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En los seres humanos a veces surge un sentimiento común que es la angustia al separarse de alguien y el miedo a perder una fuente de seguridad (que generalmente son los padres u otros familiares o seres queridos). Pero puede verse que los niños lo expresan abiertamente y sin pudores.
Es frecuente que todos los niños y adolescentes experimenten cierto grado de ansiedad; como parte normal de su crecimiento. No obstante, cuando hay temores excesivos y preocupación ante la separación de la familia o del hogar, no apropiados para la edad, es posible que se trate de un Trastorno de Ansiedad por Separación.
En los primeros meses de vida, toda persona debe pasar en su crianza por una etapa normal de simbiosis con su madre (o persona a cargo). Tiene que darse un apego primario sumamente necesario que es determinante para las etapas siguientes. Los padres tienen que proporcionar a su bebé todo el afecto posible, acariciarlos, hablarles, etc. El hecho de ser tenido en brazos es algo tan necesario e importante como alimentarse. Actualmente, en una sociedad marcada por la prisa, este tipo de necesidades pueden no satisfacerse del todo. Y otras veces ocurre que los padres tienen la creencia errónea de que tanto apego en la crianza va a impedir la independencia de sus hijos, sin saber lo fundamental que es una sana simbiosis en ese momento.
Es importante que exista una presencia constante de los adultos en esta etapa, para que el niño pueda contar con la confianza básica de que no esta sólo, que no corre riesgos por parte de lo desconocido y que sus necesidades principales serán satisfechas siempre. Puede ocurrir que esta confianza básica no se llegue a establecer y se vivan frustraciones que generen mucha angustia y sentimiento de abandono.
En general es un trastorno que afecta por igual a ambos sexos y los síntomas tienden a surgir en edades cercanas a los ocho o nueve años de edad. Así se puede ver niños que tienen serios problemas para concurrir a la escuela, quedarse a dormir en la casa de un amiguito, etc.
Hay variedad de factores que influyen. Ciertos niños heredan una tendencia a la ansiedad; pero ésta y los temores también pueden aprenderse durante la crianza, tanto de miembros de la familia como de otras personas que demuestren frecuentemente esos sentimientos en lo cotidiano y al vincularse con el niño.
Un informe del Martin Memorial Health Systems dice que para diagnosticar este tipo de trastorno, la sintomatología de temor debe tener una duración mínima de cuatro semanas.
El temor excesivo más usual consiste en que sus padres mueran o desaparezcan. Les cuesta dormir sin que esté presente un familiar y físicamente pueden presentar algunos síntomas como dolor de estómago, náuseas, vómitos, dolor de cabeza, cuando se sienten amenazados con una separación.
Los especialistas aseguran que también hay causas externas que actualmente potencian la incertidumbre en los niños, agravando la situación (sin ser causas de los temores), por ejemplo: inseguridad por delitos, padres que pasan muchas horas trabajando fuera del hogar, entornos algo agresivos, etc.
A continuación se mencionan los principales síntomas según la Academia Americana de Psiquiatría Pediátrica y Adolescente (Aacap):
- Sentirse inseguros si se quedan solos en su cuarto
- Demostrar apego excesivo
- Manifestar temor de ir a la escuela
- Sentir preocupación o temor excesivos acerca de sus padres
- Ser “la sombra” de su madre o de su padre en la casa
- Tener dificultad para dormirse
- Tener pesadillas
- Sentir temor exagerado por los animales, los monstruos y los ladrones
- Temer quedarse solos en la oscuridad
- Tener rabietas cuando se los obliga a ir a la escuela
¿Qué tratamientos hay?
En una primera instancia de tratamiento hay que tener conocimiento de distintos aspectos que puedan estar contribuyendo en el desarrollo del trastorno en cuestión. Para ello hay que rastrear los factores biológicos del niño, características psicológicas de sus padres, modo de crianza, relación con los hermanos y otros que lo cuiden, entorno socioambiental, etc.
El tratamiento específico será determinado por el médico, existiendo varios modos de abordaje y en general con eficaces resultados.
Puede incluirse terapia psicológica para el niño (o adolescente), enfocada en el aprendizaje de habilidades para manejar su ansiedad y controlar las situaciones que detonan esa ansiedad.
Con respecto a los psicofármacos, siempre es conveniente evitarlos y buscar tratamientos que modifiquen conductas y produzcan aprendizajes durante la crianza. Pero en casos extremos pueden ser necesarios los medicamentos antidepresivos o contra la ansiedad, como ayuda extra, junto con la terapia psicológica.
Es importante e imprescindible el papel de apoyo de los padres en todo el proceso que implica el tratamiento. Justamente por eso se recomienda la terapia familiar, y tener además una buena comunicación con la escuela a la que asiste el niño.
¿Cómo prevenir este trastorno?
Lo más importante que requiere el niño es seguridad en sí mismo, obtenida de la contención afectiva que le proveen las personas más cercanas, necesita del apego primario, lo cual es vital para la formación de su identidad.
Cuando existe un trastorno de angustia de separación hay una inseguridad vinculada a las figuras de apego; entonces el niño trata de permanecer cerca por miedo a perder esa base que percibe como poco segura.
En los casos donde hay una separación temprana indispensable de la madre (por razones laborales por ejemplo), hay que intentar que el bebé quede acompañado en el entorno familiar de su casa, evitando guarderías.
La maduración varía según cada individuo. La necesidad de presencia física de la madre (o quien cumpla esa función) es algo que tiene que ir disminuyendo a medida que se avanzan los años, el problema es que si no se forma la confianza básica, que equivale a su certeza de ser protegido y querido, se incrementa la inseguridad junto con demandas de atención y exigencias de la presencia de los padres.
Es aproximadamente a los tres años que el niño ya puede separarse debido a que posee internalizada la figura de los padres, ya los tiene adentro suyo y no siente angustia ante la separación por un tiempo razonable.
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