En Salud y medicina > cáncer
1. Conceptos
NEOPLASIA. neo: nuevo; plasia: crecimiento.
Neoformación tisular caracterizada por proliferación celular excesiva, indefinida e independiente de los mecanismos de control inhibitorios normales y que carece de cualquier finalidad. Este nuevo crecimiento celular determina un aumento de volumen, clínicamente conocido como tumor o masa, el cual siempre debe diferenciarse de otros por ejemplo en los abscesos, hematomas, inflamaciones crónicas.
ONCOLOGÍA. oncos: tumor; logos: estudio de.
Es el estudio de las neoplasias.
CÁNCER: Forma clínicamente maligna de las neoplasias, que afecta al hombre y los animales, desde mamíferos hasta vertebrados inferiores e incluso plantas.
La frecuencia y naturaleza del cáncer y las neoplasias en los distintos tejidos y órganos varía entre las distintas especies animales, las razas y ubicación geográfica. La importancia de las neoplasias medida según frecuencia dentro de una población o tasa de mortalidad, cambia porque varían los factores ambientales que influyen en la etiología o el avance científico que ha permitido establecer nuevos métodos de diagnóstico y tratamientos más precoces.
El cáncer es una condición patológica muy antigua, ya en las momias egipcias se registran casos de neoplasias óseas. En la antigüedad se culpó a los dioses de su existencia, en tanto Hipócrates las atribuyó a un desbalance entre el humor negro del bazo y los otros tres humores: sangre, flema y bilis. En 1775, Sir Percival Pott en Inglaterra asoció el cáncer de escroto en hombres que trabajaban como deshollinadores desde niños, identificando así factores ambientales en la etiología del cáncer. En el siglo XIX, la invención del microscopio permitió a Virchow declarar que “cada célula proviene de otra célula”; entonces se consideró al cáncer como una enfermedad celular.
2. Clasificación
Las neoplasias se clasifican en benignas y malignas, de acuerdo a su comportamiento.
Una neoplasia es benigna cuando sus características celulares son diferenciadas, crecen lentamente, no infiltran los tejidos, no hay metástasis y suelen estar encapsulados. Una neoplasia es maligna cuando predominan células indiferencias, (=anaplásicas), presentan formas irregulares, son de rápido crecimiento, infiltran los tejidos, hacen metástasis (cáncer) y es capaz de provocar la muerte del individuo.
Las neoplasias humanas y de animales se han clasificado bajo diversos criterios, como etiológico, embriológico, topográfico, estructural o clínico; sin embargo siempre ha sido necesario combinar estos criterios para una mejor interpretación de cada caso.
Los aspectos estructurales, histológicos y clínicos son esenciales para un diagnóstico definitivo.
Estas patologías se agrupan en dos categorías principales según el origen embriológico de la célula que sufre la transformación neoplásica: epiteliales o mesenquimáticas; si sus características morfológicas no son del todo claras como para incluirlas dentro de éstas categorías, pueden considerarse como anaplásicas o indiferenciadas.
En ocasiones incluyen ambos tipos de tejidos, y se las denomina neoplasias mixtas. Otros tipos de neoplasias son las derivadas de melanocitos y del sistema nervioso.
El Instituto Nacional del Cáncer (Estados Unidos) propuso hace varios años ya, una nomenclatura de uso común en los diferentes países para hacer mención a cada cáncer en particular. Así, las neoplasias epiteliales benignas digitiformes que derivan de cualquier epitelio se denominan papilomas. Si presentan un crecimiento infiltrativo y otros caracteres malignos se les denomina carcinomas.
Las neoplasias epiteliales que presentan un patrón glandular o que derivan de estructuras glandulares, sin necesariamente tener aspecto glandular, se denominan adenomas si son benignas y adenocarcinomas si son malignas: por ejemplo adenoma o adenocarcinoma de glándulas hepatoides; si además forman estructuras quísticas grandes debido a su actividad secretoria, se le adiciona el prefijo cist, por ejemplo cistadenoma o cistadenocarcinoma.
