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Muy pocas producciones se pueden dar el lujo de tener un 9.6 de rating sobre 8217 votos en IMDB. Freaks and Geeks lo consigue, erigiéndose como serie de culto. Un poco la ayuda el hecho de contar con sólo una temporada, en una decisión de la NBC, productora, que resulta inexplicable (y nos hace acordar a lo que actualmente pasa con la versión argentina de Aquí no hay quien viva, transmitida en Telefé, que ya tiene fecha de defunción y que fue cambiada constantemente de día y horario). ¿Qué es lo que hace a Freaks and Geeks una joya de las series para televisión? Empecemos por el principio. Detrás de la producción nos encontramos con un gran comediante, Judd Apatow, que dirigió la sorprendente Knocked Up, estrenada en 2007 y que cuenta con parte del staff de Freaks and Geeks. Paul Feig se encargó del guión, que se ambienta en 1981, en la ciudad de Chippewa, Michigan, un suburbio ficticio de Detroit. Los protagonistas son dos hermanos, Sam y Lindsay, que estudian en el instituto McKinley y forman parte de dos grupos que, en la superficie, pueden resultar antagónicos: los freaks y los geeks. Los freaks están en el último año. Son roqueros que odian la música disco (recordemos la célebre frase: “The disco music sucks”), no prestan mucha atención en clase, tienen conflictos con su familia y se distienden al aire libre, fumándose un porro. No es la calificación de “fenómenos” que se usa actualmente, desde ya. Los geeks, por otro lado, son un grupo de amigos que empiezan el secundario y saben de memoria frases de Star Trek y las series de televisión del momento. Juegan al rol y son periódicamente golpeados por los abusadores del colegio. Se asemejan al rótulo clásico de “nerds”. Entonces, volvemos a preguntarnos, ¿cuál es el secreto de esta serie de televisión? Justamente esos personajes a los que hacemos referencia. Se los nota vivos, contradictorios, llenos de matices. Los diálogos son inteligentes, provocativos y sobre todo hilarantes. Contradictoriamente, el título de la serie parece hacer referencia a dos grupos demarcados, irreconciliables, pero lo que muestra el desarrollo de los capítulos es que son infinitas las intersecciones entre esos conjuntos. Que en la ultra segmentada sociedad yanqui hay agujeros por donde se filtra la libertad y la necesidad de trascender fronteras falsas. Analicemos estos personajes, intentando no develar partes sustanciales de la trama.
Lindsay fue una estudiante modelo, miembro del equipo de matemática de la escuela. Pero, a partir de la muerte de la abuela, empieza a crecer un cambio en ella. Crece su nihilismo, que se combina con la inteligencia y hace que empiece a cuestionar el mundo que la rodea. De esta forma, inicia un camino de exploración, con nuevas experiencias que la acercan al grupo de los freaks. Este grupo está integrado por Daniel, un rebelde sin causa al estilo James Dean. A lo largo de la serie se van desarrollando sus motivaciones, complejas y contradictorias. Nick, baterista frustrado y enamorado de la marihuana, es un personaje entrañable, bonachón y algo torpe, que tiene como sueño reventar la batería en un estadio repleto de gente, pero que sufre la desaprobación de su padre, un ex militar. Después está Ken, un personaje 100% sarcástico, que parece no tener ninguna motivación más que la crítica a todo lo que está a su alrededor. También su historia personal irá desarrollándose al compás de la trama general. Por último, Kim, la novia rebelde y pendenciera de Daniel, tiene un increíble nivel de profundidad. En la superficie es mala, busca roña, pero en el fondo es frágil y tierna. Busca el amor de manera torpe, con la inseguridad extrema que caracteriza el período adolescente. Por el lado de los geeks, encargados de la parte más humorística de la serie, está Sam, un joven que recién entra en la adolescencia pero que todavía no pegó el estirón. Está locamente enamorado de Cindy, una porrista que, a diferencia de los estereotipos que suelen verse, no es estúpida, escribe un diario con estilo Silvia Plath y participa en un comité de jóvenes republicanos. Los padres de Sam y Lindsay merecen una mención aparte. Los discursos en la mesa del padre causan carcajada desde el primer capítulo. Son discursos acartonados, que intentan demostrarle a su hija que todos los que no se comportan como él quiere están muertos. La madre intenta suavizar un poco el discurso del padre, pero en el fondo también está de acuerdo. Son una familia que reproduce ciertos patrones de las clásicas costumbres de los años 50, con el padre que trabaja y sermonea, y la madre que cocina carne y no quiere que sus pequeños crezcan. Sam tiene dos amigos, Bill y Neal, interesantísimos ambos. Bill es alto y muy flaco, aparatoso para moverse y alérgico a todo. Vive con su madre y es fanático de la serie de televisión Dallas. Es definitivamente la encarnación del estereotipo nerd. Sin embargo, es un tipo valiente y sincero, que no tiene miedo de decir lo que piensa. Neal es petiso como Sam pero, al contrario de Bill, es un simpático charlatán, lo que en Argentina se llama “chamuyero”. Adora la belleza femenina, más allá del intelecto, y exhibe su superficialidad con orgullo. Claro, sabe que el secundario es transitorio y que lo están esperando mujeres hermosas en su etapa adulta. Mientras tanto, al igual que sus dos amigos, sólo se conforma con ver a las chicas desde lejos. A lo largo de los episodios disfrutaremos la pasión de estos tres amigos por la televisión, sus teorías inocentes sobre las mujeres, y el enfrentamiento con Alan, el compañero que los golpea. Al igual que en el otro grupo, iremos conociendo a los personajes y profundizando en sus emociones y motivaciones capítulo por capítulo. Los que estén acostumbrados a escenas trilladas y estereotipos de películas y series de televisión para adolescentes se verán sorprendidos por Freaks and Geeks. Los afortunados que consigan los DVD con los 18 episodios seguramente van a verse sometidos al efecto adictivo de la serie, que cuenta también con una presentación que adelanta, mediante las expresiones faciales de los protagonistas, la personalidad que cada uno tiene. Mención aparte merece la musicalización, que es completamente sublime, con grandes temas de rock de esa época.
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