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En la Argentina como en el resto del mundo, el "valor agregado" que produce la droga es que lleva a sus consumidores a las aberraciones y maldades menos imaginables, incluso a sus familias. A diario se ve en los medios de comunicación casos donde estas sustancias peligrosas añadieron su cuota de irracionalidad sádica y asesina.
Por producir enfermedades, este tema preocupa: La adicción, droga dependencia o drogadicción es el estado psicofísico causado por la interacción de un organismo vivo con un fármaco, caracterizado por la modificación del comportamiento y otras reacciones, generalmente a causa de un impulso irreprimible por consumir un fármaco en forma continua o periódica, a fin de experimentar sus efectos psíquicos y en ocasiones para evitar el malestar producido por la privación de éste, o el llamado síndrome de abstinencia.
La droga adictiva, es una sustancia capaz de interactuar con un organismo vivo, de tal forma que produce un estado de dependencias psíquicas, físicas o ambas, enfermedades de dependencia.
La droga psico-activa es una sustancia que altera el funcionamiento mental pensamiento, juicio, razonamiento, memoria, etc.
Las drogas generan enfermedades, son esas destructoras sustancias que habitan en algún integrante de la familia, cuyo consumo se extiende en nuestro país como la humedad por las paredes de una construcción recién hecha pero ya con los signos de una segura destrucción.
Resulta sin embargo difícil entender cómo es que se captura a consumidores y vendedores de drogas sin que nunca aparezca la punta de la cadena (algo que pasa en esta sociedad) que, sin duda, existe en esta perversa red que atenta a la sociedad más que un volcán en erupción. No la punta, sino al menos, algún eslabón de peso en la pirámide del narcotráfico. Por el contrario pareciera que solamente están al alcance de la ley las células más pequeñas, los extremos más delgados, las extensiones que siempre habrá que seccionar de nuevo hasta que el golpe caiga sobre el corazón del diabólico mercado.
Es tan abarcadora ya la cuestión de la drogadicción, que atenta con no dejar espacio descubierto en su avance de destrucción humana universal. Sin ir más lejos, un dato demuestra que hay 440 mil argentinos que consumen cocaína (hay que tener en cuenta que además están los adictos a las otras drogas). Esto es una dolorosa evidencia de que se está ante un inmenso rival que no podría contenerse sin un acuerdo universal que pusiera a la lucha contra la drogadicción y el narcotráfico en la jerarquía de compromiso de primer orden para los países y el planeta entero.
Un preocupante informe publicó el diario matutino porteño llamado "La Nación" el 19 de febrero de este año y sostiene que los fumadores de marihuana son 1,2 millones y 80 mil los que consumen la pasta básica de cocaína conocida como "paco" y los que, en otro sector social, son adictos al éxtasis. Esta cuestión de la adicción debe ser entendida como un generador de innumerables enfermedades letales.
En estos días la drogadicción es parte de la realidad de los argentinos y su presencia más dolorosa no debe buscarse en alguna minoría de alto poder adquisitivo, ya que logró expandirse entre los menos aventajados por la fortuna. Toda familia sufre por estas sustancias. Incluso comienza a verse cada vez más una suerte de sinonimia entre la marginalidad y la droga. Una asociación que no sería tan lastimosa si no fuera que el consumo de drogas vuelve a la pobreza más ardua y sin salidas y, al delito, más violento y destructivo.
La guerra contra las drogas empezó hace tanto tiempo que pocos serían capaces de recordar cuando vieron la primera publicidad, el primer afiche en vía pública o slogan en algún spot televisivo contra el consumo de estupefacientes. Los jóvenes de esta actualidad reciben esta clase de mensajes desde que tienen uso de razón, porque desde el comienzo de sus vidas convivieron con campañas publicitarias que advierten sobre los riesgos que generan las adicciones con su familia o sus tutores en los establecimientos educativos.
No obstante, ese enemigo que pasó de ser virtual a perceptible, está venciendo cómodamente, y la sociedad aprendió a convivir con él sin aterrarse, aceptándolo como un habitante más en nuestra sociedad. Por ejemplo, leer una noticia sobre secuestro de marihuana o cocaína no cambia el día de nadie: todos reconocen que el problema existe y está instalado, quizás para siempre, en la realidad diaria.
Tipos de drogas más frecuentes:
La cocaína es una droga extirpada de las hojas de la coca, planta que crece en la región de Sudamérica. Al igual que las anfetaminas, es un estimulante del sistema nervioso central. La cocaína aparece de diversas formas. El clorhidrato de cocaína es la manera más útil de la droga y se usa médicamente como anestésico local.
Cuando la cocaína se introduce por la nariz, sus efectos empiezan a sentirse en cuestión de minutos hasta alcanza el punto cumbre en un intervalo de 15 a 20 minutos y desaparecen en el lapso de una hora.
La marihuana (hierba) es el nombre común de una droga cruda fabricada con la planta llamada Cannabis sativa. El primordial ingrediente psico-activo (que altera la mente) en esta droga es el THC (tetrahidrocarbinol), pero la planta también tiene más de otros 400 elementos químicos. Un cigarrillo de marihuana (llamado “faso”) se elabora con las partículas secas de la planta.
Los síntomas que se generan en el ser humano cuando fuma marihuana dependen además de la experiencia previa, de la frecuencia con que fuma y de la cantidad que consume.
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