El sufijo blastoma se utiliza en algunas neoplasias embrionarias que forman diversos tejidos (nefroblastomas, neuroblastomas, etc.), mientras que algunos autores lo utilizan como sinónimo de neoplasia.
Las neoplasias mesenquimáticas son clasificadas según su histogénesis; al tipo celular benigno se le adiciona el sufijo oma, mientras que a las neoplasias malignas el término sarcoma. Por ejemplo, el fibroma benigno derivado del fibroblasto y su forma maligna, el fibrosarcoma.
Los sarcomas presentan crecimiento heterotípico o indiferenciado, con presencia de material intercelular como fibras colágenas, sustancia ósea, cartílago o fragmentos de células musculares.
La clasificación clínico-anatómica del cáncer más conocida es el sistema TNM. T (tumor) corresponde a neoplasia primaria, con diversos grados de acuerdo a dimensiones y movilidad de la neoformación con respecto a tejidos adyacentes, N se relaciona con el compromiso de nódulos linfáticos y M indica la presencia de metástasis. Cada categoría se califica con “0” si está ausente y valores entre “1” a “4” de acuerdo al grado de compromiso.
El objetivo de clasificar las neoplasias es establecer un pronóstico para las condiciones o vida del paciente. En oncología veterinaria frecuentemente se evalúa el pronóstico del cáncer en relación a la sobrevida de 1 a 2 años después de algún tratamiento. Sin embargo, como muchas veces se recurre a la eutanasia, parece ser un mejor indicador del pronóstico la evaluación del tiempo de sobrevida de un paciente libre de recurrencia neoplásica o de metástasis.
3.Etiología y patogenia
Factores predisponentes endógenos:
Especie: Las variaciones en la frecuencia de presentación de diferentes neoplasias en los animales y el hombre, son atribuibles a factores genéticos propios de cada especie. Se estima que el 20% de los humanos, de las gallinas y de los ratones de laboratorio presentarán cáncer en algún momento de su vida, mientras que en cerdos, bovinos, ovinos y caprinos este porcentaje no supera el 0,5%. La frecuencia de neoplasias de glándula mamaria en la perra y la gata es muy alta si se compara con otras especies domésticas. Además, ciertas líneas genéticas de gallinas y ratones de laboratorio, así como perros de raza Boxer y otras razas puras, presentan notables diferencias en la frecuencia de neoplasias con respecto a sus homólogos. La presentación de osteocondrosarcomas familiares en caninos y equinos, así como “sarcoides equinos”, son otros ejemplos que indican la participación de factores genéticos, aunque la disminución o incremento de la susceptibilidad a los factores carcinogénicos es desconocida.
En los seres humanos, casi todas las neoplasias sólidas y hematopoyéticas presentan anormalidades en el cariotipo, por ejemplo translocaciones, adiciones o deleciones de fragmentos cromosómicos. Estas anormalidades presentan una distribución homogénea en la población celular neoplásica, lo que confirma su origen clonal y la participación de alteraciones génicas físicas en el origen de las neoplasias.
Sexo: En hembras son comunes las neoplasias de glándula mamaria y de tejidos adiposo, mientras que en machos las neoplasias testiculares y en los perros, los tumores de glándulas hepatoides.
Edad: La influencia de una mayor edad como factor predisponente a la presentación del cáncer podría explicarse por modificaciones en el metabolismo celular, expresión de un prolongado período de latencia, aumento en la oportunidad para la exposición a carcinógenos, así como combinaciones de estos factores.
Ciertas neoplasias afectan de preferencia a animales jóvenes, como linfosarcomas e histiocitomas en caninos, nefroblastomas en lechones.
En los seres humanos, las neoplasias mesenquimáticas y hematopoyéticas afectan de preferencia a los niños, mientras que en los adultos predominan las neoplasias epiteliales. En perros y gatos, las neoplasias benignas y malignas tienden a aumentar en frecuencia con la edad, en cambio, en bovinos y equinos ésta tendencia se observa en las neoplasias malignas.
