La esperanza dulce

de mi pueblo manso

se metió en el pecho

de mi niño andante

Y no hubo día,

ni siquiera instante

en el que su corazón

no sintiera como poesía

el latir de gente día a día

Mi niño andante rodeó con sus brazos

la esperanza del pueblo,

y le envió una carta a Dios en el cielo

Le pidió con fuerzas y humildad desde adentro

que le iluminara el sendero

para cumplirle al pueblo

su ferviente deseo

Dios le concedió al niño andante

el camino limpio y llano

para andar suavemente

y construir la tierra prometida

de todos los latinoamericanos

Jenny Orta