Introducción

Sería irrespetuoso presentar esta primera conversación con Bruno Dérling acerca de sus cuentos sin hacer antes referencia a sus anteriores producciones. Confeso admirador de Abelardo Castillo, su corta carrera comenzó en 1988 con la publicación de un cuento corto en la Antología de las ilusiones, una compilación de varios autores que escribieron sobre lo fantástico de la cotidianeidad. Así se define el mismo Dérling: “pretendo escribir sin rodeos sobre los más complejos asuntos que rodean el conflicto más perfecto de todos: la vida.

Su primer libro, Soñando, fue editado en 1995. A partir de él comenzó el recorrido de Dérling por los más singulares recursos narrativos. Con un lenguaje por excelencia poético, engalanado con expresivas metáforas, Dérling cuenta la historia de “personas comunes”; de gente “normal”, no de cuentos de hadas. Describe el funcionamiento de una sociedad a partir de un elemento que ya se preanuncia en el título: el sueño. Pero no sólo sueño en tanto factor onírico: sueño como ilusión, esperanza, fe, aspiraciones. A partir de allí, despliega toda su poesía en una prosa casi estricta, para cautivarnos de principio a fin, dejándonos un final tan maravilloso como inesperado. El libro no tuvo gran repercusión en sus primeros años; sólo comenzó a ser conocido después de Vivir es imaginar, segunda obra de cuentos de Dérling, editada en 1999. El éxito fue impensado y logró que también Soñando empezara a ser leído. En Vivir es imaginar predomina el tono ensayístico y nos encontramos con un contenido más formal. Estructuralmente, el libro se nos presenta como artículos separados. Pero el golpe final, bien característico del genio de Dérling, es una convergencia ingeniosa fuera de lo común (que no anticiparemos en esta introducción). Por último, su más reciente publicación, Fantasías tangibles, fue editada en marzo de este año. Será el eje de nuestra primera conversación (aunque no tema exclusivo), y dará lugar a una retrospectiva hacia las otras obras. Pero no nos extendamos en descripciones que el propio Dérling nos enriquecerá. Dejémosle la palabra a él. Demos un paso hacia su mundo: el mundo de los sueños y los cuentos.

Conversación con Bruno Dérling

Su obra

Pregunta: Es inevitable preguntarle, antes que nada, si usted imaginó alguna vez que su último libro tendría el éxito y la repercusión que tuvo.

Bruno Dérling: Sinceramente, jamás pensé que alguna de mis obras sería leída por gran cantidad de personas. No es por pesimismo, sino porque no aspiraba a eso. Después de Soñando no me desmoralizó que se haya vendido poco: yo había cumplido mi objetivo, que era publicar mi primer libro. Si se vendía, mejor, pero no era lo primordial. Después de Vivir es imaginar, mi segunda publicación, me di cuenta de que la gente empezaba a congeniar con mi estilo y por eso me dediqué a un tercer libro. Pero jamás concebí la idea de ser tan leído.

P: Si tuviera que hacer una valoración, ¿Fantasías tangibles dónde estaría ubicado respecto de los otros?

B.B: Es difícil contestar eso, porque si bien los tres libros versan sobre un tema general similar, éste es abordado desde distintas perspectivas y con diferentes estilos. Están escritos con distintos espíritus, por así decirlo. Usted observa en Soñando un alto contenido poético y al mismo tiempo una prosa casi estricta; Vivir es imaginar presenta un mundo (sería arrogante decir el mundo), a través de ensayos, algo que no es para nada corriente; Fantasías tangibles es una narración que nace prácticamente de algo trivial y que apela a un lenguaje absolutamente coloquial. En cada uno se combinan estructura y contenidos para darle sentidos diversos a la escritura. Por lo tanto, no diría que uno es mejor que otro.

P: Pero quizás con uno se conectó más que con los demás. Alguno puede haberle causado mejor impresión, o tal vez se haya apegado a él por el esfuerzo y el trabajo que implicó.

B.B: El tema de la “conexión” con los libros propios es complicado. Identificarse con los de otros es fácil, pero con uno... Lo que sí le digo es que siempre me parecerá más valioso lo que queda oculto al público. Siempre resiste algo inédito, más estimado, que hasta el momento de su aparición (si es que aparece), sólo es mío.

P: O sea que tiene cuentos inéditos que no planea publicar.

B.B: No sé si sería tan taxativo con esa afirmación, pero por el momento prefiero disfrutar del éxito de mis Fantasías tangibles, pequeños cuentos con mucha poesía.

P: Ya que lo mencionó, ingresemos en ellas. Usted dijo que la historia nace de algo trivial. ¿Cómo explica que a partir de “algo trivial” pueda surgir una magnífica historia, atrapante y que no da respiro?

