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A pocas personas les gusta pensar en discapacitados, o hablar de ellos y menos aún pensar en ayudarlos. Sin embargo, mientras escribo estas palabras, un accidente más ocurrirá en nuestro país y quizás alguno de los sobrevivientes sea un discapacitado más en nuestra sociedad. Con esto quiero decir, que los discapacitados no sólo nacen así, con alguna limitación como puede ser la sordera, una parálisis cerebral o un retraso mental. Por el contrario, ninguno de nosotros está exento de la posibilidad de quedar discapacitado, ya sea por un accidente o por una enfermedad.
Pensar en la posibilidad de la discapacidad, nos ayudaría a entender el proceso de adaptación que vive todo discapacitado a esa nueva realidad angustiante. Ser discapacitado no es algo agradable y a nadie se le ocurriría creer lo contrario. Pero lo más grave no es ser discapacitado sino que la sociedad convierta a una persona en un discapacitado. Es decir, lo que más limita a una persona no es la discapacidad en sí misma sino la actitud que la sociedad asume frente a ella.
Son los valores imperantes en una sociedad los que definen lo que es normal o anormal, bello o feo. Si un discapacitado es definido en una sociedad como un anormal, obviamente el impacto que esa persona recibe es negativo por el trato que recibe de los que lo rodean. Asimismo, este trato varía de una sociedad a la otra, pues los conceptos de normalidad, anormalidad, belleza, perfección, se van definiendo continuamente. En esto inciden poderosamente los medios de comunicación.
En nuestro país, todavía los medios de comunicación continúan acentuando modelos de belleza estereotipados, todos iguales, rubios, delgados, perfectamente contorneados por el mismo cirujano. Los discapacitados no aparecen ya que no responden a esas pautas. Todas aquellas personas que sean físicamente diferentes serán expuestas para provocar la risa o mostrar el ridículo o generar miedo.(gordos, enanos, personas en sillas de ruedas, ciegos, etc.)
El deseo natural de cada persona de ser perfecto física y mentalmente, sumado a los modelos idealizados que nos ofrecen los medios de comunicación, confluyen en la respuesta que inicialmente provocan los discapacitados: temor a lo desconocido, a lo diferente. Por otra parte, estas reacciones de la sociedad ante el discapacitado, los afecta a ellos también, limitando su modo de actuar, modificando sus sentimientos hacia sí mismos y afectando su relación con otras personas.
Mucho se ha estudiado y se continúa haciéndolo, sobre el poder de las palabras para afectar la personalidad y la autoestima de una persona. Las palabras no sólo transmiten las ideas y los sentimientos en relación a esa idea, sino que también pueden moldear las ideas y sentimientos de quien las escucha. Las palabras tienen el poder de crear una discapacidad. Si le repetimos todo el tiempo a alguien que es algo, terminará creyendo que lo es y se convertirá en ello.
Las personas discapacitadas suelen escuchar con frecuencia las palabras “no puedes”, ya que los médicos, los familiares, los terapeutas, viven mostrándoles sus limitaciones. Sin embargo, es necesario recordar como nos dice Leo Buscaglia: “…una discapacidad es una condición médica. Por otra parte, puede convertirse o no en un impedimento en la medida en debilite o no emocional, intelectual y físicamente al individuo.”
Quienes recuerden la película “Mi pie izquierdo”, cuyo protagonista padecía una parálisis cerebral, recordarán cómo descubrió, luego de muchos intentos y frustraciones, que podía utilizar los dedos de su pie izquierdo para escribir y expresar así sus ideas. Todos lo consideraban un caso perdido a excepción de su madre que lo alentó a que lo hiciera. Así junto con el médico, sus familiares y amigos logró cumplir su sueño y expresar sus ideas hasta escribir un best seller. En este caso, su discapacidad no fue un impedimento para comunicarse con los demás, pero podría haberse convertido en un impedimento si todos los que lo rodeaban así lo hubieran tratado.
Todos debemos recordar que antes que discapacitados, son personas con una discapacidad. Esto las hace diferentes, pero más allá del nombre con las que las llamemos, es necesario que recordemos que son personas “únicas”.
Como personas tienen los mismos derechos que los demás a realizarse según su propia forma de ser, sus posibilidades, sus propios ritmos y deseos. Y en ese camino, pueden caerse, sufrir, fracasar. Estas experiencias forman parte de la vida y las personas discapacitadas tienen derecho a vivirlas y nadie puede impedírselos.
Las personas discapacitadas no tienen porqué darnos miedo. Si no conocemos sobre su discapacidad, únicamente ellos pueden indicarnos en qué consiste y cuáles con las limitaciones y posibilidades que les acarrea. Como personas tienen derecho a hacer las cosas por sí mismos y encontrar su propia manera de hacerlas. Nosotros no podemos hacerlas por ellos o imponerles nuestro modo de hacerlas, porque de ambas maneras los estamos avasallando y no los respetamos como personas.
Las personas discapacitadas como las personas que no lo son, tienen un enorme potencial creativo en su interior que es necesario que cada uno lo descubra por sí mismo. Esto requiere aprendizaje y no solamente en lugares cerrados y protegidos, sino en contacto con la vida misma. Por eso, las personas discapacitadas tienen derecho a compartir todos los espacios con las personas que no lo son. Es en el intercambio entre todos, como se construyen los puentes de integración. Por eso, hoy ya no hablamos de discapacitados sino de personas con necesidades especiales. Y si pensamos que todos somos discapacitados en algún aspecto, sabremos también que todos tenemos necesidades especiales en distintos momentos de nuestras vidas.
Dice Eleanor Roosevelt: “Existe un peligro mayor en esta cuestión de aceptar las limitaciones de los demás. Algunas veces tendemos a considerar como limitaciones las cualidades que son, en realidad, la fortaleza de la otra persona. Podemos rechazarlas porque no son las cualidades que desearíamos que tuviera esa otra persona. El peligro reside en la posibilidad de que no aceptemos a la persona tal cual es sino que intentemos cambiarla conforme a nuestras propias ideas.” (Citado por Leo Buscaglia en su Libro. Los discapacitados y sus padres, Emecé editores)
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