Ana, la chica que venia del mar

Cuando te conocí,

Traías aun arena en tu cabello

Y algunos besos de sobra

Tatuados del cuello a tus tobillos

Y un mar de jinetes fusilados

Que acostumbraban fumar pólvora

En los jardines de tu boca.

Te robe algunos labios,

Luego algunas piernas,

Finalmente el corazón.

Quemábamos la ciudad

En la sala de tu casa.

Cuando caía tu pijama

Cuando la noche sabía a madrugada,

Yo te quitaba la sal sobrante

Con el filo desgarrador

De mi boca.

Colgaba en el perchero de tu escote

Todos mis sombreros.

La tundra del amanecer

Asesinaba nuestros silencios

Que eran tan cómodos.

Después cada quien a su mundo

De aulas, de muertos vivientes,

De jornales.

Cada quien le guiñe

El ojo a la muerte

A su manera.

Pero cuando lamía

Lo que quedaba de mar en sus caderas

La muerte parecía una opción

Para después del desayuno.

POESÍA 2007