Con esto que yo te cuento

lo que francamente intento

es que no tengas duda alguna

de que lo que tiene de cierto

es realmente el cien por ciento

y que fue todo un acierto.

No lo creas un invento.

En resumen esta historia yo te cuento

y una carta yo te muestro

pues con ella te demuestro

que se trata de un gran reto

y que no es de los puros cuentos,

pues la prueba te presento.

Arnaldo al principio

deshecho se sintió,

pero al pasar el tiempo

de algo cuenta se dio:

su viaje corto al desierto

no fue ningún desacierto,

mas para Renata

¡sí fue todo un desconcierto!

He aquí lo que pasó:

Arnaldo el desencuentro aprovechó

y la idea del reencuentro por completo desechó

y así fue que el compromiso largo trecho no duró,

sino que por el contrario, bien maltrecho terminó

por la sabia decisión

del hombre al que Renata

de tonto siempre tildó.

Verás, lo que ha sucedido

es que Arnaldo, el petizo,

se dio por fin el permiso

de romper su compromiso.

Y por consejo de un amigo

fue por medio de una carta

que a su novia se lo dijo.

Resultó ser que la ocasión

propició la separación,

y a la arrogante Renata

el tiro finalmente

le salió por la culata.

"Una carta has de escribirle,

para así poder decirle

que la unión se ha terminado

y que tú lo consideras

un caso más que cerrado;

déjate de lamentos

y termina ya con los cuentos",

su amigo le aconsejó

y Arnaldo se decidió.

Querida Renata:

Sé bien que "querida",decirte no debería, ya que caí en la cuenta de que no lo merecías y porque de ahora en más no correspondería, pero te llamo "querida", pues lo hago por última vez como gesto de cortesía.

Te escribo para que no te vayan con cuentos, pues presiento que los cuentos es lo que con mi ausencia fomento, y te enteres de mi propia boca, que dejarte no lamento.

Decías sentirte agobiada, y por mi presencia maniatada; seriamente lo pensaste y de viaje me enviaste. En ese instante creía que al separarme de ti el corazón se me partíría. Pero te cuento que vivito y coleando me encuentro. Tuve un amoroso encuentro con una chinita moza, que no es "doncella" como tú, pero es humilde y muy hermosa.

¿Recuerdas Renata que para conquistarte te compuse una cantata, te canté una serenata, te llevé a ver la Traviata y hasta paseamos en fragata? Y aunque eso te embelesaba, ni un solo beso te robaba. En cuanto tu mano tomaba y mis labios a los tuyos acercaba, con una perorata tú empezabas: "¡Petulante, mentecato, compórtate con más recato! ¿Acaso te creías que a una dama como yo con zalamerías la convencerías?" Ofendida, agraviada, decías que te sentías, y que tu perdón sólo obtendría si una enmienda recibías.

Mas hoy debo agradecerte, ya que la distancia me ayudó a despejar la mente y comprendí, afortunadamente, que no tengo miedo de perderte. Así, este viaje tan reciente se ha tornado permanente, pues te escribo desde lejos y aún no emprendo mi regreso.

Conocí a mi Dulcinea que me quiere como soy: perezoso, narigón, peticito y retacón. Lo que canto a ella le encanta, y no preciso conquistarla con violines ni guitarras, pues con sólo una pancarta me entregó todo su amor. Se conforma con lo simple y es de lo más sensata; es que mi Dulcinea posee belleza innata. Y cuando estoy con ella, como en un sueño me siento, pues es la ansiada princesita que suelo ver en los cuentos. Ella no es "nariz parada" y mis gestos amorosos,que tanto te disgustaban, a ella más que desagradables le parecen muy amables.

Con el tiempo he comprobado que siempre me has rechazado, porque eres engreída, remilgada, refinada, mojigata interesada, que de recatada realmente sí que no tienes nada.

Y perdona si la forma de mi aviso del final del compromiso es muy poco decorosa y hasta un tanto maliciosa, la verdad ya no me importa porque sé que para ti siempre fui muy poca cosa.

Espero que no te sientas desairada.

No me extrañez. Que seas feliz.

Arnaldo

Post data: Te envío esta postal de la Quebrada de Humahuaca. En el paisaje se observa el ejemplar de una guanaca. ¿Te acuerdas de que tan lejos me querías que allí prometí que me instalaría? Bueno, ahí conocí a mi ñata. Y las fotos que te mando son de mi estadía con ella en Uspallata; las tomamos en las largas caminatas, que me ahorraron mucha plata, y me resultaron muy gratas, porque lo único que gasté fue la suela de mis alpargatas. Y lo grato es que de a ratos Dulcinea me da fuerza porque me da la mano sin vergüenza y más de un beso le arrebato. ¿Te percatas de ello Renata? Pues las fotos lo delatan. Son la prueba más fehaciente de que todo lo que cuento tiene mucho de verdad y nada de puro cuento, y con ello te demuestro que mi historia concluye como en los bellos cuentos, en los que los enamorados comen perdices y son por siempre muy felices.