo con la de los deportados en la segunda Guerra Mundial, camino a los campos de exterminio.

Las imágenes televisivas son una suerte de despertador de conciencia y los hombres, son capaces de aprender las lecciones de la historia.

La cima de la dignidad

Se puede demostrar que las campañas televisivas de ayuda al prójimo basan su éxito en la estrategia de pedir poco, en no contradecir a la cultura post-moderna en su deseo de ejercer una ética indolora. Pero ese andamiaje teórico choca por ejemplo con las campañas para la donación de órganos ya que esta exige interlocutores dispuestos a dar hasta que duela.

Un padre tuvo que acudir al templo mediático Tv en busca del milagro de conseguir un transplante para su hijo. Este dijo “De tanto hablar en los medios se pudieron hacer otros 66 transplantes. Eso demuestra que cuando vos le explicás a la gente como son las cosas, la gente entiende y se solidariza.” Eso demuestra que a pesar de todos los males, la Tv sirve para despertar la generosidad epidémica que al menos lleva un plato de comida al hambriento y la solidaridad. Bendita sea la Tv.

D) ENTREVISTA A GILLES LIPOVESKY

Lipovesky sostiene que las sociedades post-modernas se caracterizan por la “cohabitación de los contrarios”

Su primer libro, la era del vacío (1985) lanza la problemática del individualismo post-moderno como figura central del estado social democrático contemporáneo. Rechaza el enfoque Marcista y la interpretación de Foucault, y considera que el desarrollo del consumo de los medios y del ocio no puede ser reducido a un instrumento de control generalizado de los social: existe también un poder de economía de los individuos en lo que él denomina “El Reino de la moda acabada”

El se niega a encerrar a la filosofía en el marco de un juego conceptual hipotético-deductivo o en los grandes textos de la tradición. Prefiere articular la larga duración de la historia con los detalles de la vida cotidiana. Empeñado en descifrar el enigma de la post-modernidad se vale de hechos considerados a veces como periféricos, en narcisismo, el humor, la publicidad, la moda la belleza femenina, la seducción.

¿Cómo se ubica la TV en la lógica de la post-modernidad?

La TV es un dispositivo inherente a la sociedad post-moderna. La TV ha contribuido a la post-modernidad en medida en que ella es una pieza esencial en el advenimiento del neo individualismo. Pero, antes de analizar ese papel de la TV, conviene hacer algunas precisiones sobre la post-modernidad. Partiendo de la interpretación de Lyotard, la condición post-moderna se caracteriza por la quiebra de los grandes relatos, por la derrota de las grandes ideologías de la emancipación. Creo que estas ideas son justas, pero que no podemos definir la post-modernidad solo por lo negativa. La sociedad post-moderna se vincula con las metamorfosis que sufren las sociedades occidentales aproximadamente desde 1950. Después de los 50´s y 60´s comenzamos a entrar en la edad post-moderna; y eso corresponde con la reestructuración de las democracias por la lógica del consumo y de la comunicación de masa. Desde mi punto de vista, esa es la post-modernidad. Y es precisamente este reciclaje de las sociedades por el consumo y la comunicación de masas lo que ha precipitado la banca rota de las grandes ideologías.

La sociedad de consumo y de comunicación había difundido un valor central: el hedonismo, la exigencia de felicidad aquí y ahora. En una sociedad centrada en el presente, la legitimidad del cuerpo, del ocio, del consumo y del entreteinmente televisivo, forman un mismo dispositivo. Se trata de una sociedad que cotidianamente funciona sobre la legitimidad del derecho al placer. La sociedad postmoderna ha promovido el ideal del presente y ese ideal el que ha minado estructuralmente los grandes sistemas ideológicos que estaban centrados en el futuro. Es además una sociedad que busca sensaciones; la gente quiere disfrutar de la vida aquí y ahora. Las promesas de la sociedad del porvenir, envistas a la felicidad de las futuras generaciones, ya no tienen ninguna credibilidad. La TV tiene u rol central en este proceso, ya que es una máquina para informar y distraer. En este sentido, la Tv junto con el consumo ha contribuido ha difundir el ideal hedonista. Ambos han trabajado para promover una cultura hedonista de masa a través de los spots publicitarios.

La Tv ha contribuido ha difundir el discurso político. A partir de la TV la gente escucha un discurso, evidentemente de seducción, pero finalmente político. El discurso político se ha vuelto accesible a todos. La información de la TV no es solo noticias, información son también todos los debates sociales, con temas como la familia, los niños, la escuela, etc.

La TV es una máquina para promover la comparación: al mirarla el individuo es llevado a comparase o juzgarse, porque la Tv le permite escuchar otro discurso. En tal sentido, la TV es un instrumento de apertura, ya que me habla de aquello que no conozco: de los homosexuales, de los negros en África, etc.”