B.B: Antes que nada, para evitar malentendidos, digo trivial pero no en un sentido despectivo. Trivial en el sentido de simple. Y lo que usted acaba de describir no es más que una parábola de la vida. Uno no nace por decisión propia, pero la historia se construye con el devenir del tiempo. Y el que no califique a su vida con los adjetivos que usted mencionó es porque no la está valorando como corresponde. Hay que aclarar algo: que la vida nazca de algo tan simple como un niño queriendo desplegar sus alas no quiere decir que sea trivial. Imagínese que en ese caso yo no habría escrito ningún libro. Yo parto de la parábola que usted sin intención describió, y luego dibujo el mundo que quiero mostrarle a los lectores. Vida hay en todos lados, desde el niño que cree que moviendo los brazos hacia arriba y hacia abajo será capaz de volar como las aves hasta el ser más detestable que pueda imaginarse. Todos tenemos sueños.

P: El suspenso creado, ¿es intencional?

B.B: Excelente pregunta, porque mucha gente puede pensar así. Pero en realidad la incertidumbre se crea sola a medida que transcurren los hechos. El suspenso está allí, en cada pausa. En cada suspiro de los personajes. Es lo mismo que genera un sueño incompleto: estar soñando algo, despertar y volver a dormir pretendiendo continuar el sueño donde se lo había abandonado: vana ilusión. Ese sueño ya desapareció. La vida no es más que eso: sueños, ilusiones e incertidumbre. Expectativas y satisfacciones, pesimismo y fracasos.

P: ¿Cómo se le ocurrió la idea de poner como protagonista a un niño de cuatro años de edad?

B.B: El instinto creador es inexplicable... Yo quería meterme en el mundo de los chicos, explorar sus formas de pensar y de vivir, de contar cuentos. Por supuesto, sin dejar de lado el resto. Para eso necesitaba contar la historia desde otro lado, no desde la posición del adulto o del narrador típico. Además, teniendo en cuenta que en la historia el niño nunca habla, sino que su pensamiento es lo que se vuelca en el papel, creo que es más rico lo que puede expresarse – el niño nunca habla como piensa – .

P: Justamente le iba a preguntar si conocía alguna otra obra donde el personaje principal no hable, donde se presenten simplemente sus ideas, sus pensamientos, su imaginación, sin mostrar acciones como motores de la narración.

B.B: No me he topado con ninguna aún. En parte, me enorgullezco de eso porque le da crédito a mis ideas. Aunque no me gusta que se me destaque sólo por eso.

P: En el título usted une dos conceptos casi diametralmente opuestos. ¿Es simplemente una metáfora o encierra algún otro significado?

B.B: El significado es simple: todas nuestras fantasías, tal como nosotros quisiéramos que sean, son irrealizables, imposibles. Los sueños siempre se desvanecen. Pero los niños, en su propio mundo, viven gracias a ellas, justamente porque pueden realizarlas. Nosotros nos frustramos ante cada fracaso, desconociendo que estamos hechos para eso y que ese es nuestro sustento para seguir adelante. Esta es la diferencia radical que quise marcar entre dos mundos totalmente distintos. En un sentido, los niños son mucho más inteligentes que todos nosotros...

P: Lo que sorprende de sus obras es que, a pesar de lo positivo de los títulos, usted expone las ideas desde un plano pesimista. “No crean en los sueños, porque son las peores mentiras: las inevitablemente ciertas”, dice la primera frase de Vivir es imaginar. Y doy este ejemplo porque me resultó impactante como inicio.

B.B: Todo pasa por una cuestión de estilo. Creo que es más fácil que el lector experimente el rechazo y reflexione sobre sus propias formas de ver la vida a partir de frases que lo incitan a repudiarlas. Uno podría preguntarse, “¿cómo me dice que no crea en los sueños si en sus libros y cuentos siempre está presente este elemento?” Y el tema radica, justamente, en no abdicar a las ilusiones ante la negatividad, en aferrarse a ellas y esforzarse aún más para cumplirlas – aunque nunca lo logremos – . Lo que yo pretendí fue mostrar la configuración de nuestras vidas pero desde lo que no son. Podrá objetárseme que esto es mucho más engorroso y si bien no estaría en condiciones de negarlo, pienso que muchos de nosotros, como ya dije antes, se frustra ante algo soñado que no salió como esperábamos. Ese es un error que de corregirse haría la existencia un poco menos sufrida.

P: Lo difícil de entender, sin embargo, es la ausencia de situaciones de fantasía, por ejemplo en Fantasías tangibles, o de elementos oníricos en Soñando. ¿Cómo se cuenta una historia de sueños y fantasías sin apelar a ellos?

B.B: Hay que admitir que no es una tarea sencilla. Sobre todo por el proceso. Desde el comienzo hay que imaginarse situaciones que den lugar a lo onírico, a las ilusiones y a la imaginación, pero desde lo cotidiano, desde el día a día. Por mi carácter, una vez que la idea surge no puedo dejarla de lado. Y mi ocurrencia fue extraña. Pero busqué una manera de llevarla adelante. Y por eso llegué, en el caso de Fantasías tangibles, a edificar un mundo de pensamientos a partir de un protagonista que es un niño de cuatro años y que vive su propia fantasía sin saberlo, creyendo que ella es su vida (vive como piensa que son las cosas). En Soñando apelé a las metáforas pero buscando reubicarlas en lo cotidiano, en los cuentos de nuestra vida habitual (como nos recuerdan Lackoff y Jhonson en Metáforas de la vida cotidiana); Vivir es imaginar, en mi opinión el más ingenioso de mis tres libros éditos, comprende una serie de ensayos basados en situaciones microscópicas pero que ponen de manifiesto que el título no fue elegido al azar. Y al final convergen en un final alucinante que no develaré porque aún quedan muchos lectores por adentrarse en ese mundo e interpretarlo desde su punto de vista.