Raza: En equinos, los animales blancos o tordillos son más susceptibles a melanomas; al igual que los caninos de la raza Boxer son más susceptibles a mastocitomas, histiocitomas y fibromas; los bovinos Hereford suelen verse afectados por carcinoma de células escamosas de la membrana nictitante, debido seguramente a la falta de pigmentación en las mucosas palpebrales.
Factores inmunológicos: Los estados inmunosupresores en el hombre permiten el desarrollo de neoplasias como el sarcoma de Kaposi en pacientes enfermos de SIDA.
Hormonas: La hormonas tales como los estrógenos ováricos, progesterona luteal, testosterona testicular y corticosterona adrenal son estructuralmente similares a carcinógenos químicos como los hidrocarburos policíclicos (benzoantraceno y colantreno). Existe alta prevalencia de neoplasias de glándulas hepatoides y de próstata asociadas a alta secreción de andrógenos en tumores de células de Leydig, además de una alta frecuencia de neoplasias mamarias en perras “enteras” causada por los estrógenos. Los esteroides actúan como promotores, modificando la capacidad de proliferación de los órganos efectores o alterando la sensibilidad frente a los carcinógenos.
En los seres humanos, diversos estudios relacionan altas tasas de cáncer de útero con la ingestión de píldoras anticonceptivas durante largos períodos de tiempo; a estas últimas también se les ha atribuido una mayor presentación de cáncer de mama y de hígado. También existe relación entre las terapias de reemplazo hormonal, administradas para suplir los síntomas de la menopausia, con un aumento en la tasa de cáncer mamario.
Sin embargo, los investigadores no han sido capaces aún de aportar evidencias significativas para estas hipótesis.
Causas o agentes cancerígenos:
Los principales causas del cáncer son de naturaleza exógena e incluyen agentes biológicos, físicos y químicos. La irritación crónica y áreas de cicatrices se han asociado a una mayor incidencia de neoplasias en humanos, fenómeno poco frecuente en los animales.
Biológicas. Los parásitos pueden causar cáncer por irritación mecánica crónica o químicas, tanto en seres humanos como animales, como por ejemplo Schistosoma hematobium y carcinomas vesicales en el hombre, Cysticercus fasciolaris (estadio larval de Taenia taeniformis del gato) en hígado de ratas; Spirocerca lupi en osteosarcomas esofágicos caninos y carcinomas de células escamosas en estómago de equinos relacionados a Gasterophillus sp. Además, se han reportado osteosarcomas a partir de fracturas e infartos óseos múltiples en caninos y en gatos, a raíz de lesiones osteodistróficas por avitaminosis A.
Una propiedad común de los agentes cancerígenos es la habilidad para dañar o alterar el ADN. Es el ADN entonces el blanco crítico de los agentes carcinogénicos.
Numerosos virus se han asociado a cáncer en los animales, desde anfibios hasta primates; en las aves diversos retrovirus se asocian a neoplasias que afectan distintos sistemas corporales, incluso existen evidencias que sugieren que ciertas neoplasias humanas tienen origen viral.
Los retrovirus u oncornavirus son virus ácido ribonucleico (ARN), poseen una enzima denominada ADN-Polimerasa ARN-dependiente o transcripta reversa, que transcribe el ARN viral en ADN virus-específico. El ADN transcrito puede incorporarse parcial (oncogen) o completamente en los cromosomas de las células del hospedador en forma de virogen o provirus, el cual puede inducir transformación o mantenerse latentes hasta que otros factores carcinogénicos como las radiaciones o productos químicos, faciliten la transformación celular, fenómeno conocido como cocarcinogénesis.
