¿Hasta dónde es capaz de llegar una persona cuando tiene una obsesión? Hoy en día la anorexia y la bulimia son problemas psicológicos y físicos graves que provocan que hombres y mujeres tengan en su mente la idea insistente de estar delgados.

Todo esto puede ser resultado de problemas en la infancia, del contexto donde nos desenvolvemos, llámese amigos, pareja, familia; es decir, la sociedad determina muchas conductas del ser humano.

Se puede iniciar con una simple idea de bajar de peso y ponerse a dieta, pero puede llegar a convertirse en anorexia, problema que puede terminar con la muerte.

Mariana, administradora de profesión, mujer de 31 años es anoréxica, ella enfrentó su problema con mucha valentía, pero al principio quiso hacerlo poniendo sus condiciones; pidió que en el centro donde busca superar el problema no la hicieran comer, o bien comería lo que ella creyera conveniente. ¿Por qué? Porque no quería engordar.

“Dejé de comer porque quería adelgazar, comía sólo fruta, luego sólo yogurt y terminé alimentándome exclusivamente de jugos; hacía ejercicio como loca, iniciaba mis rutinas a las cuatro de la tarde y terminaba hasta las nueve de la noche,” dice Mariana.

“Comencé a bajar de peso, a raíz de esto, los chavos me comenzaron a buscar, no es que fuera muy gorda, pero tampoco era muy delgada ni tenía un cuerpo muy estético, digamos era una chica más que podía incluso pasar desapercibida. En ese tiempo Inicié una relación, tenía novio e ingresé a un círculo social al que no había tenido acceso antes,” comenta la administradora.

“El ver que estaba siendo aceptada por personas que antes ni me pelaban para mí en ese momento fue fantástico, los cambios que había logrado en todos los aspectos me tenían feliz,” dice la joven y agrega, “estudiaba en la prepa del Tecnológico de Monterrey, y conforme pasaba el tiempo quería adelgazar más y más, lo menos que llegué a pesar fueron 43 kilos.”

Los enfermos de anorexia tienden a verse gordos en todo momento, no están a gusto con su ropa y muchos menos con su persona; esto muestra la evidente falta de autoestima; tienden a la depresión y suelen ser inseguros como lo era Mariana. “No estaba a gusto con mi persona, siempre me veía gorda y fea, pero cuando bajé de peso, me compraba otro estilo de ropa, más a la moda; estaba muy delgada y pues eso era lo único que me importaba.”

“Viví casi sin probar sólidos muchos meses, para ser exacta, casi el año y lo mejor es que no me sentía mal.” Cuando se presenta esta enfermedad, el papel de los amigos y en especial de la familia, son trascendentales, porque el enfermo no se da cuenta de que está obsesionado, que está enfermo, algo parecido a una adicción.

“Mi familia me decía que me veían muy flaca y que tenía que comer, obviamente yo me bloqueaba y los ignoraba; mis amigos me invitaban a cenar, yo iba pero no probaba nada en absoluto, era casi un pecado para mí.”

“Cuando tenía antojos lo que hacía era masticar, pero nunca pasarme el bocado, así le hice varias veces y me funcionaba perfecto.” Bulimia no padecía porque nunca vomité nada, si en algún momento comía algo frente a mi familia, pues ni modo, me sentía muy culpable, pero jamás vomité.” “La situación se volvió muy complicada porque después de tiempo ya comer sólidos se me hizo muy difícil, ya no podía.”

En cuanto a su novio, él nunca intervino, pese a estar enterado de que Mariana padecía anorexia, simplemente se mantuvo al margen. “Las parejas tienen mucho que ver con el concepto y la seguridad que una persona tenga. No quería estar gorda, ¡imagínate! A mi novio eso sí le importaba.” Asegura Mariana.

Pasado el tiempo, ella se dio cuenta de su error; sufrió un desmayo y se la llevaron al hospital. El doctor la puso al tanto de su situación y le dijo que era urgente que se tratara médicamente. La realidad la había alcanzado cuando menos se lo esperaba.

“Iba a comprar un vestido de talla extra-chica, pero de repente se me nubló la vista, cuando abrí los ojos estaba en el hospital; mis padres estaban muy preocupados, pero vi los ojos de una persona muy querida y fue cuando me di cuenta de que algo andaba muy mal.Justo en el momento, mis padres supieron que padecía anorexia.”

Ya en un centro de tratamiento para enfermos de anorexia y bulimia, entre otros padecimientos, Mariana cuenta: “Decidí venir a esta clínica donde me ayudan mucho; mi autoestima aumenta, me siento más segura; estoy viviendo una lucha conmigo misma y eso se dice fácil pero puede llegar a ser un verdadero infierno.”

Sobre la idea de pedir ayuda, Mariana afirmó que llegó al lugar con la idea de no permitir ser alimentada con comida sólida que implicara aumento de peso, sin embargo, la nutrióloga junto con la sicóloga del centro lograron poco a poco convencerla de que tenía que hacerlo por su salud física y mental; lo más importante era en ese momento salvar su vida, ya que estuvo a punto de sufrir un colapso médico mucho más complicado. Mariana se había dado cuenta de algo, nutrirse no es sinónimo de obesidad. Se dio cuenta que el tratamiento era sumamente complejo, más debido a su renuencia a cooperar con sus médicos, pero la situación fue mejorando y ahora participa activamente en sus sesiones alimenticias. “Es una lucha diaria; tengo tendencias a pensar que ya no quiero más y que no quiero comer, pero procuro pensar en mis avances y sobre todo en la angustia que padeció mi familia por mí.”

“Ahora razono más lo que hago y me valoro más; creo que he aprendido ha aceptarme como soy.”

La familia a veces no responde positivamente ante la situación, Mariana además de luchar contra sí misma, tuvo que luchar contra su familia, ya que pese a que ellos querían que la muchacha superara la anorexia, se negaron a que se internara en una clínica. “Mi padres tenían miedo a que el resto de la familia y las amistades se enteraran; sabían que serían severamente cuestionados por el problema en el que yo me encontraba y que pasó casi desapercibido para ellos durante casi un año.”

“La enfermedad nunca se cura, según fuentes médicas, pero se controla perfectamente,” afirma Mariana. Ella vive contenta, está en la lucha, pero siente que es mejor persona, se conoce más así misma, y se valora. Esta es una de las muchas historias que forman parte de ese grave problema de nuestra era, trastornos alimenticios que ameritan atención y sobre todo solución. El punto aquí sería preguntarnos si deberíamos enfocarnos únicamente en la solución de este problema social o bien poner atención en los valores, en los estereotipos y en las ideas malentendidas con las que están formándose adolescentes y jóvenes hoy en día.