Niños

Las vacaciones de invierno se aproximan, pronto miles y miles de niños estarán libres de la obligación de asistir al colegio, llenarán avenidas, shoppings y plazas, pero ¿qué hacemos cuando nuestros hijos están de vacaciones?

La pregunta es difícil, en esos momentos las familias suelen sufrir un desequilibrio momentáneo ya que mientras los hijos gozan de mayor tiempo libre, los padres continúan cumpliendo con sus obligaciones laborales diarias.

Los niños que asisten a guarderías maternales, no sufren grandes cambios ya que la mayoría de estas instituciones permanecen abiertas tanto en las vacaciones de invierno como en las de verano. Pero aquellos que cursan en otras instituciones educativas o transitan por la primaria y/o secundaria deberán reacomodarse durante este período de tiempo.

Generalmente las familias en las que ambos padres trabajan cuentan con personas de confianza o familiares a quienes encomiendan el cuidado de sus hijos, los cuidan cuando están enfermos y los retiran o llevan al colegio. Cada vez más, se observa que este lugar es ocupado por alguna de las abuelas, pero cuidado de no sobrecargarlas. No es lo mismo dedicar unas horas buscando al niño del colegio que permanecer en casa con el nieto por quince días

En estos casos, es conveniente armar una red de padres, ponerse en contacto con aquellos que trabajan y con quienes no formando pequeños grupos de niños que irán turnándose, es decir, un día el grupo estará en casa de una abuela y al siguiente al cuidado de alguna mamá con tiempo disponible, etc. De este modo todos colaboran y nadie se siente agotado.

Cuando el lugar físico y el cuidador elegidos para el niño durante sus vacaciones estén resueltos surgen inmediatamente otras dudas: ¿qué actividades podemos organizar? ¿qué lugares visitar?. Quienes viven en grandes ciudades como la nuestra conocen la enorme oferta de shows y espectáculos infantiles, hay tantas que es posible pasar cada uno de los días de vacaciones en un teatro diferente.

Si bien es bueno que los niños realicen actividades fuera de lo común y se diviertan con los espectáculos también es bueno que estas opciones de salidas sean variadas, es decir si un día visitan el teatro, otro día podrán conocer el zoológico o realizar un paseo al aire libre.

Una buena opción es que pasen algún tiempo en su casa reencontrándose con los amigos del barrio, ordenando sus cosas, leyendo o ayudando a la mamá a realizar algunas tareas domésticas sencillas como cocinar una torta o acompañarla a hacer las compras. Vacaciones no significa que debamos gastar grandes sumas de dinero para entretener a los niños.

Cuando de lo que se trata es de adolescentes, la situación cambia. Por un lado se manejan solos o en grupos y no necesitan estar acompañados por adultos continuamente, pero sin lugar a duda, necesitan que sus padres se interesen por ellos y estén al tanto de dónde y con quiénes están.

Las vacaciones de invierno son un buen momento para restablecer el diálogo con nuestros hijos, a veces un poco olvidado por los apuros y urgencias de todos los días. Largas jornadas escolares y laborales provocan como resultado que al finalizar el día tanto padres como hijos se reúnan en la mesa familiar con un solo objetivo: comer rápido e ir a dormir, cuando no es mirar algún programa de tv.

Estos días un buen objetivo es disfrutar de los niños, sí escuchó bien, retome el placer de estar con sus hijos, la alegría de jugar con ellos y cantar canciones. Los niños durante este tiempo no deberán cumplir con los, a veces, disparatados horarios para levantarse y estarán más relajados a falta de tareas y obligaciones escolares. Tómese unos momentos al día, escúchelos y comparta sus ideas sobre el colegio, sus amigos, sus gustos y miedos

Es en la infancia donde deben establecerse las bases de un buen diálogo entre padres e hijos para que una vez llegada la adolescencia, cuando tanto padres como hijos necesitan de una buena comunicación, las bases y costumbres del diálogo estén establecidas.

Como verá, no le recomendamos tal o cual espectáculo sino que aproveche este momento, si puede, para reflexionar y preguntarse cuán a menudo habla o pasa algún tiempo con sus hijos. Nunca es tarde.