• Lypovetsky continúa: “Como dije, la segunda revolución individualista, el neo-individualismo post-moderno, es ante todo un individualismo hedonista. Es un individualismo post-ideológico, post-revolucionario y el post-revolucionarismo ha sido impulsado por la legitimidad del placer, pero también por los sistema de información de conducen a una menos adhesión. La Tv erosiona los grandes discursos ideológicos completos y presenta discursos muy fragmentados. Para mi, la TV es un instrumento de fragmentación ideológica. Creo que la Tv ha sido un instrumento mayor de un individualismo más flexible más capaz de cuestionarse a sí mismo más movil, menos apoyado en grandes sistemas.

Hay un lazo entre TV y post-modernidad. Por un lado, a causa del hedonismo. Por el otro a causa del estallido ineluctable de los grandes sistemas ideológicos arrasados por una lógica mediática que favorece lo fragmentario, que promueve la velocidad.”

“Los canales de cable, nos permiten ver las emisiones de todas partes del mundo. Pero al mismo tiempo los individuos miran aquello que espontáneamente les interesa. De cara al futuro, existe el riesgo que el proceso de apertura que representaba la televisión y el proceso de la erosión de la rigidez de la modernidad hacia la post-modernidad, terminen en un nuevo de encierro.

La post-modernidad les ha quitado las raíces a los individuos. Las iglesias, de algún modo, estructuraban a los individuos, ahora hay una fragmentación total, los individuos hacen lo que quieren. Existen individuos perdidos, sin puntos de referencia, esos individuos solo buscan una cosa, ser tomados nuevamente en un sistema organizado. Ese es un fenómeno real que la Tv no crea, pero contribuye.

¿De qué modo la TV puede ofrecer nuevos puntos de referencia a esa masa de individuos perdidos?

La TV no puede dar verdaderos puntos de referencia. Por más que haya una cadena educativa, no podemos obligar a la gente a que la mire. Pienso que pedirle a la TV que provea a la gente de puntos de referencia es un falso problema, quien debe proveerlos es la escuela. Cuando nos sentamos delante de la TV estamos en una actitud de consumo y no de escolar. Por eso no creo en la TV educativa. Pienso que la TV puede dar elementos para pensar.

¿Tiene la TV el poder de dañar la democracia en función de la espectacularización con que ella aborda las cuestiones políticas?

De los discursos ideológicos, pasamos a la esfera de la política mediática. Los políticos se vuelven muñecos; ya no escuchamos más que pequeñas frases. Los políticos se dedican a divertir a la gente. Ahí donde había un debate de ideas, ya no habría más que distracción y seducción. En ese análisis; la TV es el enemigo de la democracia, en la medida en que ha hecho caer la grandeza del debate de las ideas, en beneficio de la seducción y el espectáculo.

Observo que los países donde los individuos pasan más tiempo viendo TV (Europa y USA), son las democracias más estables. Veo que mientras me dicen que la TV condena a muerte a la democracia, los últimos dos siglos la democracia jamás ha sido tan fuerte en sus fundamentos. Desde la revolución Francesa en adelante, la democracia ha sido puesta en riesgo de muerte. Y entonces no había TV.

La Tv ha contribuido a desapasionar los debates políticos. Ha contribuido junto al consumo a quitarles legitimidad a los grandes discursos apocalípticos y, de golpe, nos han llevado al respeto de las reglas de la democracia.

El hecho de que la Tv haya trabajado para amenar los grandes discursos agresivos, revolucionarios y nacionalistas, ha contribuido a la consolidación de la democracia. Actualmente ya no hay alternativa real al espacio democrático. Dentro de ese marco se presentan otros problemas, la ausencia de participación. La gente ya no se interesa por la cosa pública. El aumento del individualismo puede ir a la par con una suerte de pérdida de importancia de la cosa pública y para una idea de la democracia que implica la participación de los individuos es algo negativo.

Si la TV fuera efectivamente un instrumento de desapacionamiento de la vida política lo veríamos en todas partes. Pero no es ese el caso; hay elecciones que movilizan al electorado y otras que no porque a veces los ciudadanos no consideran que en las elecciones esté en juego algo absoluto. Esa actitud a mi entender; no pone en juego ni el espíritu democrático ni el funcionamiento democrático. Se dice que la política mediática es un instrumento de ruina de la dignidad del espacio político, pero a través de la política mediática, a través de la seducción, al menos los ciudadanos son informados sobre las cuestiones.

La seducción política encierra el riesgo del show business y del espectáculo, pero al mismo tiempo permite que el debate político concierna cada vez a más gente. Hay que evitar el análisis que consistirá en tener a la Tv contra la democracia.