Los virus ADN carecen de transcriptasa reversa, incorporan un segmento de su material genético en el genoma de células, se multiplican, provocan citólisis y bloquean la replicación celular. Las células infectadas pueden producir nuevos viriones o por una infección no productiva y enmascaramiento viral derivar en la transformación celular. Los virus ADN insertan el material genético en el genoma celular generando una proteína o antígeno T (Tumor), que se une fuertemente al ADN celular alterando la expresión de los genes y modificando la susceptibilidad de las células transformadas frente a las defensas del huésped. Virus ADN oncogénicos incluyen a los Poliomavirus, Herpesvirus, Poxvirus, Adenovirus y Papovavirus.
Agentes físicos: Los rayos ultravioleta (UV), rayos X y los rayos gamma son mutágenos y carcinógenos. Los efectos dependen del tipo de radiación, dosis y frecuencia de aplicación. Las radiaciones en general lesionan el ADN, los rayos UV inducen formación de dímeros de pirimidina o pueden eliminar bases púricas o pirimídicas de algunos sitios, los rayos X y gamma producen formación de radicales libres (-OH :hidroxilo, superóxido, etc.) que también interactúan con el ADN y otras moléculas, provocando alteraciones moleculares que contribuyen al proceso carcinogénico.
Los rayos ultravioleta tienen escaso poder de penetración e inducen neoplasias en áreas de exposición directa. En seres humanos, las radiaciones pueden causar cáncer y sus efectos son aditivos. Existe una alta correlación entre la intensidad de exposición al sol y cáncer de piel, especialmente carcinomas de células escamosas, carcinomas de células basales y melanosarcomas. En bovinos Hereford, se reconoce la asociación de prolongada exposición a la luz solar y radiación ultravioleta, con alta frecuencia de carcinomas de células escamosas en regiones despigmentadas oculares y vulvares. En caninos, las neoplasias de piel no se relacionan con el grado de exposición solar, pero si en gatos y ovinos. La exposición a radiaciones de gran poder de penetración aumenta la susceptibilidad a neoplasias linfohematopoyéticas. Además, se describen leucemias, neoplasias de tiroides, mamas, colon, pulmones y otros órganos en sobrevivientes a explosiones nucleares, incluso la irradiación terapéutica ha tendido a aumentar la incidencia de leucemias.
Agentes químicos: Ciertas sustancias son responsables de producir cáncer, incluso de le atribuye a este tipo de agente causal el 80% de las neoplasias humanas. Los individuos son expuestos por razones ocupacionales, alimentarias, hábitos de vida o productos farmacológicos.
La carcinogénesis química, es decir, la forma en que las sustancias químicas producen cáncer se divide en dos etapas:
1.La primera etapa o de iniciación, es rápida e irreversible, comprende una modificación permanente del ADN por una o más mutaciones, inmortalización celular y liberación de los controles de crecimiento, creando más oportunidades para mutaciones y eventos carcinogénicos.
2.La segunda etapa es más lenta, se conoce con el nombre de promoción, donde la acción de posteriores xenobióticos con actividad oncogénica débil pueden generar nuevas mutaciones, el efecto de los promotores es transitorio y reversible.
Los mayoría de los productos químicos oncogénicos o iniciadores, naturales o sintéticos, son muy electrófilos, lo que les confiere una alta afinidad por moléculas ricas en electrones como los ácidos nucleicos (ADN y ARN) o proteínas citoplasmásticas produciendo alteraciones del crecimiento celular. Además, pueden activar virus oncogénicos latentes.
El efecto de los carcinógenos químicos es acumulativo y su actividad depende de la dosis, vía de administración, especie afectada, tiempo de exposición y naturaleza del compuesto. En general, producen carcinomas cuando están en contacto con la piel y sarcomas cuando se introducen o son inoculados en el tejido conectivo. Algunos se usan como drogas anticancerígenas en neoplasias linfohematopoyéticas y carcinomas ováricos.
Los más potentes pro-carcinógenos químicos son los hidrocarburos policíclicos, presentes en combustibles fósiles o que derivan de la combustión de compuestos orgánicos, los cuales generan epóxidos que corresponden a los carcinógenos finales. Muchos productos químicos actúan en conjunto con otros carcinógenos como virus o radiaciones.
