Perdona si me voy. Ahora es el momento.

Sé muy bien lo lastimado que estás y me cuesta creer cómo todavia estas aqui de pie .De veras no lo valgo.

Te pido ahora que deberé partir que no derrames lágrimas. No soy en lo absoluto merecedora de ellas.

Ya no puedo mirarte: tus ojos me traen de nuevo el ayer. Tus besos. Tu mirada clara. Dulces atardeceres. Risas insignificantes. No ha quedado nada.

El tiempo reclama y tu sigues aquí. Sé que dentro de poco volveremos a vernos.

¿Quién sabe qué nos depararà la vida en otra vida?

No entristezcas. No deseo llevarme esta fea y triste imagen.

Perdona si parto.Hay destinos ya fijados. Uno de ellos es este.

Percibo en tus ojos una debil luz, cual llama que se va consumiendo. Es una tristeza inigualable la que reflejas.

Me miras sin odio, sin rencor, solo me miras y callas.

Dulce niño.¿ Qué puedo decirte? Seguramente, las respuestas que hoy me cuestionas se te volcaran un día como torrente y comprenderas.

No me culpes por lo que hoy no asumes. Creo que es lo mejor así.

Muy detras de ti yace el sol brillante, date la vuelta y contagiate de ese resplandor y deja este cuadro ajado y sin brillo que tanto mal te causa.

Debo irme..Prométeme que no lloraras.

Aunque me vaya ahora, no dudes nunca de todo lo que esto me va a doler porque siempre, niño mío, haras que mi alma pueda arder y tus ojos que me hablan no podran evitar que algun día pueda volver.