A modo de resumen, le reitero: las fantasías no forman parte de otra galaxia. Están aquí, al lado nuestro. Sólo hay que aprender a verlas y comprenderlas.

Las influencias

Pregunta: No es difícil advertir en sus obras la presencia de Abelardo Castillo. ¿Reconoce algún otro autor con el que se identifique?

Bruno Dérling: En principio, quiero dejar en claro que considero a los cuentos de Castillo como mi principal fuente de inspiración. Indudablemente, hablar de Castillo implica también reconocer los cuentos de Cortázar. Yo admiro a Castillo. Intenté reinventar algunas de sus formas. En parte como homenaje y en parte como recurso: su literatura dejó una impronta en la mía, aunque él haya destacado como cuentista y yo me haya dedicado a las novelas. Yo encontré en Castillo una combinación casi perfecta de elementos: una amalgama entre lo poético y lo cotidiano, entre lo simple y lo complejo, entre lo real y lo fantástico. Los cuentos de Borges, y los cuentos de Laiseca, son también deliciosos.

P: Lo que yo noté – quizás pueda corregirme – en sus obras es una intención de apartarse de la posición borgeana del escritor erudito que obliga al lector a un feedback inevitable de información, si es que quiere comprender al texto en su totalidad.

B.B: De algún modo, lo que usted propone es cierto. Tampoco quiero decir que no me guste la escritura de Borges o no admire su grandeza (nadie podría negarla). Pero abogo por otra filosofía: adhiero a las formas simples de lo poético. ¿Por qué hay que pensar que poesía es sinónimo de metáforas (en muchos casos incomprensibles), o figuras retóricas?

P: Pero Castillo leyó a Borges... E incluso recreó un cuento suyo (“ “)

B.B: Y yo no digo que eso esté mal. Simplemente afirmo que Borges no es mi mayor influencia.

Obviamente, no hay que quedarse sólo con ellos....(seguir agregando algún comentario sobre otros autores)

P: Bien. Me gustaría pedirle, si le parece, una breve descripción de cada una de sus obras, a modo de introducción para futuros lectores que aún no se hayan deleitado con ellas.

B.B: Con mucho gusto.

Soñando

B.B: Me atrevería a decir que Soñando es un extenso poema escrito en prosa. Como ya hemos señalado anteriormente, el lenguaje es casi exclusivamente poético. Hay numerosas metáforas, imágenes de todo tipo; inclusive hay poesía en la comunicación entre personajes. El libro no está dividido en capítulos ni en secciones. Parto de una estructura única, para mostrar que todo lo que sucede, al fin y al cabo, ocurre en un único lugar – como bien dice Abelardo Castillo: “en los mundos reales, que están adentro del mundo” – Si tuviera que resumir brevemente la trama, diría que ante la falta de un “protagonista”, de un personaje “central”, lo importante son las situaciones descriptas y el mundo a su alrededor. Las personas comunican sus ideas y se muestran tal como quisieran ser (y no como son). En la extensa galería de actores (o personajes, como quiera llamarlos), observamos al pesimista, al cínico, al escéptico, al optimista, al utópico... Las historias se van cerrando en el transcurso de las páginas y la tensión gana lugar a medida que los hechos empiezan a entrecruzarse.

Vivir es imaginar

La idea original era escribir una serie de ensayos que, partiendo de circunstancias particulares y distintas en cada caso, permitieran justificar lo planteado en el título. Pero esa justificación, que en un principio iba a ser un párrafo conclusivo en el último de los once ensayos, fue elaborada desde la redacción de lo que llamé “comentario definitivo”: un anexo, también a modo de ensayo, donde se muestra la convergencia de las ideas desarrolladas en los ensayos anteriores.

Cada ensayo centra su mirada en las acciones de un personaje central que es, de alguna manera “sometido a examen”. El lenguaje formal, a mi parecer, le otorga un tono interesante al texto. Y como ya he dicho antes, de mis tres obras publicadas la veo como la más original. El final es sorprendente, por la manera en que reúne las distintas partes. Y no diré más que eso.

Fantasías tangibles

La trama nace de algo trivial. No tendría sentido anticipar ese “algo”. El personaje principal es un niño de cuatro años. Lo original de esta obra es que no hay diálogos y todas las descripciones están elaboradas a partir del lenguaje del niño. Pero el niño tampoco habla. Con lo cual la historia, narrada en primera persona, no es más que el desglose de las reflexiones del mundo que experimenta y observa ese pequeño que recién comienza a transitar el duro camino de la vida. Creo que esta es una obra simple en cuanto a lenguaje y a la forma de narrar los cuentos. Y no por eso menos poética, demostrando que la poesía, igual que las fantasías, nos espera agazapada, alrededor, cerca.