4. Génesis del cáncer
Las neoplasias provienen generalmente de un clon celular; aquellas que en ocasiones incluyen más de un tipo celular, como las de glándula mamaria, tiroides y otras, pueden constituir una excepción o ser consecuencia de la diferenciación progresiva de las células intraneoplásicas.
El origen del cáncer se asoció en un principio a la presencia de inclusiones fetales o células embrionarias, porque patologías con tejidos indiferenciados como nefroblastomas y teratomas, tienden a formar diversos órganos y estructuras dentro de una misma neoformación.
En las células neoplásicas, genes alterados, o bien normales pero expresados a niveles anormales, hacen que prevalezca la proliferación sobre la diferenciación. En teoría, las causas de neoplasias pueden afectar a la función del gen mediante cambios mutacionles o reguladores. Entonces, una neoplasia puede aparecer por:
-Mecanismos genéticos: por mutación de células somáticas en las que los cromosomas o genes son reproducidos dando lugar a una población monoclonal y estable de células.
-Mecanismos epigenéticos, en los que las células tumorales no han perdido información genética, pero están expresando anormalmente genes relacionados con el crecimiento.
Antes de generar una neoplasia, las células experimentan un proceso de transformación, un cambio hereditario, con expresión de caracteres celulares embrionarios que le permiten multiplicarse en forma indefinida debido a una alteración de los mecanismos de control del crecimiento, determinando una línea celular. La transformación celular se considera como un estadio pre-neoplásico.
Las células transformadas presentan:
-Actividad mitótica constante.
-Crecen sin adherirse a las placas de cultivo como lo hacen las células normales.
-Pierden la inhibición y polarización por contacto.
-Pierden funciones diferenciales o específicas.
-Modifican sus pautas metabólicas con una elevada tasa glucolítica, con secreción de proteasas y modificaciones de la superficie celular.
-Presentan un cariotipo constante.
Los cambios genéticos, comunes o específicos para diversas neoplasias, pueden deberse a una diferenciación aberrante que les permite a las células expresar genes “apagados”, responsables de características embrionarias, que activan los mecanismos de replicación y oncogénesis, produciendo proteínas embrionarias, hormonas o productos bioactivos de origen no endocrino como alfa-fetoproteínas en células germinales o antígenos carcinoembrionarios en otros procesos neoplásicos, es decir, codifican proteínas reguladoras del crecimiento celular. La inapropiada sobre-expresión de estos genes, permitirían a las células producir factores de crecimiento que conducen a la pérdida de los controles regulatorios normales, es decir, son señales anormales, producto de un desequilibrio en señales inhibitorias y estimulantes presentes en el espacio extracelular, existiendo también la posibilidad de una “interpretación” anormal de señales extracelulares normales o una alteración en las vías que transportan las señales relacionadas con el crecimiento y la diferenciación celular. Existe un mecanismo que inhibe el inicio de la segregación cromosómica en casos de replicación anormal o incompleta del ADN, mecanismo con marcada disfunción en las células neoplásicas, las que son generalmente aneuploides. A los cambios genéticos, se suma la existencia en las células neoplásicas de factores propios del crecimiento (FC), esenciales para el proceso oncogénico. Los FC y receptores podrían interactuar induciendo señales proliferativas. Existen también receptores aberrantes que contribuyen a la proliferación anormal, lo que evidencia la importancia de una combinación apropiada de receptores en la mantención de un fenotipo normal.
