Existen en nuestro entorno cuestiones sociales trascendentes e inherentes a la vida pública ignoradas por las agendas de los medios de comunicación. Esto se fundamenta en el hecho de que no son consideradas noticias o no valen como mercancías en los nefastos e interesados mercados de la información. No por ello, deberían ser menos esenciales para el desarrollo de una nación, aunque quieran parecer lo contrario.

Cuando me refiero a lo precedente lo hago desde mi humilde rol de ciudadana y desde este país lleno de riquezas y gratificaciones, desde este país lejanamente considerado “el granero del mundo”. Hablo desde esta Argentina que en la actualidad presenta en sus calles una de las peores facetas más crudas y visibles de la pobreza. Como en tantos otros aspectos, se muestra, en 2.000.0000 de niños que – movidos por el deterioro o la falta del empleo de sus mayores y su consecuente disminución en los ingresos-, debieran estar en el interior de las escuelas en pleno proceso de aprendizaje y no expuestos al maltrato social ni a la explotación.

En este país de la carne, de la soja y de la leche es injusta, inmoral e inadmisible la desnutrición grave de quienes la padecen y que el 70 por ciento de los argentinos se encuentre bajo la línea de pobreza. Además, en este país casi 2.000.000 de niños de entre 5 y 14 años trabaja y, por hacerlo, el 50% deja la escuela. Al igual que en la mayoría de los países latinoamericanos, en la Argentina, los más pequeños trabajan en la selección y recolección de basura, elaboración y venta de alimentos y otros bienes en lugares públicos, limpiando vidrios o abriendo puertas de automóviles.

Son pocas las medidas que se toman para contribuir a revertir esta crisis y no se responde cuando se pregunta acerca de un plan de reinserción. Es más sencillo “eliminarlos” como pobres del sistema o bien, como hizo un gobernador provincial en los años setenta, cuando decretó erradicar la miseria y envió camiones a la ciudad para “recolectar” como residuos sociales a los niños mendigos y vendedores misérrimos. ¡Es una aberrante propuesta facilista con el objeto de erradicar de cuajo toda la pobreza y su consecuente trabajo infantil! ¡Qué propuestas tan bajas y pervertidas desde las más “altas” esferas del poder! Lo sorprendente fue que esta acción ya había sentado precedente en otros antecesores. Grandes instituciones no gubernamentales como la OIT ( Organización Internacional del Trabajo) y UNICEF llevan años buscando soluciones al tema para que de pronto emerjan ideas tan desformadas como la precedentes. Ignoran así que, como proceso, sólo están eliminando parte de esta problemática y derivándola a otros terrenos como la delincuencia y la explotación infantil volviendo al círculo vicioso desde donde partió. ¿Erradicar pobres como basura? ¿Qué significado es ese?

No se replantean acerca de temas cruciales como la educación o la implementación de políticas públicas de reinserción social. Es preferible dejar que sigan enfermándose en las calles, mendigando, harapientos, con hambre y frío. La mirada no está puesta en ellos, ni en su educación. Los planes de ayuda son fáciles de otorgar, pero no contribuyen a mejorar su nivel de vida. No los alimenta en la medida de sus necesidades .No resuelven la crisis por la que padecen, no les enseña escritura ni los ayuda a conducirse por la vida. La misma vida a la que sus mayores irremediablemente los han arrojado. ¿Alguien puede verlos? ¿Cómo se ha llegado a perder la sensibilidad? ¿Qué tipo de solución puede aplicarse para que la desigualdad no sea tal ni tan tajante, y que no arrase huracanada contra sus victimas?

Se requiere otro tipo de contribución. Implica estimulación, ayuda y colaboración conjunta de un problema que no se resuelve con limosnas. Desde sus cómodos sillones afelpados, indudablemente, la vida se ve con otra lógica. Pero el imaginario colectivo, va por otro sendero. ¿En que momento se separaron las sendas?

Omitir esta problemática es omitir el interés por el progreso de un país y de su gente. Pero además, es ser cómplice de políticas neoliberales que ven a la crisis como un camino necesario y de transición para el buen desarrollo nacional. Alimentar los mercados y restringírselos a quienes tienen hambre, es solo una faceta de esta política que es contraria a garantizar el bien común porque funciona en desmedro de la vida y de los derechos humanos. Así, sólo mirando las cifras macroeconómicas y no los valores germinales se acaba inmerso en una crisis moral que hace retroceder siglos y siglos la cultura nacional.

No es justo que esto pase. Somos un país que atravesó grandes luchas de las que pudo sobrevivir. Grandes conflictos políticos, gremiales y sociales han podido encontrar su escape con buenos resultados y buenas consecuencias. No podemos permitirnos que se siga haciendo oídos sordos a situaciones tan graves como ésta. Se trata de personas, como ud. y como yo, que un día se han mudado forzosamente a la vereda de enfrente. Han pasado a la marginalidad. Es como el silencio. Pero peor. Es olvido.

La falta de aparición de esta problemática en los medios de comunicación hace notable y agrava la situación. Cuando debieran ser constructores de opinión y críticos estructuralmente, .se alejan cada vez más de la realidad con otras problemáticas y notas de color. Mientras, cada vez más cantidad de niños dejan sus vidas en las calles y no ingresan en ningún parámetro de medición.

El trabajo debe ser garantizado a todos pero privado en los menores porque genera deserción escolar y problemas de aprendizaje en lo particular y su consecuentemente retraso coyuntural en la generalidad. Es un país que siempre se interesó por mostrar al mundo una imagen firme y en desarrollo, descuidando sus propios y principales actores del crecimiento: sus propios habitantes.

Según UNICEF “ El trabajo mata al chico dos veces: lo mata como niño y lo mata como hombre”. Agregaría además que la falta de políticas públicas que garanticen la concientización del problema también termina por matar al ciudadano. No dejemos morir a los niños!.