Se dice que en USA la violencia es extrema y que ese es el país en donde más desarrollada está la TV, pero los indicadores muestran que allí la violencia retrocede. Eso significa que no hay ningún vínculo mecánico entre la violencia y la TV. Se nos dice que la Tv es un instrumento hipnótico, que anula la capacidad de reflexión, y que frente a ella todo el mundo se vuelve pasivo; que la gente se limita a recibir lo que muestra la pantalla y que en consecuencia, pierde la capacidad crítica. Estoy en completo desacuerdo.

La característica de nuestro mundo occidental es el aumento de la desconfianza sistemática. La pérdida de confianza en todas las cosas. Es evidente que la gente es cada vez menos crédula. Existe una lógica de la incredulidad post-moderna. Eso significa que la gente subestima el poder de la Tv y que la Tv ha contribuido si no a formar espíritus críticos a menos a formar espíritus distantes, menos dispuestos a aceptar cualquier cosa.

El fenómeno mayor de la post-modernidad no es la hipnotización a través de la TV, sino que la TV ha trabajado, como el consumo, para hacernos tomar distancia de el discurso dominante. No se trata de negar el poder de la TV. Ella tiene un poder enorme, pero no tiene todo el poder.

¿Cuál es el poder que tiene la TV?

Tiene el poder de captar la atención de la gente durante tres o más horas por día, de hacer comprar cosas, difundir modelos, cambiar la comunicación política y crear emociones colectivas.

¿Es en el riesgo de que los niños adopten conductas violentas por mirar TV, que se encuentra un argumento para fundamentar que la TV es enemiga de la democracia? ¿Piensa usted que los niños están tan protegidos como los adultos frente a ese fenómeno?

Según demuestran expertos, el lazo entre violencia y TV no es mecánico. Es verdad que hoy los jóvenes son violentos a una edad más temprana. Pero, ¿Es por culpa de la TV? Es poco probable. En general, los jóvenes violentos provienen de familias ligadas a la inmigración, que han perdido los puntos de referencia. La culpa no es de Tv. No es cierto que los niños no puedan distinguir entre la ficción y la realidad. El poder de la TV es infinitamente menos fuerte que el poder de la familia. Cuando los padres permiten que los niños miren la TV pero siguen organizando al niño, controlando sus tareas escolares, el poder de la Tv se limita.

¿Cómo analiza el poder de la Tv en la opinión pública?

Ciertos autores dicen que la democracia, la escena política y la sociedad post-moderna es remodelada por la lógica de la imagen. No creo en esto. Un ejemplo es el caso Clinton Lewinsky. Allí hubo una TV omnipresente y con poder extraordinario. La esfera mediática y la política juntas han bombardeado en vista a la destitución del Clinton. Sin embargo, la opinión pública americana fue hostil a la destitución de Clinton porque entendían que se trataba de un asunto privado. Allí se ve una democracia completamente bombardeada por la televisión, pero que no mezcló la vida pública con la privada. Los norteamericanos demostraron ser capaces de distinguir una esfera de la otra.

Otro ejemplo es el mundial de fútbol de Francia 98. Sin la TV el mundial no hubiera tenido el impacto que tuvo. Aquí la TV tiene poder. Pero es un poder limitado. De lo contrario habría podido generar un fenómeno semejante con cualquier otra manifestación deportiva. Sin embargo no se produciría el fervor y locura que se vio en el mundial 98. Eso demuestra que la TV es capaz de amplificar un fenómeno. De darle un carácter emocional enorme, pero a condición de que eso se inserte en los individuos.

¿De los reality shows o de los programas que difunden intimidades de las celebridades, se puede temer un futuro donde nada escape a la vigilancia de la TV y en que desaparezca la vida privada?

La post-modernidad ha exacerbado esa tendencia a revelar lo privado, sobre todo a través de la perversión. Una manifestación clara son los videos porno porque revela lo más íntimo para exhibirlo en esfera pública.

Un segundo fenómeno son los realitys shows. Los individuos hablan de asuntos privados en los medios. Una tercera manifestación son las emisiones que filman a la gente durante meses (Big Brother).

La cuestión es que podemos preguntarnos si la TV no difunde normas pertenecientes a la vida privada respecto a la familia, sexualidad, etc. Eso haría que la TV revelara como público lo privado además de que haría retroceder la esfera privada para transformarla y propulsar normas públicas sobre la vida íntima. Llamaríamos a eso la normalización de la vida privada por los medios. Habría una absorción de los privado por las normas vehiculizadas por los medios. En tan sentido, lo privado retrocedería en función de la norma. El cuadro presentaría a la vez la vigilancia, en el sentido de Foucault, y una tendencia a la normalización y al control post-moderno a través de la Tv.