Los genes mutantes que codifican estas proteínas de señales defectuosas son los oncogenes, los que derivan de genes normales o proto-oncogenes (c-oncs). Durante ciertas infecciones virales, éstas secuencias de ácido desoxirribonucleico (ADN) pueden ser copiadas e incorporadas al genoma viral, genes que pueden experimentar mutación, duplicación o translocación durante el ciclo de infección viral. En infecciones subsecuentes, cuando este oncogen viral sea expresado en la célula huésped, las proteínas anormales interferirán con la regulación del crecimiento celular, crecimiento sin control que puede generar una neoplasia. Los oncogenes pueden derivar también de proto-oncogenes sin compromiso viral, sino que son producto de redistribuciones cromosómicas, influencia de agentes químicos, radiaciones u otros factores que pueden también producir alteraciones en éstos genes.
5. Lesiones macroscópicas
La caracterización anatomopatológica del cáncer incluye: ubicación, forma, tamaño, tipo de inserción y relación con el tejido normal adyacente, aspecto macroscópico superficial y de la superficie de corte.
El crecimiento generalmente es nodular y dirigido hacia áreas de menor resistencia física. Si la neoplasia está ubicada en una superficie puede adoptar una forma sésil, pediculada, digitiforme o ulcerada; mientras que en tejidos profundos las formas en que se presentan pueden ser multiradial o infiltrativa, multinodular o nodular.
En las neoplasias malignas pueden observarse áreas hemorrágicas debido a la ruptura de vasos sanguíneos, de necrosis por la isquemia del tejido menos irrigado o acúmulo de material mucoide producido por tejidos embrionarios.
Las neoplasias benignas presentan en general inserción pediculada, crecimiento lento y formación capsular, mientras que las malignas son sésiles, con rápido crecimiento y ausencia de cápsula; además en estas últimas pueden presentarse úlceras, metástasis en nódulos linfáticos regionales y otros tejidos distantes. Las metástasis se diferencian de las neoplasias primarias por poseer contornos en general lisos, ser múltiples y comprometer varios órganos.
6. Lesiones microscópicas
Para el diagnóstico del cáncer es imprescindible el estudio cito-histológico de los dos componentes de la neoplasia: parénquima y estroma.
De ser necesarios, se pueden realizar análisis hematológicos, serológicos, radiográficos, de microscopía electrónica, citoenzimológicos e inmunohistoquímicos.
De acuerdo al comportamiento biológico, las neoplasias se pueden clasificar en:
Benignas: tienden a mostrar una población celular bien diferenciada, con crecimiento lento y expansivo, generalmente bien delimitado de los tejidos normales. Las células desprendidas de neoplasias benignas y que alcanzan la circulación sanguínea no son viables en sitios distantes, como ocurre en el cáncer.
Malignas: son aquellas que ponen en riesgo la vida del huésped debido a su rápido crecimiento. Involucran en general, células con pobre diferenciación que invaden temprana y rápidamente cualquier tejido adyacente, excepto el tejido cartilaginoso. Las neoplasias malignas constituyen el cáncer.
La malignidad de una neoplasia está dada por el grado de indiferenciación de la misma, es decir cuánto son diferentes sus células de aquella línea celular que le dio origen. En neoplasias epiteliales, la ruptura de la membrana basal y el crecimiento invasivo extenso son criterios de malignidad, mientras que en neoplasias mesenquimáticas es más importante el grado de celularidad, entendido como gran cantidad de células en crecimiento.
Este grado de indferenciación (conocido con el nombre de anaplasia) puede determinarse en base a:
-Aumento y modificación de la polaridad celular y alteración en la diferenciación celular.
-Presencia de características nucleares anormales como: pleomorfismo nuclear (distintas formas y tamaños), variaciones de número, macrocariosis, relación núcleo/citoplasma aumentada, hipercromasia nuclear, presencia de uno o varios nucléolos prominentes, vacuolización, lobulación o inclusiones intranucleares que evidencian caracteres embrionarios.
-Presencia de numerosas figuras mitóticas por la alta velocidad de crecimiento, especialmente malignas si adquieren formas atípicas como “estrellas” triples o cuádruples debido a trastornos del movimiento cromosómico anafásico, deficiencias del huso mitótico o alteraciones estructurales de los cromosomas.
