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El acoso entre los niños en las escuelas es muy común. Por desgracia, siempre hay niños que acosan y niños que son acosados. Normalmente, el niño que es perseguido por sus compañeros de clase, -este fenómeno se da tanto entre los niños como entre las niñas-, no tiene un perfil determinado: los niños que acosan, lo hacen por cualquier razón. Muchas veces pensamos que persiguen a un niño porque es el "empollón" o porque tal vez sea tímido y apocado. Pero, ¿Es que realmente se puede justificar este tipo de violencia? Muchas veces, los profesores nos sentimos impotentes ante este tipo de problema: ¿qué hacer? Sí, los podemos castigar, de acuerdo, pero en cuanto salgamos por la puerta de la clase y ellos estén en el patio, a la hora del recreo, seguramente, el niño acosado volverá a serlo hasta con saña, por haberse "chivado". Este problema ya se daba en mis tiempos, cuando yo iba al colegio. Incluso antes, en tiempos de mis padres... los niños siempre han sido crueles entre ellos, pero a veces, esta crueldad, ha llevado a algunos a buscar soluciones drásticas a algunos problemas. Recuerdo en una ocasión que un niño no quería ir al colegio porque le acosaban sus compañeros. Se quedaba en casa. Hablamos con sus padres, con los otros niños para conseguir arreglar la situación... todo fue inútil. Sus padres lo sacaron de colegio y lo llevaron a otro. Se acababa el problema. Pero el caso es que el problema sigue ahí: los niños que son acosados acaban sufriéndolo en silencio porque se apodera de ellos una vergüenza que no les deja convertirse en personas fuertes y seguras, sino que se convierten en seres indecisos e inseguros. Esta inseguridad que genera este tipo de problema, es, por desgracia, más frecuente entre los niños y, como, por otra parte, muchos de ellos no han aprendido a arreglar las cosas hablando, recurren a la violencia, una violencia cada vez más acuciante. La pelota se hace cada vez más grande, hasta que nos arrastra a todos con ella... luego, ¡Vamos a buscar culpables! ¿Quién tiene la culpa de que un niño sea violento? ¿Sus padres? ¿Sus profesores? ¿Sus amigos? ¿La Nintendo? o tal vez, ¿la televisión? No echemos la culpa de todos nuestros problemas a aquellos que no la tienen. Si que es verdad, que, por ejemplo, la televisión puede influir en el carácter de un niño. Pero precisamente porque los niños son eso, niños, son también grandes esponjas, personitas que aprenden de los mayores, a los que les influimos nosotros con nuestro comportamiento. A ver, analicemos la situación: si una niña ve que su madre se pinta las uñas, un día, a escondidas de ella, cogerá un pintauñas y se pondrá a pintárselas. Si un niño ve que su padre pega a alguien porque no llegan a un acuerdo, el niño pegará a alguien con quien tampoco llegará a un acuerdo. ¡Seamos responsables! Los padres tienen que vigilar lo que ven sus hijos en televisión, hay programas que, por edad y por madurez, los niños no deben ver. Pero esto tiene que ser una responsabilidad de los padres, es en ellos donde empieza la educación. Los profesores los enseñamos, de acuerdo, pero es en casa donde los niños deben aprender una serie de valores morales, porque para un profesor que tiene un aula llena de treinta niños, es muy difícil conseguir que todos ellos tengan los mismos valores morales. Además, que los profesores ya tienen trabajo con impartir sus materias para conseguir que sus alumnos sean gente de provecho el día de mañana. Pero no nos alejemos del tema: el acoso escolar, más conocido como bowling, es un problema con mayúsculas: conseguir que desaparezca, tiene que ser un reto... ¿Quién quiere aceptarlo?
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