-El citoplasma disminuye su proporción con respecto al núcleo, aumenta su basofilia por la alta concentración de ribosomas y no se observan características propias de células maduras como vacuolas de secreción o evidencias de queratinización.
Tejido de soporte del tumor o estroma: las neoplasias modifican la sustancia fundamental intersticial en la que se desarrollan para favorecer su propio crecimiento. Estas modificaciones son llevadas a cabo a través de la síntesis de componentes de la matriz, directamente por la célula neoplásica, o bien incrementando la síntesis de matriz por las células mesenquimatosas adyacentes y degradando los componentes de la matriz durante la invasión del tejido sano.
El crecimiento de una neoplasia depende del desarrollo concomitante de un sistema vascular de soporte. La neoformación de capilares es a menudo más vigorosa que la formación de capilares en la fase de reparación de un proceso inflamatorio. Los vasos no son neoplásicos, son inducidos por el propio tumor y reflejan la histología del tumor, no la del tejido de origen. Las células tumorales liberan sustancias solubles difusibles (factor de angiogénesis tumoral) que tiene función mitogénica sobre endotelios capilares.
7. Metástasis y Cáncer
La extensión de las neoplasias a sitios corporales distantes requiere inicialmente infiltrar los tejidos adyacentes. Al igual que los leucocitos, las células neoplásicas pueden atravesar las membranas basales o destruirlas, para invadir luego vasos sanguíneos o linfáticos de paredes delgadas, o bien circular como émbolos hasta quedar retenidas en los capilares de nódulos linfáticos regionales, pulmones, riñones, hígado u otros órganos.
Los vasos linfáticos se localizan en la periferia de las neoplasias, mientras que los vasos sanguíneos intraneoplásicos frecuentemente son defectuosos y necróticos por la hipoxia, lo que facilita su invasión. Se considera que las neoplasias epiteliales tienden a metastizar vía linfática, a excepción de los carcinomas hepáticos y renales, mientras que los sarcomas tienden a hacerlo por vía sanguínea.
En la diseminación por implantación, las células se desprenden hacia cavidades corporales limitadas por epitelios como la cavidad pleural o peritoneal, bronquios, uréteres, cavidad raquídea, etc. En seres humanos existiría cierta afinidad entre algunas neoplasias y otras áreas anatómicas, por ejemplo carcinoma prostático y tejido óseo de la columna vertebral; mientras que en los animales parece predominar el concepto de que las metástasis son más frecuentes en aquellos órganos con mayor flujo sanguíneo como pulmones, hígado y riñones.
El curso y capacidad de las neoplasias para infiltrar los tejidos depende del activo y progresivo movimiento o cinética celular, del tipo histológico, dimensiones del proceso neoplásico, de la incapacidad para formar uniones celulares, de la agresividad intrínseca del cuadro, así como de la pérdida de inhibición por contacto celular, la producción de enzimas catabólicas, la secreción de factores activadores del plasminógeno e incluso el estrés mecánico, sin descontar la participación de factores inmunológicos y vasculares del hospedador.
Algunas neoplasias generan metástasis en estadios tempranos del desarrollo oncogénico, siendo frecuente encontrar extensiones metastásicas sin detectar el sitio primario, como en el adenocarcinoma mamario felino y en el adenocarcinoma de los sacos anales canino. Por lo tanto, el reconocimiento de la presencia y extensión de las metástasis es fundamental en la formulación de la terapia y pronóstico del cáncer.
8. Significación y resultados: Signos y síndromes paraneoplásicos.
Las neoplasias provocan daño directo por compresión, sustitución o destrucción de los tejidos afectados. En seres humanos, alrededor de un 75% de los pacientes con cáncer cursa con algún síndrome paraneoplásico. Las neoplasias pueden conservar, según el grado de diferenciación, parte de su funcionalidad bioquímica original o pueden adquirir nuevas funciones y son responsables de signos paraneoplásicos.
Aunque algunas neoplasias bien diferenciadas sintetizan sustancias inocuas como cartílago (condromas), hueso (osteosarcomas), bilis (hepatomas) o mucina (adenomas), existen otras como los adenomas de islotes pancreáticos, carcinomas hepáticos y hemangiosarcomas, que producen insulina en grandes cantidades con el riesgo de una severa hipoglucemia, una de las manifestaciones más frecuentes de cáncer y que se asocia a disfunción cerebral, signos nerviosos, coma y muerte.
La pérdida de peso y la caquexia se atribuyen al activo y continuo metabolismo neoplásico, que disminuye la disponibilidad de metabolitos para el huésped o porque su actividad enzimática es interferida por metabolitos neoplásicos circulantes, además de la anorexia asociada y modificaciones en la absorción intestinal.
Los trastornos de la coagulación son fenómenos muy frecuentes; la trombocitopenia deriva del compromiso neoplásico esplénico o de la médula ósea por infiltración neoplásica, oclusión del aporte sanguíneo, lisis medular o producción de factores que inhiben la actividad trombopoyética, al igual que lo hacen los estrógenos.
El fenómeno de trombocitosis se evidencia en algunas neoplasias sólidas y se debería a la producción de factores estimulantes del desarrollo megacariocítico o como mecanismo compensatorio a las pérdidas por trombocitopenia.
La patología hemática que se asocia más frecuentemente con neoplasias es la anemia; ello sucede por la presencia de hemorragias, alteraciones del metabolismo del hierro, invasión de tejido hematopoyético o aplasia medular mediada por altos niveles circulantes de estrógenos en neoplasias de naturaleza endócrina.
Los fenómenos con base hormonal son más diversos y con múltiples expresiones. Por ejemplo, los tumores de células intersticiales testiculares, producen hipermasculinidad e hiperplasia prostática por la síntesis de andrógenos, mientras que los tumores de células de Sertoli desencadenan efectos feminizantes en varones.
Los arrenoblastomas ováricos en mujeres, así como las neoplasias adrenales en seres humanos y bovinos tienen efectos masculinizantes. Los altos niveles de paratohormona circulante en pacientes con adenomas paratiroideos producen descalcificación, hipercalcemia y urolitiasis.
La hipercalcemia es también común en linfosarcomas, adenocarcinomas de glándulas apocrinas de los sacos anales caninos y plasmocitomas.
La amplia influencia de la hipófisis sobre diversos órganos y estructuras, determina una signología muy variable, entre las cuales los más frecuentes son los trastornos del crecimiento.
En lo que refiere al tratamiento, existen diversos métodos en la actualidad, pero cada caso en particular es único y debe analizarse por separado. No existe una cura generalizada para el cáncer, ya que no hay dos neoplasias idénticas y la forma en que repercute en cada individuo es única.
Las opciones disponibles son la quimioterapia (hay cientos de drogas en el mercado; muchas de ellas funcionan mejor ante ciertos tipos de cáncer y no en otros, e incluso algunos pacientes no responden mientras que otros muestran una remisión completa), la radioterapia, la extracción quirúrgica (frecuentemente en combinación con alguna de las anteriores) y las terapias no agresivas como la homeopatía.
Como se dijo anteriormente, no existe una receta mágica para la cura, sino que se debe consultar cada caso con un especialista, quien recogerá toda la información disponible no sólo en lo que a la enfermedad respecta sino del paciente.
Si eres un usuario registrado, puedes hacer comentarios sobre este artículo.
|
![]() |
||||||
|
![]() |
BúsquedaInformación de este artículo
Vínculo Más artículos sobre cáncerCáncer de mama... aumente las posibilidades de éxito del tratamiento Más artículos de este autorExamen de la calidad del semen para su uso en inseminación artificial Técnicas de extracción de semen en animales domésticos Fisiología testicular de los animales Plantas tóxicas para los animales domésticos de la región de Sudamérica Úlceras y erosiones de la mucosa gástrica en animales |